¡Vivamos una fiesta!

¡Vivamos una fiesta!

Hola… El día martes de esta semana me visitó, en el colegio, mi gran amigo el “Filósofo de La Encalada”. Sabía que yo había viajado, al mismo tiempo quería enterarse de las actividades que tendríamos en el plantel durante estas fiestas de nuestro Patrón, San Agustín. Le comenté que el viernes 23 de agosto, a las 7.00 de la noche, en el auditorio, se realizará una puesta en escena para conocer al posible Primer Mártir de la Iglesia Católica en el Perú. Él es un sacerdote agustino que vivió en el Cusco, concretamente en Vilcabamba. El P. Gustavo, agustino, escribió una biografía del P. Diego Ortiz subtitulándola así: “Misionero Fiel”. Con ello, queremos los agustinos que todos nuestros compatriotas conozcamos la vida de este hombre que, siendo fiel al evangelio, lo vivió hasta las últimas consecuencias. Entiendo, me dijo mi amigo el “Filósofo de La Encalada”, que este ejemplo del P. Diego Ortiz no estaría mal que lo tuviéramos en cuenta en nuestras vidas. Mencionó, también, lo siguiente: Siempre procura ponerte algo que convine; por ejemplo: “La cabeza que haga juego con el corazón y las palabras con el respeto y la buena educación”. Justamente, le digo, creo que este es uno de los motivos por lo que los agustinos queremos propalar la vida de este hombre, Diego Ortiz; lo resumiste perfectamente en la frase que me acabas de indicar. Ser consecuentes con lo que pensamos, poner en cada acción nuestro corazón y evitar en la medida de lo posible herir la susceptibilidad de los demás.

Además, comuniqué a mi amigo que, el sábado 24, en las instalaciones del colegio, durante todo el día, estaremos celebrando la “Fiesta de San Agustín”; una festividad para todas las edades. Nunca antes habíamos tenido esta experiencia, pero escuchando las palabras del Papa Francisco: “¡Hagan lío!”, sentimos que vivir el evangelio es vivir una fiesta; por ello, amigo lector, estás invitado a ella. Mi amigo, el “Filósofo de La Encalada”, se dio por aludido y me dijo que de ninguna manera me iba a fallar ni el viernes ni el sábado.

Es verdad que 1,600 años son muchos para poder pensar que una persona que viviera en esa época, pueda enseñarnos algo a la humanidad del siglo XXI; sin embargo, puedo decir que cada día que pasa entiendo que “las estrellas, no porque tengan millones de años han dejado de brillar”. De igual modo, los grandes hombres de la historia siguen brillando en nuestro presente.

“En tu trabajo eres uno más, en tu hogar eres único”

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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Buscando soluciones en nuestro interior

Buscando soluciones en nuestro interior

Hola… Desde mi oficina, en el colegio San Agustín, observo a los jóvenes de la secundaria recorrer los patios que los conduce a sus respectivos salones y de estos estudiantes, algunos ya buscando el fin de año o el fin de su estadía en nuestras aulas.

Me puse a pensar en aquella historia que relata la vida y milagro de un sabio a quien su familia valoraba muchísimo por sus consejos, desde luego, todos ellos muy acertados. Lo que en principio fue su familia, posteriormente iban añadiéndose sus vecinos y su fama se extendió por todo el pueblo, e incluso la comarca y el reino en el que vivía fueron partícipes de su sabiduría. En un momento dado, el sabio notó que había varios que se acercaban prácticamente todas las semanas; a la vez, éstos le contaban los mismos problemas a los que él daba soluciones y se dio cuenta de que, en el fondo, lo que él les decía no lo ponían en práctica y volvían, como se dice, a las mismas “andadas”.

Un día el sabio, pensándolo bien, llamó a este grupo de “asiduos” a su casa y cuando estaban reunidos comenzó a contarles un chiste tan divertido, que todos los presentes se mataban de risa. El sabio no se inmutó y volvió a contar el mismo chiste por segunda vez; aún así, la mayoría seguía matándose de risa. Pero, claro, pasadas tres horas y habiendo contado el chiste no menos de cuarenta veces, vio la cara de desesperación de todos ellos y es allí que el sabio les dijo esta frase: “Por qué no pueden reírse varias veces del mismo chiste, pero sí pueden llorar mil veces por el mismo problema”.

Te escribo estas líneas en esta fría mañana de agosto, viendo pasar a los jóvenes de este colegio y pensando en ellos y en cada uno de ustedes, puedo preguntarme y preguntarles cuántas veces a nuestros problemas, que suelen ser siempre los mismos, le hemos buscado soluciones y nos han dado la respuesta correcta; pero muchos no hemos reaccionado con actos concretos que no están en los demás, sino en cada uno de nosotros.

Si me permites, te diré que en la mesa están servidos los alimentos que son para nuestra nutrición; depende de cada uno de nosotros en tomar aquello que necesitamos. Y tan importante como esto, el “digerirlos”, nos guste o no, esta es una tarea personal e intransferible.

“Si usted quiere que todos estén contentos, no sea un líder, venda helados”

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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El arte de guardar silencio

El arte de guardar silencio

Hola… En aquel lago vivían muchos animales entre los cuales se habían entablado lindas relaciones de amistad. Los gansos sostenían una relación muy cariñosa con una ranita saltarina y cantarina, quien era la alegría del lago. Se conocían muchos años atrás, pero terminado el verano de este año, los gansos dijeron a la ranita que les daba mucha pena tener que despedirse de ella, porque se estaban yendo a otro lugar bastante lejano, en donde las temperaturas son más favorables que en el lugar donde estaban.

No solo la ranita, sino también los gansos se pusieron muy tristes y comenzaron a pensar qué solución dar al problema, o sea cómo podía acompañarles la ranita al nuevo país a donde iban.

-Aprende a volar como nosotros, dijeron los gansos. La ranita lo intentó, pero fue en vano. -Puedes ponerte encima de mí y te llevo, le dijo un ganso. Probaron, pero parecía imposible la misión. La ranita le dijo: -Tengo una idea; recojamos un palo, y cada uno de ustedes se agarra de un lado, yo en medio y con mi boca me sujeto fuertemente. -Es una gran idea, intentemos, dijeron los dos gansos. Y todo resultó magnífico. A los pocos días partieron al lugar lejano, un ganso cogía un trozo del palo a la derecha y el otro por la izquierda, y en medio la ranita se adhirió -con su boca- al palo fuertemente. Iniciado el vuelo, aquello era fantástico. Nunca la ranita había subido a una altura desde la cual podía divisar un mundo diferente al que ella conocía. Pasaron varios pueblos y, por supuesto, la gente se asombraba de lo que veía, incluso en algún pueblo aplaudían la hazaña de la ranita y de los gansos. Pero sucedió algo increíble… En ese trayecto, la muchedumbre había sido comunicada que mirasen al cielo, porque verían volar a dos gansos y a una rana, por lo que todos los habitantes estaban esperando tan grande acontecimiento. Al momento de cruzar un pueblo, les aplaudieron, vitorearon y a uno de los campesinos se le ocurrió la idea de preguntar a los gansos y a la ranita: -¿Quién de ustedes tuvo esta fantástica idea? La ranita, en su orgullo personal, dijo: -La idea fue mía.

Para hablar hay que abrir la boca y cuando lo hizo, no hubo forma de sostenerse en el palo, por lo que para la ranita allí terminó el viaje.

Muchas veces en la vida hay que saber guardar silencio; y como dice el dicho: “El pez por la boca muere”.

“En tu trabajo eres uno más, en tu hogar eres único”

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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Un Perú que nace del corazón

Un Perú que nace del corazón

Hola… En este 28 de julio, día de nuestro Perú y quizás, a esta hora de la mañana, descansando en la casa o saliendo a pasear con tu familia, me cabe la inmensa satisfacción de poder hacerte llegar en estas líneas un cariñoso saludo de FIESTAS PATRIAS que, si gustas, podríamos convertir en compromiso para el futuro y gratitud para el pasado.

No cabe duda que solemos ser muy afines al unirnos en los éxitos y triunfos, pero muchas veces nos dispersamos ante las dificultades y el Perú necesita personas unidas que, desde la diversidad, aceptemos los retos de salir hacia adelante, sin menoscabar las ideas y los proyectos de quienes están a nuestro lado.

Sumar es multiplicar, restar es dividir. Alguna vez alguien me dijo que el mayor daño que se le puede hacer a una persona, no viene de las circunstancias externas de uno, sino que está dentro de cada uno; al igual que San Agustín, realizar ese recorrido interior que todos los seres humanos deberíamos hacer para encontrar en nuestros corazones la esencia de nuestras vidas. No cabe pues, el que las circunstancias externas sean para muchos las directrices que marcan nuestras vidas; que son necesarias, no lo dudo y que muchas veces no deberíamos olvidarlas, pero que, de manera muy especial, la primera tarea -no la única, pero sí la más importante- es aquella que descubre lo que vale cada uno de nosotros y cuánto de nuestras capacidades ponemos al servicio de los demás.

No seré quien le diga al Perú dame, sino que le diré al Perú toma de mí aquello que necesitas y así de uno en uno, como granos de arena, formaremos la más bella playa del universo, porque cada uno daremos luz con nuestro color y desde nuestra variedad daremos alegría.

Entiendo que hay proyectos de país muy valorados y muy importantes que surgen de laboratorios humanos muy preparados; sin embargo, me atrevo a pedir este 28 de julio, que hagamos del Proyecto Perú un itinerario que surge y nace del corazón de cada uno de nosotros. Y cuando ponemos lo mejor, el resultado siempre es plenitud.

Si a alguien tenemos que imitar, busquemos en nuestro alrededor aquellas personas que hablen más con el corazón que con la lengua.

A todos: ¡FELIZ 28 DE JULIO!

“En tu trabajo eres uno más, en tu hogar eres único”

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La gratitud en pequeños detalles

La gratitud en pequeños detalles

Hola… Al igual que se escucha decir: “El que siembra vientos recoge tempestades”, también se debe expresar: “Quien siembra gestos de amor, recoge frutos de gratitud”.

Me contaron esta historia con la que se reafirma que en realidad el proceso de la naturaleza se vive en el día a día de cada ser humano. Dice así:

“No había día de la semana que el empleado de una empresa entrara a trabajar y no saludara con cariño y afecto al guardián de la puerta. Lo hacía al ingresar y al salir, siempre con una palabra de ánimo o con una sonrisa de gratitud.

Un día aquel empleado tuvo que visitar a un compañero que estaba en uno de los frigoríficos del camal; lo llamó insistentemente y como no contestaba, él mismo entró al frigorífico sin percatarse que, en un momento dado, por una inesperada corriente de aire se cerró herméticamente la puerta. Aquel hombre quedó paralizado porque en aquel lugar y a esa hora era muy difícil que alguien pasara. No obstante, se puso a gritar, al mismo tiempo que, paulatinamente, iba quedándose congelado.

Su suerte estaba echada; nadie, por lógica, abriría la puerta hasta el día siguiente y si sobrevivía sería un milagro de Dios. Ciertamente, él pensó que los milagros existen y que, de alguna manera, Dios lo podía ayudar.

Y sucedió lo inexplicable, alguien estaba abriendo la puerta de la cámara frigorífica; el hombre estaba aterido de frío, miraba sorprendido a la persona dándose cuenta que era alguien imposible de salvarlo, ya que la función de aquel hombre en la compañía solo consistía en estar en la puerta principal y no la de ingresar al camal.

Ambos, fuera de la cámara frigorífica, fueron a la cocina donde se prepararon un rico café. El empleado preguntó al portero: -¿Por qué me buscaste si no tenías acceso a aquel lugar? El guardián respondió: -Señor, usted es la única persona de esta empresa que me saluda al entrar y al salir, y me extrañó que no lo hiciera al salir; por lo tanto, pensé que estaría dentro de las instalaciones y como no se encontraba en su oficina, lo he buscado en todas partes hasta encontrarlo en la cámara frigorífica”.

No es fácil sacar conclusiones de las anécdotas de la vida; sin embargo, cuando sembramos amabilidad, recogeremos gratitud. No es fácil, tampoco, dar lecciones a nadie, pero tengamos en cuenta que, con pequeños detalles, se puede escribir grandes historias.

“En tu trabajo eres uno más, en tu hogar eres único”

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Ser maestro con el corazón

Ser maestro con el corazón

Hola… El domingo pasado, después del Día del Maestro, en homenaje a ellos te comentaba la historia que siempre me contó mi querido amigo, entrañable maestro de maestros, don David Castrad.

Don José Martí escribió algo tan lindo como esto que, a continuación, quiero relatarte: “Educar es depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido; es hacer a cada hombre resumen del mundo viviente hasta el día en que vive; es ponerlo a nivel de su tiempo, con lo que podrá salir a flote sobre él”.

Si bien es verdad que el domingo pasado referíamos la historia y la anécdota del Día del Maestro, esperé hoy para explayarme un poco sobre una tarea que, durante toda mi vida, tanto como en la etapa de alumno como en la etapa de maestro y en estos últimos años como ejecutor de políticas magisteriales y responsable del colegio San Agustín, me lleva a pensar cómo, a lo largo de mi vida, no quedaron en mí aquellos maestros sabios en la cátedra, pero pobres en la cercanía. No quedaron aquellos maestros que ilustraron mi mente, pero se olvidaron de barnizar mi corazón y es que, pasados los años y cuando ya he cumplido más de 60, viendo en el crisol de la vida lo más auténtico de ella, resalta claramente que quienes supieron respetarme y darme lo mejor de ellos, hoy en mi alma tienen un lugar especial y único.

Hace varios domingos, al término de nuestra conversación, te suelo dejar con esta frase: “En tu trabajo eres uno más, en tu hogar eres único”. Sirva esta reflexión para agradecer a cada uno de nuestros Maestros del Perú, que no son uno más en la empresa educativa, sino que son únicos en la misión de engrandecer el alma y, sobre todo, el alma de aquellos que siendo niños han sentido lacerados sus corazones por el abandono físico, moral y afectivo de quienes tuvieron la responsabilidad de amarlos; sin embargo, los abandonaron a su destino.

Es por ello que, después de una semana de la celebración por el Día del Maestro, levanto la bandera de la gratitud por quienes cada día inscriben en el corazón de sus alumnos la palabra AMOR.

A todos los MAESTROS, bendiciones del cielo y protección de nuestra Madre, la Virgen Santísima.

“En tu trabajo eres uno más, en tu hogar eres único”

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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