Hola… Recién en este domingo, último del mes de abril y después de haber vivido semanas en cuarentena, si ustedes me permiten, solo como un aporte de reflexión, quisiera compartir en voz alta el escrito que una profesora envió a los papás de sus alumnos.

Son esos mensajes sin firma, pero sí con una dirección concreta para ser leídos por hombres y mujeres de buena voluntad. Si bien es verdad tengo la responsabilidad de un colegio, con estas palabras quiero llegar más allá de las paredes de mi centro de estudios para tocar el corazón y, por supuesto, a la razón de ustedes, mis queridos lectores:

“Queridos padres de familia: No se preocupen por el trabajo escolar, cuando regresemos a las aulas volveré a poner a sus hijos al día; soy maestra y ese don me lo regaló el Señor. De lo que no soy capaz de solucionar es el trauma social y emocional que impide que el cerebro aprenda; por lo tanto, en este momento solo una cosa les pido: Transmitan a sus hijos calma, fuerza, alegría y fe.

Ningún niño está atrasado ni adelantado, sus hijos están exactamente donde deben estar”.

No necesariamente todos los maestros del mundo firman este escrito. Son 41 años como educador y, a lo largo de la vida, la experiencia de los demás y la mía propia, me han enseñado que uno de los motivos más importantes para triunfar es que cuando la vida te pide algo diferente, tengas la capacidad de responder positivamente.

Algún día te contaré, de modo más extenso, mi experiencia personal en medios de comunicación que, desde mayo del año 1986 hasta la fecha, he sido bendecido por el Señor, tanto en prensa escrita como radial y televisiva. Te comento que en la Pontificia Universidad Católica del Perú, año 1985, puedes encontrar registrado a quien te escribe estas líneas, que fue desaprobado en el curso de Medios de Comunicación; la historia es un poquito más compleja, en otra oportunidad te detallaré.

Hay experiencias de vida que necesitaron momentos contradictorios para definir el futuro de una persona.

Te pido que te quedes con estas palabras del escrito de la profesora: “Transmitan a sus hijos calma, fuerza, alegría y fe”. Y, a partir de allí, el mundo será de ellos.

“Nunca dejes a Dios fuera de tus proyectos, Él es la clave del éxito”.

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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