Hola… Regresó a mi casa, ahora sí personalmente, el Filósofo de La Encalada y me dijo: -Pablo, estamos viviendo tiempos muy difíciles, la tormenta nos está destruyendo, porque si grande es el dolor por la muerte y la enfermedad de los seres que amamos, grande también es el desgaste por la angustia y desesperanza de no saber lo que nos puede pasar en el futuro. Sin embargo, me dijo, quiero contarte una historia y cada uno la podrá interpretar según las circunstancias que en este momento les rodee:

            “En una tribu uno de los más aguerridos y fuerte guerrero tuvo una hija preciosa, a la cual tenía que ponerle un nombre y en esta tribu el nombre no sería ni de película, ni de telenovela, ni por haberlo escuchado en una canción famosa; el nombre tenía que significar lo que esa persona habría de ser en su vida. Llegada la noche, el guerrero se internó en la selva y lo más bello que vivió fue el silencio de la noche y se dijo: -La belleza de mi hija es semejante al silencio de la noche. Cuando amaneció y ante el impresionante espectáculo de la aurora, pensó: -Mi hija no se llamará “Silencio”, sino “Aurora” por su singular belleza. Pero siguió caminando y encontró ríos, nieves, flores…; todo ello le pareció tan fascinante que quería ponerle el nombre de lo bello que estaba viendo. Llegó a un poblado y se encontró con un anciano, a quien le contó lo que estaba viviendo y este le dijo: -Ve más allá de las montañas y encontrarás una choza, en ella vive un pastor, él te dará el nombre de tu hija, pero es muy importante que no lo veas, ni que él a ti. El guerrero hizo lo que le dijo el sabio anciano. Traspasó las montañas y en una verde pradera había una casita, se guardó tras de un peñasco y vio cómo el pastor llegaba a su casa, al mismo tiempo salía una linda niña de la cabaña, corriendo y con los brazos extendidos se dirigía donde su papá; esta niña tenía la lepra. El guerrero sintió un fuerte escalofrío y vio cómo el padre y la hija se abrazaban y se cubrían de besos. Volviendo a su casa, con lágrimas en los ojos, dijo: -A mi hija la llamaré “HEOMA-NAE-SAN”, que significa “AMOR EN EL DOLOR”.

            Antes de irse mi amigo, comentó: -Desde los inicios de la historia humana, el miedo, la angustia, el dolor… siempre han estado presentes en nosotros.

“Cuando hay una tormenta los pajaritos se esconden, pero las águilas vuelan más alto”.

            Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

            Contáctanos en facebook: Padre Pablo.