Hola… Hace unos días muy temprano, en la mañana, se acercó muy molesto a mi oficina el “Filósofo de La Encalada”. -¿Qué te pasa?, ¿por qué estás molesto?, le pregunté. -Lo que estoy es profundamente confundido, me dijo. -Y ¿por qué?, ¿qué es aquello que más te confunde?, le dije. Y me respondió: -El ser humano y su falta de criterio a la hora de elegir a los auténticos ejemplos de nuestras vidas. Si hay un libro que, a lo largo de la historia más se ha vendido y que se supone más seres humanos lo han leído es, sin lugar a dudas, la BIBLIA.

Si preguntaras a alguien quién sería la persona que podría cambiar tu vida y tú seguir su ejemplo, no cabe duda que la respuesta sería unánime: JESÚS.

Le observaba atentamente y comprendía que mi amigo, el “Filósofo de La Encalada”, me dibujaba un panorama muy similar a aquel que siempre pensé. Cuántas veces en asambleas cristianas hemos cantado e implorado: “Señor, quiero ser como Tú”; “quiero recorrer tu camino de verdad y de vida”, por citar solo algunas frases que podrían llenar todo nuestro periódico. Sin embargo, dejé hablar a mi amigo, quien me dijo: “El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad”… Después de conversar un buen rato, mi amigo se fue, pero me dejó ese interrogante.

Cuántos de nosotros dejaremos que el Evangelio penetre en nuestras vidas y con nuestros actos hagamos realidad aquello que, alegremente, proclamamos con nuestra boca.

“Un mandamiento nuevo os doy”, dijo Jesús en la Última Cena. “Que os améis los unos a los otros como yo os he amado y en esto conocerán que sois mis discípulos”.

Muchas veces me pregunto, ¿cuánto de la generosidad de este Diario que muestra conmigo desde los años 90, he podido transmitir a mis lectores? Pienso que puedo quedarme en lo anecdótico y no transmitir la esencia de esta conversación dominical, lo cual es manifestar lo luminoso que es la vida de un ser humano, vivir al Cristo Resucitado…

Entiendo perfectamente que toda comunicación fluida conlleva necesariamente una dosis de algo anecdótico, una dosis de algo humorístico, una dosis de algo teórico… pero, por encima de todo eso, la esencia es dar a conocer la buena nueva que Jesús, hecho Hombre, nos transmitió de nuestro Dios Padre: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”.

“Conocimiento es aprender algo cada día. Sabiduría es desprenderte de algo cada día”

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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