Perfil del alumno agustino

 
 
 

 

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Un corazón inquieto por el Amor y la Verdad

San Agustín (356-430 d.C.) vivió en una época de crisis pues vio el fin del imperio romano de occidente en manos de los bárbaros. Terminadas las persecuciones, el cristianismo comenzaba a ser la religión de las “masas” mientras que aparecían distintas sectas. Muchos se bautizaban pero pocos vivían como verdaderos cristianos. Agustín era africano (actualmente Argelia), de clase media pero llegó a sobresalir intelectualmente hasta ser el retor del emperador en Roma y Milán (alto cargo en el imperio).
   

Era un buscador de la Verdad. Admiraba a Cristo desde niño pero no creía en la Iglesia buscando la verdad en distintas sectas, entre ellas, la secta maniquea. Era un apasionado en busca de la felicidad. Siempre muy emotivo, quería “amar y ser amado” por lo que convivió varios años con Melania, de la cual tuvo un hijo llamado Adeodato.  Era muy amiguero y de una gran personalidad por lo que siempre terminaba siendo el líder de su grupo. Así, siempre buscaba el calor de la comunidad de amigos para juntos buscar la Verdad.

   



Es considerado una de las más grandes lumbreras de la Iglesia. Revolucionó la teología de su época. Su pensamiento filosófico y teológico sigue vigente. Es el autor más citado por todos los papas del siglo XX y por el concilio Vaticano II. Sus dos grandes pasiones eran “conocer a Dios y al alma humana” (Sol. II,1,1). Para él son dos caras de la misma moneda. Escribía para responder a los problemas doctrinales que aparecían en la Iglesia. Así, se enfrentó al donatismo que dividió a la Iglesia africana y a Pelagio que no creía en la gracia pensando que su esfuerzo bastaba para salvarse y ser feliz mientras que Agustín lo refutaba diciendo que “al premiar nuestros méritos, Dios premia sus dones” (Epist. 194,5,19).