Ser feliz

Ser feliz

Hola… Linda historia que me contaron de una persona que se llama Pepita, mujer muy equilibrada y orgullosa de sus 92 jóvenes años. Un día doña Pepita enterró a su esposo con quien había vivido un matrimonio de 70 años; ella, pensándolo bien y estando sola en este mundo, decidió pasar sus últimos años en una casa de reposo de ancianos. Aquella mañana, como siempre, a las 8.00 a.m., se encontraba en la recepción de dicha casa con su cabello bien peinado y su maquillaje perfectamente delineado, a pesar de que, casi casi, estaba ciega.

            Un empleado de la casa de reposo se le acercó, le saludo y le dijo: -Doña Pepita, quiero que sepa que su habitación está preparada, las paredes pintadas, los muebles perfectamente colocados y unas bellísimas cortinas que acabamos de poner en la ventana. Doña Pepita exclamó como una niña de 8 años a quien recién le regalan un cachorrito y dijo: -¡Me encanta todo! El operario respondió: -¡Pero si usted no ha visto aún!, espere un poco hasta llegar al cuarto. Y ella expresó: -Amigo mío, la felicidad es algo que uno decide con anticipación, nada tiene que ver con lo que me encuentre en la habitación; de que me guste o no, no depende de cómo esté arreglada, sino de cómo arreglo yo mi mente, pues de antemano ya he tomado una decisión y es “ser feliz con lo que tenga”.

            En la vida, cada mañana, uno tiene que fijar posición, o pides lo que no tienes para ser feliz, o le agradeces a Dios lo que tienes. Y eso, en la vejez, es como una cuenta bancaria, solo puedes extraer lo que habías depositado en tu alma.

            Ante esta historia de doña Pepita, la vida me recuerda estas cinco reglas para ser feliz: A.- Libera tu corazón de odio. B.- Libera tu mente de preocupaciones. C.- Vive humildemente. D.- Da más. E.- Espera menos.

            Necesitamos entender que nada ni nadie nos puede hacer felices; nosotros decidimos si lo somos o no. Tener a Cristo en nuestra vida será una fuente inagotable de posibilidades para serlo.

            El día de hoy me acerco con cariño a todos aquellos que, el 1ro. de mayo, pudimos agradecerle a Dios nuestro trabajo. Son tiempos difíciles, tiempos de mucha angustia y, sobre todo, tiempos en que caminar solo se puede, como dice la canción: “Despacito”. Por ello, bendiciones para quienes continuamos la obra creadora del Señor.

“Jesús salió del sepulcro… para entrar en nuestros corazones”.

            Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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La belleza interior

La belleza interior

Hola… Hoy te hablaré de un señor llamado Moisés Mendelssohn, él fue abuelo del famoso compositor alemán que, rápidamente, ubicamos con la Marcha Nupcial al inicio y al final de un matrimonio. Moisés distaba mucho de ser guapo y apuesto, era bajo de estatura y tenía una grotesca joroba. Un día visitó a un mercader en Hamburgo, el cual tenía una hermosa hija llamada Rosita, de la que se enamoró perdidamente, pero a ella no le gustaba la apariencia de Moisés; sin embargo, lo que le faltaba de atractivo lo tenía de creativo. Llegó el momento de despedirse y, subiendo las escaleras, llegó al cuarto de la bella joven para hablarle por última vez.

            Moisés le preguntó tímidamente: -Rosita, ¿crees que los matrimonios se crean en el cielo? Ella le contestó: -Por supuesto que sí; ¿tú lo crees?, le replicó Rosita. -Claro, más aún en el cielo, cada vez que un niño nace se le anuncia con qué niña se va a casar. Cuando yo nací, me fue señalada mi futura esposa y el Señor me dijo: -Moisés, tu esposa será jorobada. Le respondí: -¡Oh, Señor!, una mujer jorobada sería una tragedia, prefiero que la joroba sea para mí y permite que ella sea hermosa.

            Fue en ese momento que Rosita levantó su mirada para contemplar los ojos de Moisés, pudiendo apreciar su belleza interior y alargando su mano se la estrechó con mucho cariño. Moisés regresó a su casa, pero aquel instante no quedó en el olvido, teniendo la oportunidad de volver a encontrarse con Rosita y disfrutaron de largas conversaciones, hasta que un día ella decidió ser su esposa y, como nos lo cuentan las crónicas, ellos fueron muy felices. Su nieto fue el creador de una melodía que en el mundo entero ha significado, para muchas personas, uno de los momentos más valiosos: “La Marcha Nupcial”, que se escucha al ingresar y al salir de la celebración de su matrimonio con el hombre o la mujer de su vida.

            Recuerdo una frase muy peculiar que dice: “Cuando te enamores, no lo hagas solo de sus pétalos, sino también de sus raíces, porque cuando llega el invierno los pétalos desaparecen y lo único que queda, en la persona, son sus raíces, vale decir sus valores, sus principios, su personalidad…”. Por ello, pongamos las cosas en su sitio; todo es importante, pero nunca nos olvidemos que hay situaciones imprescindibles.

“Jesús salió del sepulcro… para entrar en nuestros corazones”.

            Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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Siete pecados capitales

Siete pecados capitales

Hola… Hace unos días, cuando llegué a mi casa, encontré sobre la mesa del escritorio una carta, en la cual me agradecían las reflexiones que, a lo largo de los años, esta persona había escuchado, bien en la radio y, por supuesto, en las columnas de mi querido Diario Expreso. Me dejó esta notita que, si yo lo creía conveniente, me dijo, podría publicar; por ello, es preciso que leas aquello que a mí me ha parecido sumamente interesante: “Los siete pecados capitales” escritos, por primera vez, por Mahatma Gandhi y que a continuación paso a relatarte:

            1.-Riqueza sin trabajo. 2.- Placer sin conciencia. 3.- Conocimiento sin carácter.
4.-Negocios sin moral. 5.- Ciencia sin amor a la humanidad. 6.- Religiosidad sin sacrificio.
7.- Política sin principios.

            Lo sentiría, por mi parte, marcarte un itinerario sobre estos siete pecados capitales, y así te lo digo, como una falta de respeto. Te cuento por qué: Es un itinerario muy íntimo y muy personal el que se debe recorrer para que cada uno de estos momentos de reflexión, al término de él, podamos sacar en claro un compromiso formal y real de evitar, en lo posible, que alguno de ellos lograra ser nuestro “caballo de batalla”; espero que no, pero podría darse el caso de que fueran los siete los que necesitamos rectificar en nuestras vidas, para no caer en el vacío de percibir una vida sin sentido donde la riqueza, el placer, el conocimiento, los negocios, la ciencia, la religiosidad y la política fuesen nuestra perdición.

            Que el trabajo sea nuestro rumbo a la hora de conquistar los bienes materiales. Que la conciencia, los valores, los principios y, me atrevería a decirte básicamente, que la responsabilidad deben estar presentes en nuestras relaciones interpersonales. Me parece falso un amor sin responsabilidad, una relación interpersonal donde uno o los dos se desentiendan de las consecuencias; como escuchaba desde niño, esta frase tiene razón de ser y es muy oportuna en los tiempos que vivimos: “A LO HECHO, PECHO”.

            Me permito, y no es porque Mahatma Gandhi lo necesite, acentuar la reflexión pensando cómo una experiencia de Dios que no nos cueste, entendería que es una experiencia vacía de Dios. No podemos, aunque la frase sea fuerte, tener un dios que en poco se diferencia de nuestra mascota, esperando que él esté atento a lo que nosotros le mandemos; a mí no me parece, pero… sería bueno que lo pensemos juntos.

“Jesús salió del sepulcro… para entrar en nuestros corazones”.

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Su propio destino

Su propio destino

Hola… La historia que voy a contarte sucede diariamente en el mundo de los animales; por lo tanto, no es una fábula, sino una fotografía de la vida misma.

            Caminando por el bosque, en lo más alto de un picacho rocoso, pude ver un nido de águilas, encontrándose a más de trescientos metros de altura con caída libre al valle. A quien sabía le pregunté: -¿Por qué esta especie de águilas hacen su nido en ese lugar tan escarpado y a esa gran altura, con la posibilidad de caer al vacío? -Nunca ha sucedido, me dijeron, y tiene, además, una razón de ser; cuando el águila incuba sus huevos y nacen los aguiluchos, los cuida con mucho amor por un tiempo, estos van creciendo hasta llegar un día en que el águila madre los va empujando para acercarlos al borde del nido.

            Imaginariamente y entrando en la mente del águila, se puede pensar cuán angustioso es para ella ese momento porque, como toda madre, pensaría que algo puede fallar y es consciente de los peligros de sus hijos; al mismo tiempo, sabe perfectamente la necesidad de que ellos hagan su propia vida y esta es volando.

            Es así que la naturaleza ha programado en el águila a hacer su nido en lo más alto del picacho de una escarpada pared rocosa, siendo este el mejor lugar para que los aguiluchos, moviendo sus alas, puedan mantenerse en el infinito.

            El águila madre pensó: -¿Y si esto no funciona? Pero su misión no sería plena si no empujara a sus hijos al abismo. Sacó coraje de dentro de su sabiduría innata. Mientras sus polluelos no descubrieran sus alas, estos no sabrían cuál es el propósito de sus vidas. Desplegadas las alas, aprenderán a remontarse en el espacio abierto y encontrarán el privilegio que significa haber nacido águila. Para ella, el empujón era el mejor regalo que podía ofrecer a sus hijos, su supremo acto de amor. Es así que los empujó de uno en uno… y todos volaron.

            Como te comentaba al comienzo de la conversación, esta historia que acabas de leer no es ninguna fantasía mía, es parte de la vida real y en especial de esta clase de águilas, que pueden servir como ejemplo para aquellos que tienen la responsabilidad de ayudar a sus hijos a encontrar su propio “destino” o, lo que es lo mismo, el “propósito de su vida”. No tengas reparo alguno en hacer realidad aquello que nuestra naturaleza te dicta, aún con los temores lógicos y miedos que esto puede significar.

“Jesús salió del sepulcro… para entrar en nuestros corazones”.

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Amor, Misericordia y Compasión

Amor, Misericordia y Compasión

Hola… No podría, en este día, iniciar nuestra conversación si antes no miro al cielo dándole infinitas gracias a Cristo Resucitado y pidiéndole bendiciones para quienes tienen la deferencia de compartir conmigo, cada semana, estas palabras.

            En la liturgia de ayer se nos habló de un encuentro de María Magdalena con Jesús al lado del sepulcro; es un encuentro muy significativo porque ambos, durante los tres años de vida pública de Jesús, forjaron una profunda y sincera amistad. Aquel día, dice el Evangelio, el primero de la semana, fueron María Magdalena y otras mujeres al sepulcro para concluir las tareas de embalsamamiento, ya que el viernes no las pudieron realizar por la premura del tiempo.

            Jesús expiró a las tres de la tarde, lo bajaron de la cruz y María, su madre, lo tuvo en sus brazos por un espacio que, si bien es verdad, no se nos señala, pero es fácil comprender que para ella era un tiempo de despedida y, por lo tanto, deseaba estar un poquito más con su Hijo en brazos. En sus brazos estuvo Jesús cuando nació y lo puso sobre el madero del pesebre en Belén. En sus brazos volvía a estar Jesús, treinta y tres años después, cuando lo bajaron del madero de la cruz. El “Pesebre” y la “Cruz” son tan representativos en la vida de aquella mujer que no entendía lo que estaba pasando, pero que, en ambos lugares, amó a su Hijo profundamente.

            Pasado un tiempo prudencial, pusieron a Jesús sobre una piedra para limpiarlo y, envuelto en una sábana, lo colocaron en un sepulcro nuevo que nadie había usado antes. Apurados tuvieron que regresar a sus casas para celebrar la Pascua; es por ello que María Magdalena había retornado al sepulcro para embalsamar a Jesús. Llegaron y encontraron la piedra de entrada a un costado. Solo los discípulos, Pedro y Juan, ingresaron en él, no así María.

            La escena nos indica que María Magdalena vio a una persona, a quien confundió con un hortelano, y le preguntó si había visto a Jesús; es en ese instante cuando Él le dice su nombre y María se da cuenta, despertando de su sueño viendo el FRUTO DE SU AMOR, A CRISTO RESUCITADO.

            Hoy es el día del compromiso que todo cristiano deberíamos hacer a Cristo: Dar a los demás aquello que hemos recibido de Él, que es el AMOR, la MISERICORDIA y la COMPASIÓN.

“¡CRISTO HA RESUCITADO, ALELUYA, ALELUYA!”.

            Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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¿Cómo vivir esta Semana Santa?

¿Cómo vivir esta Semana Santa?

Hola… Ayer se dio inicio de la Semana Santa con la Festividad del Domingo de Ramos. La liturgia de este día nos habla de la entrada triunfal de Jesús en la ciudad de Jerusalén, podríamos entenderlo como un éxito parcial en la vida de Jesús. Es vitoreado, aplaudido y proclamado Rey. Siempre me he preguntado ¿por qué Jesús, tan esquivo Él a estas manifestaciones, lo permitió?; y los Evangelios nos lo cuentan no como un hecho metafórico, sino real; pero toda moneda tiene dos caras y en la misma liturgia de este domingo leemos la Pasión de nuestro Señor Jesucristo, donde ahí sí se expresa la auténtica fotografía de la venida de Jesús a este mundo: Su Pasión, Muerte y Resurrección.

            Hagamos en esta conversación momentos para ayudarnos a vivir esta Semana Santa y podríamos pensar en tres días: lunes, martes y miércoles, como instantes para encontrarnos con Cristo y el Sacramento de la Reconciliación.

            Llegamos al Jueves Santo: Los Sacerdotes del mundo entero, ante el Obispo de su Diócesis, renuevan el Sacramento recibido del Orden Sacerdotal. Esta ceremonia suele celebrarse en la mañana y en la catedral. En la tarde viviremos la Institución de la Eucaristía, en la cual hay un gesto significativo y único cuando recordamos que Cristo lavó los pies de sus discípulos como signo de humildad y de servicio. “No se ama para recibir, sino para dar”.

            Para el Viernes Santo: El silencio y la duda. Es importante escuchar las palabras de Jesús desde la cruz y quizá, para muchos, este año una de ellas sea la identificación con lo que nos está pasando: “DIOS MÍO, DIOS MÍO, ¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?”. Pero no nos olvidemos que Jesús nos dejó a María como nuestra protección.

            Llegar con gozo al Domingo de Pascua es, para poder entender, que en la vida no hay triunfo sin dolor, no hay éxito sin sacrificio y que un túnel oscuro traspasa la montaña para unir dos valles soleados. Por eso la vida tiene montañas imposibles de escalar; sin embargo, de la mano de Cristo podemos caminar en la oscuridad hacia la LUZ.

            Posiblemente los días de la Semana Santa nos daría para un extenso diálogo y reflexión, pero estoy seguro que cada uno de ustedes forjará en esta semana un corazón de ilusiones y con la fortaleza del cielo sabremos salir hacia adelante, porque Jesús cayó bajo el peso de la cruz, pero llegó al calvario y desde ahí nos redimió a todos para llegar al cielo.

“Cuando hay una tormenta los pajaritos se esconden, pero las águilas vuelan más alto”.

            Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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¿Quién empacó hoy tu paracaídas de la vida?

¿Quién empacó hoy tu paracaídas de la vida?

Hola… Hace algunos años leía una nota sobre lo que significa valorar a las personas, habida cuenta que muchas veces desconocemos la importancia que pueden tener en nuestras vidas.

            ‹Estamos en la guerra de Vietnam; un piloto de bombardero norteamericano, llamado Charles Plumb, fue derribado por un misil; en ese instante se lanzó en su paracaídas y fue capturado, pasando seis años en una cárcel norvietnamita. Cumplidos estos, regresó a los Estados Unidos y se dedicó a dar conferencias sobre su interesantísima vida personal. Recorría muchos lugares y un día, comiendo en un restaurante, se le acercó una persona que le dijo: -“Lo conozco, sé que su avión cayó derribado, abriendo usted a tiempo el paracaídas y pudo salvarse; fui yo quien empacaba su paracaídas”. El piloto Plumb se quedó paralizado por la sorpresa y por la gratitud; lo abrazó y le dijo: -“Muchísimas gracias. ¡Cuántas veces lo vi en el portaviones y nunca le dije nada!, pensando que ser piloto de un bombardero me hacía un ser superior, hacia aquellos marineros que alistaban los paracaídas en las entrañas del barco. ¡Con qué delicadeza preparó usted el paracaídas sin saber quién lo iba a usar!; sin embargo, lo alistó de tal manera que salvó mi vida”. Pasado aquel momento, el piloto Plumb comenzaba sus conferencias contando esta historia y preguntando a cada uno de los asistentes: -“¿Quién empacó hoy tu paracaídas”›.

Todos en nuestra vida tenemos a alguien que es vital, pero sobrevolamos a los seres humanos pensando, en el fondo, que no debemos agradecer nada a nadie, simplemente porque nos lo merecemos.

Me gustaría que, al leer estas palabras y haber escuchado esta historia, retomemos la pregunta: ¿Durante la presente semana hemos sido gentiles, generosos, solidarios y agradecidos con aquellas personas que muchas veces no vemos en ellas más que su rostro, pero que han sido y son fundamentales en nuestra vida?

            A veces, en los desafíos que la vida nos lanza a diario, perdemos de vista lo que verdaderamente es importante. Dejamos de saludar, de dar las gracias, de felicitar a alguien o aunque sea decir algo amable solo porque sí. Muchas de esas personas, alguna vez en tu vida, han sido quienes “empacaron” tu paracaídas.

“Cuando hay una tormenta los pajaritos se esconden, pero las águilas vuelan más alto”.

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La fuerza de la Naturaleza

La fuerza de la Naturaleza

Hola… El libro abierto de la naturaleza es, para mí, el libro más sabio que jamás haya podido escribir un ser humano. Es posible que muchos de nosotros, en algunos casos, ni siquiera lo hayamos abierto y, en otros casos, simplemente lo hayamos ojeado por encima; sin embargo, son maravillosas las lecciones que nos enseña.

            Lo que voy a contarte a continuación llegó a mí como un escrito, pero sin poner el nombre de quien lo escribió; no obstante, desde aquí felicito al autor de este texto, al mismo tiempo que me gustaría compartirlo con ustedes, amigos lectores.

            “La naturaleza nos enseña que existen dos animales que luchan por su propia sobrevivencia. Por un lado, el águila que, para alimentarse y vivir, necesita comer serpientes y, por otro lado, la serpiente que busca sobrevivir al ataque de las águilas. El águila, desde las alturas, primero por su certera visión, ubica a la serpiente, con gran velocidad se lanza contra esta y, con sus garras, la levanta hacia el cielo. Con esto, el águila cambió el campo de batalla, donde para la serpiente es un lugar imposible de defenderse, vale decir, el firmamento. Una serpiente no tiene ni resistencia, ni poder, ni equilibrio en el aire; es inútil, débil y vulnerable, a diferencia de su terreno en el cual es poderosa, sabia y mortal”.

            Interesante esta lección de la naturaleza, porque en la vida de los seres humanos y en este tiempo de cuaresma, vamos conociéndonos un poquito más, a la vez que valoramos nuestras fortalezas y cuando en ellas tenemos a Dios, bien sabemos que Él se hará cargo de nuestras batallas.

            No luches contra tu enemigo en su zona de confort, cambia el campo de batalla al igual que lo hace el águila y es ahí, donde teniendo a Dios, quien se encargará de tu batalla, y tú, desde la oración, recibirás la fortaleza que el cielo da para vencer los más duros momentos que puede tener un ser humano.

            Hace unos días regresaba el Papa de Irak a Roma y un periodista le pregunta: -Santidad, sabiendo lo complicado que era este viaje, ¿por qué lo realizó? El Papa le respondió: -Es cierto, pero han sido muchas horas de oración ante el Santísimo Sacramento y fue ahí donde el Señor preparó el terreno más favorable para peregrinar, en son de paz, a la tierra de nuestro padre Abraham.

“Cuando hay una tormenta los pajaritos se esconden, pero las águilas vuelan más alto”.

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Amor en el dolor

Amor en el dolor

Hola… Regresó a mi casa, ahora sí personalmente, el Filósofo de La Encalada y me dijo: -Pablo, estamos viviendo tiempos muy difíciles, la tormenta nos está destruyendo, porque si grande es el dolor por la muerte y la enfermedad de los seres que amamos, grande también es el desgaste por la angustia y desesperanza de no saber lo que nos puede pasar en el futuro. Sin embargo, me dijo, quiero contarte una historia y cada uno la podrá interpretar según las circunstancias que en este momento les rodee:

            “En una tribu uno de los más aguerridos y fuerte guerrero tuvo una hija preciosa, a la cual tenía que ponerle un nombre y en esta tribu el nombre no sería ni de película, ni de telenovela, ni por haberlo escuchado en una canción famosa; el nombre tenía que significar lo que esa persona habría de ser en su vida. Llegada la noche, el guerrero se internó en la selva y lo más bello que vivió fue el silencio de la noche y se dijo: -La belleza de mi hija es semejante al silencio de la noche. Cuando amaneció y ante el impresionante espectáculo de la aurora, pensó: -Mi hija no se llamará “Silencio”, sino “Aurora” por su singular belleza. Pero siguió caminando y encontró ríos, nieves, flores…; todo ello le pareció tan fascinante que quería ponerle el nombre de lo bello que estaba viendo. Llegó a un poblado y se encontró con un anciano, a quien le contó lo que estaba viviendo y este le dijo: -Ve más allá de las montañas y encontrarás una choza, en ella vive un pastor, él te dará el nombre de tu hija, pero es muy importante que no lo veas, ni que él a ti. El guerrero hizo lo que le dijo el sabio anciano. Traspasó las montañas y en una verde pradera había una casita, se guardó tras de un peñasco y vio cómo el pastor llegaba a su casa, al mismo tiempo salía una linda niña de la cabaña, corriendo y con los brazos extendidos se dirigía donde su papá; esta niña tenía la lepra. El guerrero sintió un fuerte escalofrío y vio cómo el padre y la hija se abrazaban y se cubrían de besos. Volviendo a su casa, con lágrimas en los ojos, dijo: -A mi hija la llamaré “HEOMA-NAE-SAN”, que significa “AMOR EN EL DOLOR”.

            Antes de irse mi amigo, comentó: -Desde los inicios de la historia humana, el miedo, la angustia, el dolor… siempre han estado presentes en nosotros.

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La Verdad es la Sabiduría de Dios

La Verdad es la Sabiduría de Dios

Hola… Para sorpresa mía y agrado de los lectores, mi amigo, el Filósofo de La Encalada, dejó en mi messenger esta nota:

            Son estos momentos muy difíciles en los cuales necesitamos, escribió mi amigo, hombres probos, de valores, de principios y sobre esas profundas raíces, con el paso del tiempo, vemos crecer frondosos árboles con apetitosos frutos, llenos de vida y de salud; sobre todo de salud mental, de salud emocional, de salud afectiva y en comunidad de salud social. -Gracias, Filósofo de La Encalada, le puse; hoy, lunes, mi colegio arranca con el Año Académico 2021 y después de lo que manifiestas, sabes que estoy totalmente de acuerdo contigo; quisiera que mi colegio no solamente fuera una fuente de sabiduría científica y tecnológica, sino que en él, como dice nuestro lema: “Ser una comunidad en busca de la Verdad” y yo añado: “La Verdad es la Sabiduría de Dios”.

            Esto también escribió: “Si un ser humano tiene ética, su valor es igual a “1”. Si además esta persona es inteligente, creativa y práctica, agrégale un “0”, entonces su valor es 10. Si también tiene ambiciones y estas son solidarias, añádele un nuevo “0”, sumando a 100. Si demuestra simpatía y don de gente, auméntale otro “0”, por lo que su valor total sería de 1000. Pero ¿qué sucede si esta persona pierde el “1”, o sea la ética y los principios sólidos? No le queda nada, porque 0 + 0 + 0 = 0”.

            -Quiero, le dije al Filósofo de La Encalada, después de leer este escrito, que aquellos que formamos parte de la comunidad agustina, no solo busquemos la Verdad, que es la Sabiduría de Dios, sino que la pongamos, desde ya, al servicio de la comunidad.

            Iniciar un año académico no solo es una tarea de organización, sino una tarea de convencimiento; primero, comenzando con los responsables de la educación, papás y maestros, y ambos convencer con hechos, más que con palabras, la necesidad de poder llegar a ser hombres de bien y, como decíamos al inicio, desde esas profundas y fuertes raíces emerger en la vida para dar frutos abundantes.

Esta frase me la dejó el Filósofo de La Encalada: “Hijo mío, ahora que eres joven planta un árbol. ¿Para qué?, le dijo el joven al maestro. Para que en la vida no necesites andar a la sombra de los otros”.

“Cuando hay una tormenta los pajaritos se esconden, pero las águilas vuelan más alto”.

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