Hola…  Es verdad que hasta octubre del año pasado viví en la Parroquia que tiene el Templo más bello del Perú, una auténtica obra de arte construida por los artesanos de La Encañada – Cajamarca. Me trasladan al Colegio San Agustín de San Isidro, pero coincidiendo en esta semana con una misa que tuve en dicha Parroquia, fui a Monterrico y, para mi agradable sorpresa, terminada la celebración eucarística, alrededor de las nueve de la noche, encontré al Filósofo de La Encalada en una banca de la avenida, pues hacía mucho tiempo que no lo veía. Me dijo: – Pablo, mira la luna. -Sí la he visto, es inmensa, le respondí -y justo, en ese momento, estaba despejada de nubes, por lo que se podía distinguir con nitidez-. -Me han contado que estás nuevamente en el Colegio San Agustín. -Sí, le contesté, pero nunca podría olvidarme de la Parroquia Nuestra Señora del Consuelo. -¿Tienes tiempo?, me preguntó. –Claro, le dije. Y me contó esta historia:

“Un día se reunieron en un rincón del cielo las estrellas más famosas del firmamento. Allí estaba la Estrella Polar, que contaba con orgullo cómo ayudaba al hombre a fijar el norte de sus caminos y de sus mapas; cuando esta concluyó de hablar, el Sol dijo: -Yo soy el más importante de todos los aquí reunidos, porque sin mí en el planeta tierra no habría vida. Le tocó el turno a una estrella, quien indicó que, gracias a ella, Einstein confirmó su teoría.

Por más de dos horas se sucedieron las estrellas rivalizando en fama y esplendor. Solo una se mantuvo callada todo el tiempo. Poco antes de terminar esta magna reunión, todas la señalaron preguntándole: -¿Y tú quién eres? Ella dijo: -Los hombres no me conocen, ellos aún no me han descubierto; sin embargo, yo también estoy contribuyendo al progreso y bienestar de los hombres de la tierra, pero el hombre es inteligente y como dice San Agustín: «El hombre es un incansable buscador de la verdad» y ha descubierto que todavía hay estrellas que no conoce, por eso continúa estudiando, observando, buscando… y con ello avanza su ciencia siguiendo despierto su interés. Nadie niega el valor de ustedes, pero yo represento el futuro y la necesidad de encontrar algo nuevo, por eso la historia de la humanidad no se detiene”.

“Si no quieres sufrir, no ames… Y si no amas, ¿para qué quieres vivir?”

Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe 

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