Hola… Te contaré que mi padre tiene 88 años cumplidos el pasado 28 de agosto, fiesta de San Agustín. Toda su vida, desde que ha nacido hasta la fecha, ha vivido en un pequeño pueblo de la Provincia de León, donde alternaba las labores del campo con la ganadería y podríamos decir que ambas tareas fueron, hasta hace unos años, su vida. Hoy descansa con mi hermana, mi cuñado y mis sobrinos en una bella ciudad al norte de España que se llama Vigo.

Todos los días tengo un espacio de tiempo para comunicarnos a través del skype, maravilloso regalo de la época moderna para unir las distancias físicas, mas no así las emociones que siempre han estado unidas.

Hace unos días mi hermana me dijo: -Papá quiere hacerte una pregunta. Yo le contesté: -Que no sea muy difícil. Y me preguntó lo siguiente: -¿Qué es aquello que nos llevamos al cielo? Le respondí: -Lo único que nos llevamos al cielo es nuestra alma que regresa hacia Dios. No -me dijo- nosotros nos llevamos algo más. Como me quedé en silencio, continuó: -NOS LLEVAMOS TODO LO QUE DIMOS.

Seguimos platicando, pero, al terminar nuestra conversación por el skype, inmediatamente me puse a escribir estas cuatro líneas porque, si bien es verdad, todo el proceso de instrucción teológica que he llevado en mi vida como Sacerdote, al mismo tiempo de los libros que he leído y de las experiencias que he podido compartir, la sabiduría de mi padre es un faro que ilumina el camino a la eternidad.

Hace muchos años leí una frase de un filósofo italiano que decía: “Sólo tengo lo que di”; sin embargo, la frase de mi padre es sabiduría extraída de la experiencia de una vida de campo, sin mayores barnices intelectuales, de un hombre bueno que, durante toda su existencia, ha buscado “agradar a Dios” a través de una vida de amor a mi madre, a mi hermana, a mi cuñado, a mí, a mis sobrinos y a nuestro entorno familiar, y todo ello marcado por la decencia y la transparencia. Por eso la recojo como parte de una herencia de eternidad que mi padre me ha ido adelantando antes de partir a los brazos del Padre Eterno.

Te dejo con esta frase de mi padre: «CUANDO DIOS NOS LLAME, LO ÚNICO QUE LLEVAREMOS ANTE ÉL ES AQUELLO QUE HAYAMOS COMPARTIDO CON LOS DEMÁS, COMPARTIDO CON GENEROSIDAD Y CON AMOR».

“El mejor colegio para un niño es una buena madre”.

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

 

P. Pablo Larrán García, O.S.A.

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