Hola… El próximo martes 19, la Iglesia, en su liturgia, honra la memoria de una persona que, en nuestra historia de salvación, no habló ni una sola palabra; lo que se refiere a que, leyendo el Nuevo Testamento, desde el primer evangelio hasta el apocalipsis, de José no conocemos ni una expresión; sin embargo, ese hombre de pocas palabras contribuyó a que se diera en la historia de la humanidad el Plan Salvífico de Dios.

Por si hubiese algún despistado, que a veces somos varios, les contaré que José es el esposo de María y padre putativo de Jesús. Según la tradición judía se configuraban las parejas, normalmente, en base a los criterios de los papás de ambos y por un cierto tiempo la pareja no vivía junta, siendo este el caso de José y María.

Por obra y gracia del Espíritu Santo, María queda embarazada de Jesús y, naturalmente, se lo comenta a José. Fue un choque fuertísimo al conocer la noticia; no obstante, cuán grande es el mensaje de José cuando en su prudencia supo mantener la calma, tomarse un tiempo de reflexión y escuchar a Dios.

Hoy me pregunto, en los tiempos de la rapidísima comunicación, como puede ser el Skype, Whatsapp, Instagram, Facebook…, ¿qué hubiera sucedido si José, dos mil años atrás, los tuviese a mano? Sinceramente, pienso que hubiese procedido como actuó en aquel momento: PRUDENTEMENTE. Y es que la prudencia nos remite a un campo mental que nos da la tranquilidad necesaria para que, a la hora de juzgar y actuar, tengamos todo el conjunto de elementos que son impostergables para hacer bien las cosas.

Pareciera que hoy en día, valga la metáfora, pensamos más en la adrenalina de saltar de un avión a tierra, que preguntarnos primero si tenemos puesto el paracaídas. Me da la impresión que muchos de nosotros vivimos la aventura de la vida olvidándonos de los principios básicos: la prudencia, la reflexión y, si me apuras un poco, para mí, esta es una palabra clave: la conveniencia. Podríamos decirlo de otra manera, pero con el mismo significado, si es que somos capaces de buscar los tiempos y los espacios apropiados para decir nuestra verdad.

Deberíamos mirar un poquito más la figura de SAN JOSÉ y aprender de él cómo la PRUDENCIA lo llevó a la reflexión y la reflexión a la trascendencia.

La Biblia dice: «el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, descendiente de David, no tengas miedo de llevarte a María, tu esposa, a tu casa; que está esperando por obra del Espíritu Santo; tú eres el que pondrás el nombre al hijo que dará a luz. Y lo llamarás Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». Mateo 1, 20-21.

“El envidioso inventa el rumor, el chismoso lo difunde y el idiota se lo cree”

Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe

 

Share This