La ecuanimidad en la familia

La ecuanimidad en la familia

            Hola… Hace muchos años, en un lejano país, vivía un acaudalado hombre que tenía dos hijos. Estaba preocupadísimo porque sabía que, al morir, el problema de los hermanos era muy grande debido a la ambición que tenían. Ellos pensaban de esta manera: “Mi otro hermano ha recibido más que yo”.

            Murió el acaudalado hombre y sucedió exactamente lo que pensaba; los hermanos entraron en una disputa interminable a la hora de repartir la herencia.

            No viendo arreglo alguno, decidieron acudir donde un Juez, quien escuchó cuidadosamente cada uno de los argumentos que ambos le exponían. Después de varias horas de escuchar a los dos, les dice: -Haré una pregunta a cada uno. -¿Usted es capaz de jurar que su hermano ha recibido en herencia una parte mayor que la suya? Y contestó sin titubear: -Estoy totalmente seguro que mi hermano recibió una herencia más grande que la mía. Luego, el Juez preguntó al otro: -¿Es usted capaz de jurar que, también, su hermano ha recibido una parte mayor que la suya? Y respondió: -Categóricamente sí, él recibió una parte mayor que la mía.

            Escuchando los argumentos, el Juez les dice a ambos: -Ya que estáis convencidos de aquello que os he preguntado, mi sentencia es que os intercambiéis vuestras respectivas herencias. Y el Juez ordenó la ejecución inmediata de su sentencia.

            Todo ser humano, en el marco de su realización personal, desde el instante mismo de la concepción, se distingue por su unicidad y al tiempo nos damos cuenta que, siendo únicos e irrepetibles, tenemos iguales defectos como la envidia, los celos, la codicia, …

            Nos cuesta mucho el ser ecuánimes y objetivos con aquello que tienen los demás y, quizás, a modo de anécdota, pero que ya es un síntoma inequívoco de que algo no está caminando bien, es cuando vemos en una mesa a la familia comiendo una porción de pollo y por allí escuchas a uno de los hermanitos: -¿Mami, por qué a mi hermano le has dado más que a mí?, sabiendo que en los padres siempre habrá una justa distribución porque para una madre todos sus hijos son iguales.

            Toma estas palabras como una reflexión en voz alta. Pienso que si la familia cuida el valor de la ecuanimidad entre esposos y en su relación con sus hijos, estoy seguro que desde allí estamos ya construyendo un gran país.

            La avaricia es la madre de todas las guerras.

“Vivimos bajo el mismo techo, pero ninguno tenemos el mismo horizonte”

            Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe

¡Intercambio a Londres!

¡Intercambio a Londres!

Como parte de nuestra propuesta educativa, once de nuestros estudiantes de secundaria han emprendido una nueva experiencia de aprendizaje en Londres. Ellos no solo están estudiando Inglés sino también están ampliando sus horizontes, conociendo una nueva cultura al sumergirse en un entorno cultural que los enfrenta a nuevos desafíos y les permite ser un ciudadanos globales.

Las batallas de cada día

Las batallas de cada día

Hola… Cuenta una antigua tradición china que un rey, quien tenía un vasto territorio, fue atacado por un ejército enemigo, pues éste en muy poco tiempo fue haciéndose dueño de tierras, poblados y campesinos.

Al rey lo único que le quedaba era un castillo, en el cual vivía con apenas un minúsculo grupo de sirvientes. Prácticamente, su ejército estaba destruido y era cuestión de tiempo que la tropa enemiga tomara el último reducto que le quedaba: el castillo donde vivía el rey.

Un día los sirvientes le avisaron que el ejército contrario estaba apenas a un kilómetro de distancia; en ese instante el rey mandó colocar puentes de ingreso al palacio, abrir las puertas de todo el castillo, subió a la atalaya y esperó a que llegase el general con su ejército para que le arrebaten su fortaleza.

No cabe duda que el rey estaba nervioso, angustiado y con mucho miedo por lo que le podría pasar; sin embargo, supo mantener la calma y sucedió algo increíble cuando los generales con su ejército llegaron al castillo, porque viendo ellos la facilidad que les otorgaba el rey para tomarlo, se dieron media vuelta y huyeron. Al día siguiente el rey llamó a sus sirvientes y les dijo: -De una u otra manera todos tenemos miedo; no obstante, lo importante es ser creativo en el miedo y no dejar que “el miedo nos atenace”. Tanto el ejército enemigo como yo tuvimos temor, pero gracias a mi creatividad hice que el miedo les atemorizara y llegaran a pensar que, ante la facilidad mostrada en tomar el castillo, algo me guardaba y que si ingresaban yo los destruiría. Tuvieron miedo y se fueron. También tuve miedo, pero lo encaucé de manera creativa.

Esta tradición china me hace pensar que la actitud tomada en el presente año por cada uno de nosotros, quienes vamos a tener nuestros miedos, nuestras angustias, nuestros problemas, no dejemos que nos atenacen y nos paralicen, sino que, con creatividad, salgamos victoriosos de las batallas de cada día.

Nos resta todo un año para demostrarle a la vida que los problemas más grandes que se nos presenten no han de estar fuera de nosotros, sino dentro, ya que solemos ser nuestros peores enemigos y eso sí es peligroso.

“Vive intensamente el presente; los que viven aferrados al pasado ya murieron;

y los que viven soñando con el futuro aún no han nacido”

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, OSA.
pablo@sanagustin.edu.pe

¡Feliz año 2019!

¡Feliz año 2019!

Hola… Es normal que al finalizar el año hagamos un recuento de lo vivido y nos proyectemos hacia aquello que, en el próximo y cercano año, quisiéramos conquistar.

La historia que me contaron viene desde muchos años atrás y se refiere a la experiencia vivida por un monje que todos consideraban un santo; sin embargo, había un dato intrigante que la gente no podía entender y era que los viernes, al medio día, el monje desaparecía del convento y se iba a un lugar desconocido y no regresaba hasta el lunes, al amanecer.

Conociendo a este hombre santo nadie dudaba de su vida, más aún, pensaban que durante los fines de semana iba a hablar con Dios; por supuesto que ello solo se podía dar en el cielo, que era lo que pensaban los del pueblo.

No obstante, para salir de toda duda, pidieron a un joven del poblado que lo siguiera sigilosamente de viernes a lunes y que viéndolo pudiera constatar el lugar a donde iba el monje. Y así sucedió, al mediodía del viernes el monje salió del convento y tras de él, oculto, iba el joven “investigador”. Caminaron por espacio de dos horas y en un lugar despoblado e inhóspito el monje se quitaba el hábito y se vestía de un humilde campesino. A una media hora de este lugar -ya vestido de campesino- el monje entraba a una cabaña, el espía le descubrió que cuidaba de una mujer anciana y paralítica; posteriormente, limpió la casa, lavó la ropa, cortó la leña, hizo todo lo suficiente para que, en los siguientes días hasta su regreso, no le faltara nada a dicha señora.

El espía regresó inmediatamente al pueblo y todos le preguntaron: ¿Viste subir al monje al cielo? No, respondió el espía, le vi subir mucho más alto.

Como dijo el poeta César Vallejo en esa memorable frase: “Hay, hermanos, muchísimo que hacer”. Desde esta proposición me atrevería a pedir a quienes generosamente comparten esta columna, un construir -en este año 2019- una historia silenciosa, pero efectiva, donde donando lo mejor de nosotros nos sintamos comprometidos con los más necesitados.

Desde estas líneas, hechas con las más sinceras emociones, deseo para cada uno de ustedes un FELIZ AÑO 2019.

“Vive intensamente el presente; los que viven aferrados al pasado ya murieron; y los que viven soñando con el futuro aún no han nacido”

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, OSA.
pablo@sanagustin.edu.pe 

Momentos importantes

Momentos importantes

            Hola… Hace unos días, sentado en mi oficina del Colegio San Agustín, observaba a los jóvenes de la Promoción del presente año, quienes con algarabía celebraban los últimos momentos de su vida escolar. Por un instante pensé cómo hacía cerca de 50 años atrás, aproximadamente, concluía también yo la secundaria y entiendo que viví, al igual que ellos, las emociones de una vida que conocía y dejaba para el recuerdo, pensando en una nueva vida que desconocía, en la cual, como así ha sido, me depararía muchas y agradables sorpresas.

            Todos tenemos en la vida momentos claves que no solo son importantes, sino decisivos y no siempre nos damos cuenta de ellos, pero al pasar de los años sabemos que aquellos instantes vividos cambiaron nuestra vida.

            Abrí la Biblia y apareció el texto de Lucas en su primer capítulo, desde el versículo 26 en adelante que dice así: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios no hay nada imposible. Entonces María contestó: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y el ángel se retiró».

            A portas de la Navidad muchos de nosotros pensamos en nuestros seres más cercanos proyectando qué regalo vamos a recibir de ellos, al mismo tiempo que nos “rompemos la cabeza” pensando qué regalo le hacemos en estas Navidades a nuestros seres más queridos.

            Estoy seguro que, si estamos atentos, pero muy atentos a la voz del Niño Dios y no nos distraigamos con los cánticos y los cohetones y los regalos y mil cosas más…, pudiera ser que esta Navidad sea como lo fue con María, el 24 de marzo de aquel año, un momento clave no solo en su vida, sino también en la vida de la humanidad.

            Para muchos no han sido los grandes momentos de nuestra vida, anunciados con “bombos y platillos”; mas bien, al igual que con María, llegó en un atardecer cuando se encontraba orando, cosa que hacía todos los días y en ese ocaso del 24 de marzo -“Día de la Anunciación”- comenzó en ella y en la humanidad el más grande cambio que jamás la historia había soñado. Cerrarnos al valor de las pequeñas cosas es, a veces, dejar pasar los más grandes milagros de nuestra vida.

            FELIZ NAVIDAD.

P. Pablo García Larrán, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe

P. Maximino Fernández Marcos

P. Maximino Fernández Marcos

Hola… Recién el día 2 de noviembre del presente año cumplió 95 años de edad. Por más de 70 años vivió en el Perú trabajando y evangelizando en colegios y parroquias agustinas.

Hace unos días el Señor lo llamó a su lado para ese merecido descanso eterno que, después de una fructífera labor evangelizadora, recordando las palabras del Apóstol San Pablo que nos indica cómo en sus últimos años se siente merecedor del premio eterno, por haber sido combativo en el Nombre de Jesús durante toda su vida.

Se llamaba P. Maximino Fernández Marcos, lo conocí en el año 1979, recién llegado yo al Perú, instalado en la Comunidad del Colegio San Agustín, celebraba la Misa en la Parroquia Nuestra Señora del Consuelo los domingos, a las 8.00 p.m. Como el P. Maximino había nacido muy cerca de mi pueblo y teníamos muchas cosas en común, terminando la celebración eucarística siempre me invitaba para conversar sobre la comarca que nos había visto nacer a los dos y después con un carrito que tenía, antiquísimo, me regresaba al Colegio San Agustín.

En la noche de su velorio Mons. Raúl Chau dijo: Este hombre ha sido un Sacerdote fiel a Dios y a su Iglesia. Cuando Mons. Raúl expresó estas palabras, yo, que conocía al P. Maximino por 40 años, pensé: Por estos hombres y mujeres la Iglesia de Jesucristo se mantiene con firmeza. Muchos serán los que cambian de opinión por los avatares de los tiempos y se dejarán llevar por modas y cantos de sirenas, pero las «veletas» nunca serán los cimientos de la Iglesia, están ahí moviéndose al vaivén de los vientos, pero quien soporta el peso de la Iglesia son aquellos hombres y mujeres cuya característica es «SER FIELES A DIOS Y A SU IGLESIA».

El P. Maximino me contó muchas veces que no era fácil el «cada día de su Sacerdocio», por sus debilidades en ocasiones o por la interpretación que le podían dar quienes a su lado tenían otra forma de pensar; pero siempre me decía: -Pablo, en la responsabilidad que nos ha dado la Iglesia, tenemos que ser prudentes y gracias a la prudencia podemos alcanzar la sabiduría que nos hará tomar las mejores decisiones, no por un beneficio personal, sino para el bien de la Iglesia de Jesucristo.

Estoy seguro que muchos de ustedes lo conocieron y como símbolo de gratitud, desde ya, te invito a la Misa de Mes que celebraremos el lunes 7 de enero, a las 8.00 de la noche, en la Iglesia Parroquial que él construyó de Nuestra Señora del Consuelo de Monterrico.

“El que no sabe lo que busca; no se conforma con lo que encuentra”.

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe