Hola… Hace algunos años llegó a mi computadora un video con una magistral lección de vida, cuyo contenido era importante, pero técnicamente hablando no tenía mayor valor. Transcribo las imágenes:

“El plano abierto es de un jardín que muestra una banca en medio del mismo, donde se encuentran dos personas, una de ellas de edad adulta y a su lado un joven. Ambos están en silencio, el cual es roto por el anciano que, con mirada fija hacia el horizonte, señala con un dedo preguntando: -¿Qué es eso? El joven le contesta: -Papá, es un pajarito que se ha posado en las ramas de ese árbol. Pasaron quince segundos, el anciano vuelve a preguntar señalando con el dedo: -¿Qué es eso? Y el joven le dice: -Papá, ya te dije que es un pajarito que siempre te ha gustado mucho, es una cuculí. El padre inmutable, el hijo nervioso y apenas quince segundos después el anciano vuelve a preguntar: -¿Qué es eso? El joven, ya un poco molesto, le dice: -Papá, ¡cuántas veces tengo que decirte que es un pajarito llamado cuculí! La cuarta vez que el anciano preguntó, la respuesta del hijo fue brutal, prefiero no copiarla. El padre se levantó de la banca, cruzó el jardín, ingresó a una casa de la que volvió a salir diez minutos después trayendo un cuadernito en su mano. Llegó a donde estaba su hijo, se volvió a sentar en el mismo sitio, abrió el cuaderno y leyó: -Hace muchos años mi hijo me preguntó: -Papá, ¿qué es eso? Y le contesté: -Es una cuculí hijo. El niño siguió preguntándome varias veces y con cariño le respondía; abrazándole y besándole en la frente buscaba resolver su interés, dando respuesta a las lógicas preguntas de un niño. Fácil fueron veinte veces y con mucha ternura se las repetía.

            Perdóname papá, yo era ese niño y parece que no aprendí la lección. Nunca más volverá a suceder”.

            Es posible que muchos de ustedes conozcan esta historia, pero soy consciente que hoy en día, de manera muy especial por la pandemia que estamos viviendo, tengamos como prioridad el cuidado de nuestros ancianos, quienes no solo nos dieron la vida, sino que, con paciencia, nos han enseñado a vivir.

“Deja que tu Fe sea más grande que tus miedos”.

            Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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