Hola… La semana pasada celebraba una Misa de Mes, acompañando a la familia de un joven que había fallecido en un terrible accidente de carretera.

Antes de comenzar la Santa Misa, un familiar se me acercó en la sacristía para indicarme que el dolor de sus parientes era infinito, ya que el joven tenía un futuro promisorio y que, apenas en unos segundos, a él y a su familia les había cambiado radicalmente el ritmo de sus vidas.

Le pregunté: -¿Qué traes en tus manos? Y me contestó: -Son recuerdos que entregaremos al final de la Eucaristía y si usted fuera tan amable bendígalos ahora. Procedí a bendecirlos y a entregarlos, pero la persona me dijo que si gustaba podía quedarme con uno ellos; con mucho cariño le indiqué que sí y comencé a leerlo.

A cada uno de ustedes, amigos lectores, les propongo la lectura de este texto que he transcrito en esta columna; para mí, con un gran contenido para reflexionar y tener en cuenta que la vida de los seres humanos no termina con la muerte, sino que esta continúa en la eternidad y es la eternidad que nos abre, de manera muy especial a quienes quedamos en este mundo, a sentir que cada palabra de nuestros seres queridos es verdaderamente no solo una lección de vida, sino además es un auténtico camino trazado por aquellos que nos esperan desde el cielo.

“Hijo mío, que estás en la tierra, haz que tu vida sea el mejor reflejo de mi nombre. Adéntrate en mi Reino en cada paso que des, en cada decisión que tomes, en cada caricia y cada gesto. Constrúyelo tú por mí, y conmigo. Esa es mi voluntad en la tierra como en el Cielo. Toma el pan de cada día consciente de que es un privilegio y un milagro. Perdono tus errores, tus caídas, tus abandonos, pero haz tú lo mismo con la fragilidad de tus hermanos. Lucha por seguir el camino correcto en la vida que yo estaré a tu lado, y no tengas miedo que el mal no ha de tener en tu vida la última palabra. Amén”.

Leído el texto del recuerdo que recibí en la misa, entiendo que es el Padre Nuestro recitado, no desde el hombre hacia Dios, sino de Dios Padre hacia cada uno de nosotros. Me quedo con estas frases: “haz que tu vida sea el mejor reflejo de mi nombre”; “Lucha por seguir el camino correcto en la vida que yo estaré a tu lado”.

“Cuando te gusta una flor la cortas; sin embargo, cuando la quieres la riegas”.

Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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