El botón de la prudencia

El botón de la prudencia

Hola… En el transcurso de la historia de la humanidad hubo momentos claves que pudieron haber cambiado el rumbo de la historia. La mayor parte de ellos no los conocemos y cuando tenemos acceso a algunos, nos causa una enorme sorpresa y la pregunta que se nos viene a la mente es ¿qué hubiera sucedido con la humanidad si aquellos hechos se hubieran cumplido?

Lo acabo de escuchar. «En el año 1983 sucedió algo en que la humanidad estuvo en peligro si la prudencia de un hombre no hubiese estado alerta. En aquella época había en el mundo dos potencias aparentemente irreconciliables; por un lado, estaba Estados Unidos con un material bélico impresionante y, por otro lado, Unión Soviética, quien a la vez se defendía con uñas y dientes de un posible ataque estadounidense. Se llamaba la guerra fría porque si bien es verdad, nunca se desató; ambos países siempre vivieron al límite.

Un 26 de setiembre, en Europa, concretamente en Moscú, había una sala muy especial que tenía un botón rojo, junto a él un soldado ruso estaba durante las 24 horas del día. Su misión era que si sonaba la alarma tenía que apretar dicho botón y se desataría una guerra mundial. Sucedió que la alarma sonó, pero aquel soldado, después de un análisis de breves minutos, se dio cuenta de que lo que estaba sucediendo no era normal. Estados Unidos no podía atacar a Rusia con solo cinco misiles… Después de investigar conscientemente, se dio cuenta de que las máquinas no funcionaban bien, porque ese día se estaba produciendo el equinoccio de otoño y la configuración de los astros hizo que las maquinarias rusas fallaran y, por ende, sonó la alarma mortal. A partir de ese momento el soldado ruso tuvo la capacidad de la prudencia; en un caso tan delicado como este no era para actuar de cualquier manera. Aquel hombre salvó a la humanidad; apretando el botón rojo se hubiera desatado una guerra nuclear mundial, donde la inmensa mayoría de la humanidad hubiéramos ya pertenecido a la historia».

Cabe reflexionar, después de contarte este secreto, ¡qué pudo haber sucedido!, pero quedó en anécdota; sin embargo, resalto y rescato la prudencia de aquel hombre que supo analizar, en segundos, lo que estaba sucediendo y no actuó precipitadamente; eso puede ser válido para la historia de cada uno de nosotros.

“En tu trabajo eres uno más, en tu hogar eres único”

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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Un nuevo destino

Un nuevo destino

Hola… Por mis 40 Años de Sacerdote, mi gran amigo Juan Carlos Mogollón, escribió así:

«JUAN PABLO II: El Papa Juan Pablo II recibió una carta del joven Pablo donde le pedía le concediera ‘ser ordenado sacerdote’. El Papa, gran animador de la juventud del mundo, suponemos habrá sonreído. Lo cierto es que intercedió para que este joven cumpla con su meta. Pablo hizo los votos perpetuos y de inmediato fue ordenado sacerdote el 23 de setiembre de 1979. A los pocos días le dijeron que su destino era el Perú. Hizo maletas y quizás enjuagó algunas lágrimas, pero su llamado al sacerdocio era tan firme como cuando se construye una casa sobre una roca.

La noticia corrió como reguero de pólvora. España tenía al SACERDOTE MÁS JOVEN DEL MUNDO. Los noticieros, incluido RTE, daban la noticia y ahí nomás en horas Pablo hacía valijas y se despedía de sus padres. El Perú era su destino inexorable.

IBERIA: SU ATENCIÓN POR FAVOR… Cuentan que una azafata de IBERIA lo descubrió entre los pasajeros. Pasó la voz a la tripulación y en pleno vuelo le dieron la ‘bienvenida’ como pasajero especial. Los aplausos estallaron por toda la nave y eso le dio ánimo y una fuerza interior antes de pisar el Perú.

El resto ya está escrito en esos 40 años. Ni bien ejerció el sacerdocio, sus misas en el Colegio San Agustín y en la Parroquia Nuestra Señora del Consuelo eran de llenos completos. Los chicos se pasaban la voz que ‘ese curita era fuera de serie’. Hablaba de fútbol y de los goles de Maradona y con su carisma captaba grandes audiencias. Se salía del libreto espiritual para bromear con los feligreses y le dio un tremendo impulso a su movimiento ‘Escuela para Padres’.

Debutando para consagrar su primera boda, en enero de 1980, le dijo a los presentes: -¿Qué pasa con el novio? La verdad, ¡nunca he visto un novio tan preocupado! Ya imaginarán. Rompió el hielo y fue una hermosa ceremonia.

LAS REFLEXIONES DE PABLO: Como Director Espiritual y Asesor Pedagógico (graduado en la Universidad Católica), ha tocado el alma de cientos de miles de peruanos. Enorme Comunicador Social y Escritor; desde su juventud estuvo ligado a la radio y a la TV, y son famosas sus reflexiones en las redes sociales. Ciclista y de buena correa para soportar chistes. Hace poco fue Director del Colegio Nuestra Señora del Consuelo de Monterrico y de verdad, le faltan manos para atender tantas peticiones. Su carisma y simpatía lo han elevado a ser muy querido en el Perú».

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El sacerdote más joven del mundo en el Perú

El sacerdote más joven del mundo en el Perú

Hola… Hace unas semanas, acompañado por un numeroso grupo de personas, recordábamos el 40 Aniversario de mi Ordenación Sacerdotal. Por espacio y tiempo el día de hoy quiero comentarte una anécdota personal:

«Llegado al Perú, en el año 1979, y pasados algunos meses tuve la oportunidad de celebrar el matrimonio de quien, en los últimos cuarenta años, junto a su esposa y a su brillante hijo, pudimos entablar una linda amistad. Recuerdo su boda, fue una tarde de sábado, en la Capilla del Colegio San Agustín. Un día mi amigo Juan Carlos Mogollón y su esposa vinieron a visitarme; me agradecieron por la ceremonia en la que él y su esposa recibieron el sacramento del Matrimonio; además, me comentó que era Periodista del Diario Expreso y que, habiéndose enterado que yo era el Sacerdote más joven del mundo, le gustaría hacer una nota periodística. Le indiqué que cuando fui ordenado, en España hubo un gran revuelo noticioso: prensa, radio, televisión… y que, al llegar al Perú, mis Superiores pensaron que lo más oportuno era no sacar el tema en los medios de comunicación. Pasaron varios meses…; le dije que preguntaría a mi Superior y si me daba el permiso, yo encantado de hacer esta nota. Y así sucedió.

En una ocasión Juan Carlos Mogollón, acompañado del fotógrafo de la casa, me hizo el primer reportaje en el Perú, escribiendo como él lo hace, con una maestría única y una prosa envidiable, reflejando en el artículo con un titular muy sugestivo: “Sacerdote más joven del mundo está en el Perú y es del Real Madrid”.

El reportaje se hizo en una antigua cancha de frontón en las instalaciones del Colegio San Agustín y las fotos de rigor, naturalmente, fueron buscando la faceta deportiva, además de una foto en la capilla con los ornamentos sagrados para la celebrar la Santa Misa».

Paso a relatarte la nota que escribió mi amigo Juan Carlos Mogollón:

«DE JUAN PABLO A PABLO, HAN PASASO 40 AÑOS DE ESTA HISTORIA. Atrás quedaron los viñedos y el confort de su pueblo en San Román de los Caballeros (León). Esto sucedió en su vida cuando Pablo Larrán García decidió ser sacerdote hace 45 años. Pablo, al concluir sus estudios en los Colegios Agustinos de Valladolid, le dijeron ‘que era muy joven para ser sacerdote’. Mas bien, tenía pinta de ‘rockero’».

Continuará…

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Casualidad del destino

Casualidad del destino

Hola… Agradezco que no haya caído en el olvido la invitación que te cursé el domingo pasado, para encontrar en la vida de los demás motivos especiales que nos puedan demostrar, una vez más, que Dios está presente en nuestras vidas o, si prefieres, en todo acontecimiento de nuestra vida y todo lo que nos sucede está marcado para bien nuestro, en el destino que Dios tiene para cada uno de nosotros.

«Regresemos a la historia de dos jóvenes que se conocieron en una reunión social y congeniaron de tal manera que, lo que fue un casual encuentro, se convirtiera en un cúmulo de coincidencias que los animó a seguir juntos por meses. Decidieron decírselo a sus padres organizando una cena, y así sucedió. Ya en casa de la joven y sentados en la mesa, ambas mamás se preguntaban si se habían conocido en algún momento porque se notaba en ellas que algún día, años atrás, algo les había hecho coincidir. -Creo que tu hijo nació el mismo día que mi hija, ¿es verdad? Contestó la mamá del chico: -Sí, ambos nacieron el mismo día. -¿En qué lugar diste a luz? -En tal clínica. La mamá del chico dijo: -En esa misma clínica di a luz. -¿Recuerdas algún dato anecdótico de ese día, aparte de la maravillosa experiencia de ser madre? -Sí, le dijo la madre de él; recuerdo que en la habitación habíamos dos personas y yo no producía leche materna, por lo que era imposible amamantar a mi hijo y la persona que estuvo a mi lado, quien era madre de la niña, gentilmente se ofreció a darle de lactar a mi hijo durante dos días hasta que me retiré de la clínica. La mamá de la chica le dijo: -Yo fui esa persona; por lo tanto, nuestros hijos fueron hermanos de leche, al menos por dos días.

Aquellos jóvenes continuaron felices y contentos hasta el día de hoy y nunca se cansan de contarles a sus hijos y también lo harán con sus nietos. Un maravilloso momento que coincidió en sus vidas y que no fue otro que la bendición del cielo».

Cerrando esta historia que iniciamos la semana pasada, me queda claro que Dios pone en el destino de cada uno lo mejor del cielo para poder ser felices.

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Una Verdad Divina

Una Verdad Divina

Hola… Hace unos días regresó al colegio nuestro ínclito amigo, el “Filósofo de La Encalada”; cuando llegó me comentó que, por su edad y por la experiencia vivida, podía afirmar, sin temor a equivocarse, que Dios siempre está presente en los acontecimientos más importantes de nuestra vida.

Le comenté a mi amigo que cuando yo era un adolescente, en mi etapa de formación, un sacerdote que apenas tenía 40 años -para mí anciano, por lo que yo tenía apenas 15-, de quien tengo un recuerdo imborrable porque no había clase de geografía -curso que dictaba- que en algún momento nos reiterase esta frase del Profeta Jeremías: “Antes que tú nacieras, Yo, dice el Señor, te tenía pensado; antes de formarte en el vientre materno, te escogí; antes que salieras del seno materno, te consagré y te nombré Profeta de las Naciones”.

El “Filósofo de La Encalada” me escuchaba atentamente poniendo mucha atención a cada una de mis expresiones; colocando su mano derecha en la barbilla y mirándome fijamente a los ojos, me dijo: -Pablo, si el mundo y, por ende, la humanidad fueran conscientes de esta Verdad Divina, otra sería la realidad de los humanos. Continuó diciéndome: «Un día, en una reunión social, coincidieron dos jóvenes que por primera vez se veían. Él, galante, le ofreció una gaseosa y ella aceptó; se pusieron a conversar y la chica asombrada veía cómo él le intuía sus pensamientos. Para ella esto jamás lo había vivido; pero no solo eso, coincidieron en que ambos nacieron el mismo día y el mismo año, además disfrutaban de la misma música y películas. Aquello se puso interesante y quedaron en verse al siguiente día y al otro día y al otro día… Para esto, no se lo comentaban a su familia hasta que un día el chico le preguntó si sería bueno contárselo a los papás porque nada malo estaban haciendo, pues daba la impresión que aquello iría en serio para los dos.

Después de pensarlo por algún tiempo, buscaron la manera más propicia de poder juntarse en la casa de uno de ellos, previo consentimiento de los papás. Ambos conversaron con sus progenitores y estos, sumamente encantados, les indicaron que podrían cenar en la casa de la mamá de la chica por lo menos para conocerse. Cuando llegó el día pactado el chico y sus padres acudieron a la casa donde vivía la chica. Llegaron a una buena hora, aparcaron su carro, tocaron el timbre y salieron los papás de ella a recibirlos…». Aquí pasó algo maravilloso que, por el espacio de nuestra columna, me gustaría ampliarlo el próximo domingo, donde te podría contar, si tú me lo permites, qué sucedió aquella noche en este hogar.

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Edificando nuestra fortaleza interior

Edificando nuestra fortaleza interior

Hola… Hace muchos años, en un frondoso bosque, vivían toda clase de animales, pero en particular una lechuza y una tórtola habían congeniado de tal manera que habían logrado ser grandes amigas. Un día la tórtola se acerca donde la lechuza y ve que está haciendo su equipaje, aparentemente para irse muy lejos y por mucho tiempo. La tórtola le preguntó: -¿Te estás yendo de aquí? -Sí, amiga tórtola, le dijo la lechuza; me iré y muy lejos. Y la tórtola le replicó: -¿Te ha pasado algo grave? -Sí, le dijo, la gente de este lugar no le gusta mis graznidos; se ríen, se burlan de mí e incluso me humillan.

Quedaron en silencio por breves momentos, hasta que la tórtola le dijo: -Querida amiga, si logras cambiar tu graznido no sería buena idea que te vayas y si no lo puedes hacer, ¿qué sentido tiene que te mudes? porque a donde vayas encontrarás, también, gente a la que no le guste tu chillido. ¿Qué es lo que vas a hacer?, ¿volver a mudarte? Te conozco y eres mi buena amiga, por eso te ayudaré en lo que pueda, sobre todo para que no pierdas tu tranquilidad, tu serenidad y tu equilibrio, aunque a algunas personas no les guste los sonidos que emites.

Allí quedó la conversación. Esta historia del bosque no será difícil pasarla a la vida de los humanos y reflexionar en voz alta, pensando que no siempre le gustará a todo el mundo aquello que hacemos, ni tampoco es para que nos sintamos deprimidos si alguna vez no nos valoran e incluso hasta nos desprecian o, en su defecto, nos menosprecian. Eso es parte del juego de la vida; lo importante es que nos aceptemos a nosotros mismos y si en verdad queremos superarnos, nos daremos cuenta de que toda crítica nos puede servir de reflexión y si nosotros la sabemos encauzar, con ello nos están haciendo un favor.

Es cierto que vivimos en una sociedad muy sensible, pero también es cierto que cada día que pasa debemos fortalecer nuestro “yo” interno para poder asumir las injusticias que hay a nuestro alrededor.

Aprendamos a ser críticos con los demás, pero siempre con discreción, con cariño y con humildad.

Recordando a la lechuza y la tórtola, pienso cómo a ambas, siendo dos especies diferentes, las puede unir la “amistad”.

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Una fe inquebrantable

Una fe inquebrantable

Hola… Esta mañana, al escribir la presente columna, me encontré un texto de los Hechos de los Apóstoles donde se narra el pasaje en el cual los apóstoles fueron llevados al Sanedrín y el Sumo Sacerdote los interrogó diciéndoles: “No les habíamos prohibido terminantemente enseñar en nombre de este. En cambio, ustedes han llenado Jerusalén con sus enseñanzas. Pedro y los apóstoles respondieron: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”.

Soy consciente de que vivimos una época donde el valor de la palabra es sumamente cuestionable, porque hoy en día mucho de lo que dijimos ayer lo negamos; o lo que años atrás negamos con firmeza, hoy, por conveniencia, lo defendemos con un ardor inusual. Ciertamente, el correr de los siglos muestra cómo la historia de la humanidad va cambiando y se logran metas impensables ayer; por ejemplo: la sal, que era la moneda con que se pagaba o se hacían transacciones económicas, hoy los médicos recomiendan no abusar de ella.

Pero no va por allí nuestra conversación de hoy; lo que quiero es que te preguntes si aquellas afirmaciones que fundaban los principios de tu vida –respecto a Dios-, cuando eras un niño o un adolescente, las sigues manteniendo hasta hoy, o pudiera darse el caso de que las conveniencias de nuestro tiempo te hagan negar a Dios, o simplemente postergarlas a hechos muy puntuales de tu vida, sin comprometerte socialmente.

El texto bíblico nos dice que Pedro y los apóstoles fueron duramente castigados; sin embargo, ellos se mantuvieron firmes en la fe por encima de los castigos y de las incomprensiones.

Creo que este es un tiempo de definiciones y nuestra fe en Dios ha de ser inquebrantable; ni el tiempo ni las circunstancias nos deben hacer cambiar. No son tiempos fáciles, hay muchas fórmulas en nuestra sociedad cuyos intereses, a veces, no conocemos o podemos intuir que nos arrastran hacia las mayorías, pero la fe perseverante en Cristo Jesús ha de estar por encima de los vaivenes de la historia.

Te pido un minuto, nada más, para que reflexiones a nivel personal si aquellos momentos de fe que te hicieron sentir en plenitud en tu vida, hoy han cambiado; o bien porque la mayoría piensa distinto que tú, o bien porque no estás dispuesto a renunciar a los placeres de la vida. La pregunta y la respuesta solo dependen de ti.

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Mis valores hasta el final

Mis valores hasta el final

Hola… El día de hoy quiero descifrar el valor de una palabra clave en la definición de un ser humano: ABNEGACIÓN y se refiere a la renuncia voluntaria a los propios deseos, afectos o intereses en beneficio de otras personas; por ejemplo: Una madre que se olvida de ella misma y se sacrifica y vive por sus hijos.

Te cuento esta historia: Cartago estaba en luchas contra Roma y los cartagineses tenían a un romano prisionero llamado Régulo. Cartago quería la paz; por ello tenía que enviar a un hombre para negociar y pensaron en Régulo, a quien, bajo juramento, le exigieron regresar si su misión no tenía éxito, pues debía estar muy emocionado de poder ver nuevamente a su amada Roma. Quedarse en su patria era lo que más deseaba si se concertaba la paz; sin embargo, la paz no llegaba de Roma a Cartago, por lo que Régulo debía regresar a la prisión de Cartago. Su familia, que vivía en Roma, insistía en que se quedase a vivir con ellos porque si regresaba a Cartago era muy probable que lo mataran, ya que su juramento había sido bajo presión.

Escuchen con atención estas palabras que dijo Régulo a su familia: «Bien sé que me esperan tormentos y muerte al regresar. Pero ¡qué cosa más insignificante es todo esto!, comparado con la vergüenza de una acción infame, con las heridas de un alma culpable. Aún, siendo prisionero de los cartagineses, quiero conservar el carácter romano en su santa pureza. He jurado regresar y cumpliré con mi deber. El resto, déjenlo en manos de los dioses». Régulo regresó a Cartago y los cartagineses, después de infringirle grandes tormentos, le dieron muerte.

No es cuestión, desde estas líneas, decir a cada uno de ustedes qué es aquello que debes o no hacer, pero sí me atrevo a expresar, en voz alta, que no podremos construir algo grande en nuestras vidas si no somos capaces de defender «hasta la muerte» nuestros valores y principios.

El carácter, la fidelidad y la abnegación no son negociables, o somos o no somos, porque si la mayoría no llenamos de contenidos con nuestras acciones estos valores y principios, poco podremos esperar de nuestra sociedad, porque cada uno construirá su propio bunker y nunca saldrá ni dejará entrar a nadie en él.

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Caminos que nos falta recorrer

Caminos que nos falta recorrer

Hola… En la presente semana, tanto el martes como el miércoles y el viernes, vamos a vivir la santidad de tres personajes importantes de la historia de la iglesia. El martes 27 de agosto tendremos la experiencia de Santa Mónica, mujer africana, quien vivió en el siglo IV de nuestra era cristiana, al igual que San Agustín, su hijo. Más de mil años de la época de Mónica y de Agustín y ya en el Continente Americano nos encontramos con nuestra Santa Limeña, Santa Rosa.

Ni por la distancia en el tiempo ni de lo físico de Europa y América se puede pensar que fueron vidas diferentes, porque a los tres les une “una profunda fe en Dios”.

Por el tiempo y el espacio no me detendré en cada uno de ellos, sino que desde mi perspectiva te indicaré algunas posibilidades que tendremos tú y yo para poder aprender de ellos valores cristianos que, entiendo, nos hace mucha falta en nuestro siglo XXI.

Santa Mónica: Se conocía a sí misma tanto que, desde su confianza en Dios, pudo ser perseverante en la tarea que el cielo le había dado: encauzar las vidas de Patricio, su esposo y de Agustín, su hijo. Podríamos decir que supo estar por encima del desaliento. Patricio, un hombre, digámoslo así: clase “Z”, o mejor en palabras modernas: fue lo peor que le pudo tocar, pero Mónica sabía que contaba con la ayuda del Señor y logró convertirlo al cristianismo.

San Agustín: Un hombre incansable en la búsqueda de la Verdad. Mónica lo supo esperar. Agustín, a su vez, tuvo la grandeza de que, cuando fue tocado por Jesús, no le dio la espalda, sino el corazón.

Santa Rosa de Lima: Una mujer bellísima de cuerpo y alma, marcó para el Perú y América un camino de santidad y de vida abnegada, confiando plenamente en el valor de la oración y logrando su santificación a través de las obras de misericordia que realizó.

Por supuesto que de ellos podríamos escribir todo un periódico; por mi parte, simplemente, quería trazar caminos que cada uno de nosotros, amigos lectores, debemos de recorrer.

No es un pecado imitar cuando logramos con ello hacer de nuestras vidas una copia de los más grandes de nuestra historia de salvación; en este caso Santa Mónica, San Agustín y Santa Rosa de Lima.

Desde aquí les imploramos su bendición, de la misma manera que hacemos de sus vidas un itinerario para nuestras vidas, de perseverancia, de interioridad y de conquistar la belleza del alma, porque “el cuerpo es prestado, el alma es eterna”.

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¡Vivamos una fiesta!

¡Vivamos una fiesta!

Hola… El día martes de esta semana me visitó, en el colegio, mi gran amigo el “Filósofo de La Encalada”. Sabía que yo había viajado, al mismo tiempo quería enterarse de las actividades que tendríamos en el plantel durante estas fiestas de nuestro Patrón, San Agustín. Le comenté que el viernes 23 de agosto, a las 7.00 de la noche, en el auditorio, se realizará una puesta en escena para conocer al posible Primer Mártir de la Iglesia Católica en el Perú. Él es un sacerdote agustino que vivió en el Cusco, concretamente en Vilcabamba. El P. Gustavo, agustino, escribió una biografía del P. Diego Ortiz subtitulándola así: “Misionero Fiel”. Con ello, queremos los agustinos que todos nuestros compatriotas conozcamos la vida de este hombre que, siendo fiel al evangelio, lo vivió hasta las últimas consecuencias. Entiendo, me dijo mi amigo el “Filósofo de La Encalada”, que este ejemplo del P. Diego Ortiz no estaría mal que lo tuviéramos en cuenta en nuestras vidas. Mencionó, también, lo siguiente: Siempre procura ponerte algo que convine; por ejemplo: “La cabeza que haga juego con el corazón y las palabras con el respeto y la buena educación”. Justamente, le digo, creo que este es uno de los motivos por lo que los agustinos queremos propalar la vida de este hombre, Diego Ortiz; lo resumiste perfectamente en la frase que me acabas de indicar. Ser consecuentes con lo que pensamos, poner en cada acción nuestro corazón y evitar en la medida de lo posible herir la susceptibilidad de los demás.

Además, comuniqué a mi amigo que, el sábado 24, en las instalaciones del colegio, durante todo el día, estaremos celebrando la “Fiesta de San Agustín”; una festividad para todas las edades. Nunca antes habíamos tenido esta experiencia, pero escuchando las palabras del Papa Francisco: “¡Hagan lío!”, sentimos que vivir el evangelio es vivir una fiesta; por ello, amigo lector, estás invitado a ella. Mi amigo, el “Filósofo de La Encalada”, se dio por aludido y me dijo que de ninguna manera me iba a fallar ni el viernes ni el sábado.

Es verdad que 1,600 años son muchos para poder pensar que una persona que viviera en esa época, pueda enseñarnos algo a la humanidad del siglo XXI; sin embargo, puedo decir que cada día que pasa entiendo que “las estrellas, no porque tengan millones de años han dejado de brillar”. De igual modo, los grandes hombres de la historia siguen brillando en nuestro presente.

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