Hola… Sin lugar a dudas cuando se hablaba de Juan, todas las conversaciones apuntaban a que era el más gracioso de todos los compañeros de la clase; sin embargo, el profesor de filosofía, un hombre sabio y prudente, no sentía que Juan tuviese en su vida el equilibrio necesario para distinguir una broma normal y corriente de una broma de mal gusto que hiciera sufrir al afectado.

Una tarde, Juan y su profesor de filosofía, salieron a dar una vuelta por los campos y después de una hora de caminata vieron en una chacra a un campesino que realizaba las labores propias del lugar. El campesino, había dejado al lado del camino sus pertenencias, un zurrón con sus alimentos, un saco, una chompa y unas viejas zapatillas. Cuando Juan vio la ropa del campesino sonrió maliciosamente y le dijo al profesor: -Profe, ¿por qué no le gastamos una broma al campesino? El profesor le preguntó: -¿Cómo cuál? A lo que Juan le respondió: -Guardémosle sus zapatillas detrás de aquellos matorrales y nosotros veremos la reacción que tiene cuando no las encuentre. El profesor le dijo: -En vez de lo que tú me propones, yo te pido que me des veinte soles; y Juan, asombrado, le preguntó: -Profe, ¿para qué los quiere? -No te preocupes, le dijo, es en calidad de préstamo, te los devolveré. Y sacando del bolsillo se los dio al profesor y este, a su vez, sacó de su billetera cincuenta soles; luego, tomando las zapatillas del campesino, en una de ellas puso veinte soles y en la otra cincuenta. -Ahora sí, le dijo a Juan, escondámonos detrás de los matorrales y veamos la cara que pone el campesino. Pasados algunos minutos, el campesino regresó a recoger sus cosas y al encontrarlas miró las zapatillas y vio algo raro, en una había veinte soles y en la otra cincuenta. El campesino se puso de rodillas, miró al cielo y exclamó: Gracias, Dios mío, ahora mis hijos podrán comer algo mejor.

El profesor le dijo a Juan: -¿Cuál de las satisfacciones es más grande, ver la cara de preocupación del ser humano o compartir la alegría de un necesitado?

Vayamos por la vida provocando una sonrisa a los demás para regalarles, desde nuestros corazones, espacios de felicidad.

“Cuando te gusta una flor la cortas; sin embargo, cuando la quieres la riegas”.

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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