Hola… Puede que su nombre sea Daniel, pero lo que sí estoy seguro es que él nació en una familia católica y su vida de alumno transcurrió en las aulas del Colegio San Agustín, desde el cual hace unos meses comparto contigo esta columna.

            Daniel desea casarse en la Capilla del Colegio, está naturalmente muy ilusionado y no es para menos, porque un día, de la forma más inesperada, cayó de un edificio desde una altura que fue lo suficientemente grande para perder completamente la motricidad de sus piernas.

            Esta semana lo recibí en mi oficina, camina con un bastón y mucha dificultad, pero lo hace con una sonrisa de oreja a oreja, que hace de Daniel un hombre feliz.

            Un día los médicos terapistas intentaron convencerle de que el golpe recibido en la caída tendría consecuencias irreversibles y que caminar, para él, sería ya una misión imposible. No obstante, Daniel se escuchó a sí mismo y aquellos valores recibidos en su hogar y en su colegio, el San Agustín, le decían que nada hay imposible mientras uno quiera luchar y luchó. Hoy puede caminar erguido en la vida. El próximo año se gradúa de Médico y entenderás que su opción en la Medicina no fue otra que la de Terapias para poder caminar.

            Daniel me dijo: -Pablo, cuando delante de mí se presente un paciente que tenga lo que yo tuve, le voy a decir que, en mi caso, lo logré porque mi espíritu de superación y la confianza en Dios y en mí -que mi familia y el San Agustín me dieron- no me permitieron fracasar. Quiero una familia donde mis hijos se sientan orgullosos de su mamá y de su papá.

            Amigo lector, cuando cada día de nuestra vida el cielo se abre para enviarnos un ángel con un mensaje divino, no le demos la espalda. La historia de Daniel es real, lo que te he contado es real, pero queda en estas líneas una importantísima segunda parte. ¿Cuántos de nosotros nos atrevemos a aprovechar estos mensajes del cielo? No estaremos entre el grupo de quienes pensamos que solo es comida aquello que recibimos como “papilla”, o no será mejor -valga la metáfora- que la mejor comida ha de ser aquella que plantamos, regamos, recogemos y preparamos, porque todo el esfuerzo vertido en este proceso nos va a demostrar de lo que somos capaces.

            Desde esta columna elevamos oraciones para el fiel desempeño del P. Carlos Gustavo Castillo Mattasoglio, exalumno del Colegio San Agustín, en la Iglesia de Lima.

“Nunca sabe un hombre de lo que es capaz hasta que lo intenta”

Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe

 

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