¿Cómo actuar con prudencia?

¿Cómo actuar con prudencia?

Hola… El próximo martes 19, la Iglesia, en su liturgia, honra la memoria de una persona que, en nuestra historia de salvación, no habló ni una sola palabra; lo que se refiere a que, leyendo el Nuevo Testamento, desde el primer evangelio hasta el apocalipsis, de José no conocemos ni una expresión; sin embargo, ese hombre de pocas palabras contribuyó a que se diera en la historia de la humanidad el Plan Salvífico de Dios.

Por si hubiese algún despistado, que a veces somos varios, les contaré que José es el esposo de María y padre putativo de Jesús. Según la tradición judía se configuraban las parejas, normalmente, en base a los criterios de los papás de ambos y por un cierto tiempo la pareja no vivía junta, siendo este el caso de José y María.

Por obra y gracia del Espíritu Santo, María queda embarazada de Jesús y, naturalmente, se lo comenta a José. Fue un choque fuertísimo al conocer la noticia; no obstante, cuán grande es el mensaje de José cuando en su prudencia supo mantener la calma, tomarse un tiempo de reflexión y escuchar a Dios.

Hoy me pregunto, en los tiempos de la rapidísima comunicación, como puede ser el Skype, Whatsapp, Instagram, Facebook…, ¿qué hubiera sucedido si José, dos mil años atrás, los tuviese a mano? Sinceramente, pienso que hubiese procedido como actuó en aquel momento: PRUDENTEMENTE. Y es que la prudencia nos remite a un campo mental que nos da la tranquilidad necesaria para que, a la hora de juzgar y actuar, tengamos todo el conjunto de elementos que son impostergables para hacer bien las cosas.

Pareciera que hoy en día, valga la metáfora, pensamos más en la adrenalina de saltar de un avión a tierra, que preguntarnos primero si tenemos puesto el paracaídas. Me da la impresión que muchos de nosotros vivimos la aventura de la vida olvidándonos de los principios básicos: la prudencia, la reflexión y, si me apuras un poco, para mí, esta es una palabra clave: la conveniencia. Podríamos decirlo de otra manera, pero con el mismo significado, si es que somos capaces de buscar los tiempos y los espacios apropiados para decir nuestra verdad.

Deberíamos mirar un poquito más la figura de SAN JOSÉ y aprender de él cómo la PRUDENCIA lo llevó a la reflexión y la reflexión a la trascendencia.

La Biblia dice: «el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, descendiente de David, no tengas miedo de llevarte a María, tu esposa, a tu casa; que está esperando por obra del Espíritu Santo; tú eres el que pondrás el nombre al hijo que dará a luz. Y lo llamarás Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». Mateo 1, 20-21.

“El envidioso inventa el rumor, el chismoso lo difunde y el idiota se lo cree”

Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe

 

El amor más puro

El amor más puro

Hola… El día de hoy daremos un viaje imaginario a Sudáfrica y si nos queda tiempo, regresaremos a nuestra querida América para conocer una linda historia que sucedió el año pasado en la ciudad de Rosario – Argentina.En África nos encontramos en una reserva de elefantes que, por muchos años, cuidó Lawrence Anthony. A esta reserva llegaban elefantes heridos, enfermos, maltrechos… y con mucho amor y paciencia, nuestro querido amigo Lawrence Anthony los cuidaba dándoles toda clase de mimos y cariños, por lo que ellos retribuían su afectuosidad con él.

En la ancianidad, Lawrence se retiró de la reserva a una casita muy bonita que se encontraba a unos treinta kilómetros de este lugar, donde pasó sus últimos días hasta que le sobrevino la muerte… y, en la reserva de los elefantes, algo maravilloso e increíble sucedió ese día: Uno a uno y, por un número de treinta, formaron una fila india dirigiéndose hacia la casa de Lawrence. Reitero, “motu propio”, sin que nadie les dijera nada ni los cuidara los dos días de camino que demoraron en llegar al hogar de Lawrence, sin detenerse, sin beber agua, sin comer absolutamente nada… Ya, en el lugar, dieron vueltas y vueltas alrededor de la casa. Cumplido este ritual se regresaron a la reserva donde vivían.

No tengo mayor comentario a esta historia, que lo mismo que me asombro ante una obra de arte, ante un invento maravilloso del ser humano, ante el heroísmo de alguien que salva a otra u otras personas, de igual manera, al conocer estas noticias, me siento feliz de haber nacido en este planeta.

Volaremos a Rosario – Argentina para conocer la historia de un perrito ovejero que, por años, estuvo en la casa de un Doctor, Abogado él. Muere este, el perrito desaparece y después de haber velado al difunto y ser enterrado en el cementerio de la ciudad, pasado cuatro días, la familia del Doctor recibe una llamada desde el campo santo y le comunican que, sobre la tumba del Abogado había un perro. Inmediatamente, la familia acudió a dicho lugar y se dieron con la sorpresa de que era el perrito del Doctor.

Cabe decir que el Doctor nunca llevó a su perrito al cementerio y, por obvias razones, nunca le enseñaron su tumba. ¿Qué fue lo que pasó?
Para el próximo domingo te doy mi explicación.“El envidioso inventa el rumor, el chismoso lo difunde y el idiota se lo cree”

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe

La melodía de Dios

La melodía de Dios

Hola…  Después de algunos meses me encontré con el “Filósofo de la Encalada”, allá, en la banca de toda su vida; al despedirnos prometió visitarme nuevamente al Colegio San Agustín, como lo hizo por años, y cumplió. Hablamos de muchos temas y viendo a los jóvenes corretear por los patios, me contó esta historia:

“Hace muchos años un poblador de la selva escuchó el canto de un jilguero. Jamás en la vida había oído una melodía igual. Quedó enamorado de su belleza y días después salió en busca del pájaro cantor. Encontró a un gorrión y le preguntó: -¿Eres tú el que canta? El gorrión le contestó: -Claro que sí. -Ya pues, canta, le dijo el poblador. El gorrión cantó y lo hizo muy bien, pero el poblador se fue pensando: -No es este el canto que yo escuché. En su caminar se encontró con una perdiz, un loro, un águila, un pavo real… Y todos le dijeron lo mismo, pero ninguno de ellos conectó con su interior donde tenía grabada la música de aquel canto celestial. Cada vez que lo recordaba, sentía que era un canto único y distinto, que jamás podría confundirlo con ningún otro.

Seguía buscando y un día volvió a escuchar aquella melodía; se detuvo, ubicó la dirección, midió la distancia… Se acercó sigiloso como buen conocedor de la zona, parecía que sus pies volaban para no hacer ruido y espantar al pajarito. Y allí lo vio. No necesitó preguntarle si era él. Lo supo desde la primera nota que oyó. Lo miró y volvió feliz a su aldea, había vuelto a escuchar al pájaro de sus sueños”.

 El “Filósofo de la Encalada” me miró fijamente a los ojos y me dijo: -Pablo, tú eres el responsable de estos jóvenes, ayúdales a descubrir a cada uno de ellos LA MELODÍA DE DIOS. Vienen de familias constituidas, pertenecen a una sociedad Milenium y se proyectarán hacia un mundo que tú y yo veremos ya muy ancianos, pero en cualquier tiempo y en cualquier lugar enséñales a escuchar LA MELODÍA DE DIOS.

 Al retirarse el “Filósofo de la Encalada”, pensé en aquella frase que resumía el sentir de un amigo que me dijo: -Por qué será que, aunque pasen los años y aún desde la distancia, uno nunca deja de escuchar el clamor de la sangre. Él es mi padre, ella es mi madre, él es mi hijo…

Dos razones para educar bien: Una, que escuchen el sonido de Dios grabado en sus almas y, la otra, la fuerza de su sangre que da vida a su corazón.

“Un educador no es un simple informador; sino el que señala el camino hacia la sabiduría y la verdad”

Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe 

Mil estrellas por descubrir

Mil estrellas por descubrir

Hola…  Es verdad que hasta octubre del año pasado viví en la Parroquia que tiene el Templo más bello del Perú, una auténtica obra de arte construida por los artesanos de La Encañada – Cajamarca. Me trasladan al Colegio San Agustín de San Isidro, pero coincidiendo en esta semana con una misa que tuve en dicha Parroquia, fui a Monterrico y, para mi agradable sorpresa, terminada la celebración eucarística, alrededor de las nueve de la noche, encontré al Filósofo de La Encalada en una banca de la avenida, pues hacía mucho tiempo que no lo veía. Me dijo: – Pablo, mira la luna. -Sí la he visto, es inmensa, le respondí -y justo, en ese momento, estaba despejada de nubes, por lo que se podía distinguir con nitidez-. -Me han contado que estás nuevamente en el Colegio San Agustín. -Sí, le contesté, pero nunca podría olvidarme de la Parroquia Nuestra Señora del Consuelo. -¿Tienes tiempo?, me preguntó. –Claro, le dije. Y me contó esta historia:

“Un día se reunieron en un rincón del cielo las estrellas más famosas del firmamento. Allí estaba la Estrella Polar, que contaba con orgullo cómo ayudaba al hombre a fijar el norte de sus caminos y de sus mapas; cuando esta concluyó de hablar, el Sol dijo: -Yo soy el más importante de todos los aquí reunidos, porque sin mí en el planeta tierra no habría vida. Le tocó el turno a una estrella, quien indicó que, gracias a ella, Einstein confirmó su teoría.

Por más de dos horas se sucedieron las estrellas rivalizando en fama y esplendor. Solo una se mantuvo callada todo el tiempo. Poco antes de terminar esta magna reunión, todas la señalaron preguntándole: -¿Y tú quién eres? Ella dijo: -Los hombres no me conocen, ellos aún no me han descubierto; sin embargo, yo también estoy contribuyendo al progreso y bienestar de los hombres de la tierra, pero el hombre es inteligente y como dice San Agustín: «El hombre es un incansable buscador de la verdad» y ha descubierto que todavía hay estrellas que no conoce, por eso continúa estudiando, observando, buscando… y con ello avanza su ciencia siguiendo despierto su interés. Nadie niega el valor de ustedes, pero yo represento el futuro y la necesidad de encontrar algo nuevo, por eso la historia de la humanidad no se detiene”.

“Si no quieres sufrir, no ames… Y si no amas, ¿para qué quieres vivir?”

Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe 

Amar para vivir

Amar para vivir

Hola…  Estando en el mes de febrero y no escribir sobre el amor, sería para mí una falta imperdonable.

            Hace unos días en el silencio de estas noches de verano, aquí en Lima, sentado en mi oficina, observaba a través de los ventanales de esta, el cielo cargado, pareciendo que iba a llover; no obstante, por medio de la imaginación pude traspasarlo y convertirlo en un cielo limpio lleno de estrellas y de sueños, y recordé aquella historia de amor de una pareja que vivió 60 años de casados.

Un día cuando la esposa bajaba las escaleras del segundo piso, resbaló y cayó como consecuencia de un infarto fulminante. El marido la cargó como pudo, la colocó en su auto y cruzó la ciudad sin respetar nada ni a nadie; la vida de su esposa era lo más valioso, pero no logró que se salvara, ya que ella llegó cadáver al hospital.

            Al día siguiente se realizó el sepelio, el hombre apenas habló y solo lloró, su mirada estaba perdida. Ya en casa, siendo de noche, reunido con sus hijos, comenzaron a recordar a su madre. En un momento dado preguntó a uno de sus hijos, que era sacerdote: -¿Dónde puede estar tu madre en este instante? El papá lo escuchó atentamente y cuando su hijo terminó de hablar les dijo: -Vayamos todos juntos al cementerio. -Pero papá, dijeron ellos, son las once de la noche. Y con voz firme les respondió: -Les pido un favor, no discutan con un hombre que ha perdido a su esposa con la que ha vivido 60 años.

            Llegaron al cementerio, fueron ante la tumba y el papá oró de rodillas, se levantó y dijo: -Hijos míos, ella y yo estuvimos unidos en cada crisis, juntos hicimos equipaje cuando nos mudábamos a otras ciudades, compartíamos la alegría de verlos a ustedes terminar sus carreras, llorábamos juntos en los hospitales cuando alguien estaba enfermo, nos apoyábamos en el dolor, nos abrazábamos cada Navidad y siempre nos perdonábamos los errores. Estoy feliz que se haya ido antes, porque ella no hubiera resistido el haberme enterrado y el quedarse sola después de mi partida. La amé y la sigo amando tanto, que no soportaría la idea de que ella tuviera que sobrellevar mi muerte.

            En el mes de febrero, mes del amor, es muy importante que desmitifiquemos los falsos amores y entendamos que “el verdadero amor es entrega y sacrificio”. Y como dice mi padre: El amor lo puede todo.

“Si no quieres sufrir, no ames… Y si no amas, ¿para qué quieres vivir?”

            Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe 

 

Las experiencias marcan las rutas

Las experiencias marcan las rutas

Hola…  Unos amigos vinieron a visitarme e ingresaron a mi oficina del Colegio San Agustín. Cuando llegué al Perú, ellos estudiaban los últimos años de secundaria y los preparé para que reciban el Sacramento de la Confirmación. De esto han pasado casi cuarenta años y, después de mucho tiempo, se juntaron a raíz de lo dispersos que estaban por el mundo debido a sus trabajos; indudablemente, uno de sus propósitos fue recorrer su querido Colegio San Agustín.

            Cuando ellos me conocieron, yo apenas estaba comenzando la base “2”, ahora ya estamos en base “6” y esto nos sirvió, además de caminar por las instalaciones del colegio, para conversar sobre este tema tan importante en la vida de los seres humanos, como es la “experiencia” y cómo era necesario aprender de los errores para no volver a cometerlos.

            Uno de ellos nos contó esta anécdota que, siendo tan simple, es muy aleccionadora: “Dos cazadores alquilaron una avioneta para ir a las montañas donde acostumbraban ir de caza una vez al año. Pasaron dos semanas y el piloto regresa para recoger a los dos pasajeros encontrándose con que ambos habían cazado dos búfalos para llevárselos. El piloto les dijo: -Me van a disculpar, pero con las justas esta avioneta puede llevarnos a los tres; solo sería un búfalo, el otro lo dejarían aquí. Uno de los cazadores le dice al piloto: -El año pasado, con un avión exactamente igual que este, se nos admitió llevar dos búfalos, no entiendo por qué usted no nos lo permite. -Está bien, le dijo el piloto, si ya lo han hecho, hagámoslo nuevamente. El avión despega con los tres hombres y los dos búfalos, pero no pudo ganar altura, se salió de la pista y se estrelló contra unos árboles. Los hombres salieron de la nave con las justas y cuando estaban juntos el uno le dice al otro: -¿Dónde estamos? Y el otro le contesta: -Me parece que nos encontramos a cien metros hacia la izquierda del lugar que nos estrellamos el año pasado”.

            Contada esta historia sencilla, pero significativa, nos damos cuenta que la experiencia en nuestra existencia marca las rutas por las que debemos caminar y nos hace recordar que las leyes de la vida son eternas y Dios las puso para respetarlas. Los cazadores no aprendieron del error ocurrido anteriormente.

“No temas a los enemigos que te atacan. Teme a los amigos que te adulan”
Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe

El abrazo del alma

El abrazo del alma

Hola… Sucedió la semana pasada en el encuentro del Santo Padre con los jóvenes participantes de la JMJ. En un momento dado, Francisco recorría una avenida en la cual había miles de jóvenes expectantes al paso del Papa; todos ellos le tomaban cientos de fotografías; el Papa saludaba y bendecía a los jóvenes. Sin embargo, la foto que estoy viendo en estos instantes muestra a un joven ubicado en la primera fila y sin cámara o celular en sus manos, estas las tiene unidas en actitud de oración; el Papa, al pasar junto a él, se detiene unos segundos, mira a los ojos del joven y lo bendice.

            Miles de adolescentes tendrán hoy en sus celulares fotos que muestran lo cercano que tuvieron al Santo Padre y la cantidad de fotografías que le tomaron en su caminar por las vías panameñas. No obstante, yo me quedo con la imagen de este joven que, si bien es verdad, en esa ocasión no tomó ninguna foto al Papa, pero estoy seguro que jamás olvidará la mirada y la bendición del Santo Padre porque en ese rato, entre ambos, no se interpuso nada.

            Me viene a la memoria una foto que ha dado la vuelta al mundo y fue tomada en el Mundial de Fútbol, año 1978. Se disputaba la final donde Argentina conseguiría ser Campeón del Mundo. Los miles de fanáticos del fútbol y, de manera muy especial, los argentinos, ante el pitazo final y saber que, a partir de allí y por los próximos años, serían los Campeones del Mundo, no solo fue la alegría de los jugadores, sino de sus seguidores. La foto resalta al portero de la selección argentina apellidado Fillol, quien, terminado el partido, a unos metros de la portería, se hinca de rodillas y con los brazos elevados hacia el cielo da gracias a Dios por el título conseguido, pero además de los cientos de entusiastas que habían saltado al terreno de juego, uno de ellos corre dirigiéndose a Fillol para abrazarlo; nada tendría de raro esta imagen ni sería tan poderosa si no fuera porque a aquel joven le faltaban los dos brazos. A esta foto se le llamó “EL ABRAZO DEL ALMA”.

            Hay momentos en la vida que lo más importante no es aquello con lo que hacemos las cosas, sino cómo las hacemos. En la primera imagen que te relaté queda reflejada en ella y para toda la vida del joven: “LA MIRADA DEL PAPA”. En la segunda: “EL ABRAZO DEL ALMA”.

“Nunca sabe un hombre de lo que es capaz hasta que lo intenta”

Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe

 

Esta es una historia real

Esta es una historia real

Hola… Puede que su nombre sea Daniel, pero lo que sí estoy seguro es que él nació en una familia católica y su vida de alumno transcurrió en las aulas del Colegio San Agustín, desde el cual hace unos meses comparto contigo esta columna.

            Daniel desea casarse en la Capilla del Colegio, está naturalmente muy ilusionado y no es para menos, porque un día, de la forma más inesperada, cayó de un edificio desde una altura que fue lo suficientemente grande para perder completamente la motricidad de sus piernas.

            Esta semana lo recibí en mi oficina, camina con un bastón y mucha dificultad, pero lo hace con una sonrisa de oreja a oreja, que hace de Daniel un hombre feliz.

            Un día los médicos terapistas intentaron convencerle de que el golpe recibido en la caída tendría consecuencias irreversibles y que caminar, para él, sería ya una misión imposible. No obstante, Daniel se escuchó a sí mismo y aquellos valores recibidos en su hogar y en su colegio, el San Agustín, le decían que nada hay imposible mientras uno quiera luchar y luchó. Hoy puede caminar erguido en la vida. El próximo año se gradúa de Médico y entenderás que su opción en la Medicina no fue otra que la de Terapias para poder caminar.

            Daniel me dijo: -Pablo, cuando delante de mí se presente un paciente que tenga lo que yo tuve, le voy a decir que, en mi caso, lo logré porque mi espíritu de superación y la confianza en Dios y en mí -que mi familia y el San Agustín me dieron- no me permitieron fracasar. Quiero una familia donde mis hijos se sientan orgullosos de su mamá y de su papá.

            Amigo lector, cuando cada día de nuestra vida el cielo se abre para enviarnos un ángel con un mensaje divino, no le demos la espalda. La historia de Daniel es real, lo que te he contado es real, pero queda en estas líneas una importantísima segunda parte. ¿Cuántos de nosotros nos atrevemos a aprovechar estos mensajes del cielo? No estaremos entre el grupo de quienes pensamos que solo es comida aquello que recibimos como “papilla”, o no será mejor -valga la metáfora- que la mejor comida ha de ser aquella que plantamos, regamos, recogemos y preparamos, porque todo el esfuerzo vertido en este proceso nos va a demostrar de lo que somos capaces.

            Desde esta columna elevamos oraciones para el fiel desempeño del P. Carlos Gustavo Castillo Mattasoglio, exalumno del Colegio San Agustín, en la Iglesia de Lima.

“Nunca sabe un hombre de lo que es capaz hasta que lo intenta”

Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe

 

Sembrar y cosechar

Sembrar y cosechar

            Hola… En el curso de la presente semana llamé a dos instituciones privadas y a una institución pública. En los tres casos se dio un denominador común: los teléfonos de las tres entidades se encontraban conectados con un Call Center; por lo tanto, la comunicación era impersonal, sin nadie al otro lado y cero afectos.

            Entiendo la necesidad de una sociedad cada vez más tecnificada, pero siento que estamos perdiendo lo más sagrado de los seres humanos, que es la capacidad de comunicar sentimientos.

            Sentado en la oficina del Colegio San Agustín, observo en el patio a un grupo de jóvenes adolescentes que están viviendo su verano útil y, al mismo tiempo, recordaba la historia de María, Profesora de hace muchísimos años que, recién graduada en la Escuela del Magisterio de su ciudad, fue enviada a una de las escuelas más pobres de aquel lugar. Los papás de María no estaban conformes con aquella designación, pero ella se sentía la mujer más feliz del mundo; no obstante, comenzaron a apoyarla con lo que estuviera a su alcance. En invierno, muy temprano, aún a oscuras y haciendo mucho frío, su papá solía acompañarla a la escuela y a media mañana su mamá preparaba unas ricas tortas de pan que, con su hija, entregaban a los niños para, por lo menos, darles un poquito de alimento. La hermana de María trabajaba en una empresa donde le conseguía hojas, tizas y lapiceros. Pasaron los años, María se casó, tuvo sus hijos y compró una casita muy cerca de la escuela donde llegó a ser Directora. Fundó una escuela nocturna para que los papás de los estudiantes y hasta los abuelos pudiesen terminar su secundaria.

            María, ya anciana, estaba solita en su casa y uno de los días en que una de sus hijas la visitaba, le dijo: -Mamá, ¿por qué no te vienes a vivir conmigo? Ella le contestó -No hija, aquí me siento feliz. Todo estaba organizado en casa, limpieza, refrigeradora llena… Y, después de unos minutos, la hija le hizo otra pregunta: -Mamá, ¿quién te está ayudando para que todo se mantenga en perfecto orden? En ese momento se abrió la puerta de la casa y dos antiguas alumnas de María entraron trayéndole comida.

            Posiblemente esto sea un sueño, pero estoy empeñado en hacer realidad de que cada día sea más humano y entender el salmo 126 que dice: “Los que siembran entre lágrimas, cosecharán con alegría”.

“Vivimos bajo el mismo techo, pero ninguno tenemos el mismo horizonte”

            Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, OSA.
pablo@sanagustin.edu.pe

La ecuanimidad en la familia

La ecuanimidad en la familia

            Hola… Hace muchos años, en un lejano país, vivía un acaudalado hombre que tenía dos hijos. Estaba preocupadísimo porque sabía que, al morir, el problema de los hermanos era muy grande debido a la ambición que tenían. Ellos pensaban de esta manera: “Mi otro hermano ha recibido más que yo”.

            Murió el acaudalado hombre y sucedió exactamente lo que pensaba; los hermanos entraron en una disputa interminable a la hora de repartir la herencia.

            No viendo arreglo alguno, decidieron acudir donde un Juez, quien escuchó cuidadosamente cada uno de los argumentos que ambos le exponían. Después de varias horas de escuchar a los dos, les dice: -Haré una pregunta a cada uno. -¿Usted es capaz de jurar que su hermano ha recibido en herencia una parte mayor que la suya? Y contestó sin titubear: -Estoy totalmente seguro que mi hermano recibió una herencia más grande que la mía. Luego, el Juez preguntó al otro: -¿Es usted capaz de jurar que, también, su hermano ha recibido una parte mayor que la suya? Y respondió: -Categóricamente sí, él recibió una parte mayor que la mía.

            Escuchando los argumentos, el Juez les dice a ambos: -Ya que estáis convencidos de aquello que os he preguntado, mi sentencia es que os intercambiéis vuestras respectivas herencias. Y el Juez ordenó la ejecución inmediata de su sentencia.

            Todo ser humano, en el marco de su realización personal, desde el instante mismo de la concepción, se distingue por su unicidad y al tiempo nos damos cuenta que, siendo únicos e irrepetibles, tenemos iguales defectos como la envidia, los celos, la codicia, …

            Nos cuesta mucho el ser ecuánimes y objetivos con aquello que tienen los demás y, quizás, a modo de anécdota, pero que ya es un síntoma inequívoco de que algo no está caminando bien, es cuando vemos en una mesa a la familia comiendo una porción de pollo y por allí escuchas a uno de los hermanitos: -¿Mami, por qué a mi hermano le has dado más que a mí?, sabiendo que en los padres siempre habrá una justa distribución porque para una madre todos sus hijos son iguales.

            Toma estas palabras como una reflexión en voz alta. Pienso que si la familia cuida el valor de la ecuanimidad entre esposos y en su relación con sus hijos, estoy seguro que desde allí estamos ya construyendo un gran país.

            La avaricia es la madre de todas las guerras.

“Vivimos bajo el mismo techo, pero ninguno tenemos el mismo horizonte”

            Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe

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