El corazón de una comunidad

El corazón de una comunidad

Hola… Como Sacerdote Agustino que soy, una de las experiencias que me identifica es aquella que propuso San Agustín a un grupo de monjes y era “vivir en comunidad”. La comunidad nos enriquece porque, siendo personas diferentes, vivimos bajo el mismo espíritu; por un lado, el Espíritu Santo que nos cobija como comunidad y, por otro lado, el Espíritu Agustiniano que nos marca un itinerario claro y conciso que es la “CARIDAD”, la que entendemos como la expresión del amor, bendecida por Dios y que surge del corazón de cada uno de nosotros.

En mi comunidad hay personas de edad que necesitan de cuidados médicos; o bien por el alzheimer o por lo avanzado de su edad, dependen de alguien. Además, tenemos un agradable grupo de jóvenes que ven en la comunidad agustina un proyecto para sus vidas. Tanto en los ancianos como en los jóvenes, son -para mí- una bendición de Dios por aquellos que, como el apóstol Pablo, han recorrido un camino y alcanzado las metas a las que el Señor les llamó en su juventud y madurez, y que ahora son ejemplos en el atardecer de sus vidas. Asimismo, los jóvenes proyectan la esperanza y el recuerdo de lo que un día fuimos en nuestros años de seminaristas.

Hace unos días, al finalizar el almuerzo, me dirigía a la oficina del colegio y caminando con los jóvenes les indiqué que iba a escribir esta columna. Les dije que me dieran un alcance de aquello que les gustaría escuchar dentro de las necesidades de nuestras vidas y de nuestro mundo. José Luis comentó que hablara a las parejas de lo importante que es el valor de la “FIDELIDAD”. Por un lado, fidelidad a Dios por el don de la vida. Por otro lado, fidelidad a uno mismo para que, a la hora de extraer lo mejor de cada uno y entregárselo al ser amado, sea lo más auténtico y lo más enriquecedor posible.

Ya en la oficina y transcribiendo estas ideas mirando, justamente, la foto que tengo frente a mi escritorio en la que se encuentran mis padres, resumí con nitidez el significado de la palabra “fidelidad” que ellos tuvieron por más de sesenta años de sus vidas. Esta fue la última foto que se tomó mi madre en vida, ya que tres días después, en un mes de junio como este, partía a la Casa del Padre.

“En tu trabajo eres uno más, en tu hogar eres único”

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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La fiesta del Corpus Christi

La fiesta del Corpus Christi

Hola… A lo largo del año una de las celebraciones litúrgicas que recuerdo con mayor y más entrañable cariño es la celebración del Corpus Christi. En mi pequeño pueblo de la provincia de León, entre montañas y caudalosos ríos, está asentada una población de no más de 200 habitantes, que es donde nací y donde viví mi infancia y adolescencia. Su gente es profundamente religiosa y como tal su religiosidad nace de lo más profundo de su corazón.

La celebración del Corpus Christi comenzaba el miércoles anterior, donde los niños de la escuela íbamos al campo a recoger pequeñas ramas de árboles, gras y flores que, en los meses de mayo o junio, según cayera la Fiesta del Corpus Christi, estaba todo florecido. Ayudados por nuestros padres, teníamos en común la ilusión de saber que el jueves, el pueblo se encontraba engalanado para que la Sagrada Custodia recorriera nuestras calles y todos sintiéramos la bendición del cielo. Al medio día, don Patrocinio -que era el Párroco- vestía sus mejores galas para dar inicio a la Santa Misa, seguida de la procesión haciendo el recorrido por el pueblo. Para esto, las campanas del campanario, tanto antes de comenzar la misa como después de la procesión, no dejaban de tañer alegres y cantarinas. Eran campanas inmensas que se encontraban ubicadas en la cima de una atalaya (que era una torre de gran altura, construida por los romanos, para que los soldados, desde ella, pudieran ver si venían enemigos a robarles el oro que extraían de las médulas que hay en mi pueblo). Siglos después, la atalaya se convirtió en campanario y al lado se construyó el templo de piedra.

Todo este marco histórico y geográfico me lleva a pensar que en mi vida los más grandes momentos vividos siguen siendo imborrables y ellos me han ayudado a vivir mi fe con un mayor compromiso. En el Corpus Christi se celebra la presencia real de Cristo en la Eucaristía, al igual que en cada misa se hace presente a través del pan y del vino a la hora de la consagración, y se recibe en la comunión. No solo está en nuestros corazones, sino que nos comprometemos a llevarlo donde vayamos, con esa luminosidad que viví de niño en la Fiesta del Corpus Christi y con ese respeto sagrado de quienes, teniendo fe, sabemos del gran regalo que Cristo nos dio al quedarse con nosotros.

“Siempre habrá alguien que dude de ti; asegúrate bien que esa persona no seas tú”

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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¡Feliz día del Padre!

¡Feliz día del Padre!

Hola… Recuerdo que fue el 27 de agosto de hace apenas unos años -santo de mi papá- que estuvimos caminando por las calles de la ciudad de Vigo y en un caluroso verano resultó muy apetecible sentarnos en una terraza, en el malecón de la playa de Samil. Estoy hablando de un atardecer, junto al mar, degustando un agradable café. Como siempre, conversé con mi padre de muchas cosas, pero hacía tiempo que quería hacerle una pregunta y la verdad es que nunca tuve la oportunidad, no por otra cosa, sino porque no sabía cómo planteársela.

No obstante, el día de su cumpleaños y al lado del mar de la playa de Samil, creí que era el momento oportuno y en el marco de una conversación le dije mirándole a los ojos: -Papá, hace 50 años, recién con diez, ingresé al Seminario donde estudié la primaria y la secundaria; después, en el camino hacia el Sacerdocio, llegué a la Facultad de Teología donde, al terminar, fui ordenado Sacerdote y al mes me enviaron al Perú. En aquel momento, ya eran 37 años de mi estadía aquí en Lima. Le pregunté: ¿Por qué me amas?

Apenas me quedé en silencio, mi padre me contestó: -Te amo porque tú eres mi sangre. Es verdad que el tiempo y los espacios parecieran que no han jugado a favor nuestro; sin embargo, por tus venas corre mi sangre y, lo mismo que tú, quiero que sepas que jamás he olvidado dónde has estado.

Continuamos hablando de muchas cosas, pero hoy, en este “Día del Padre”, simplemente quiero decirte que la herencia más grande que la vida me ha dado es la sangre de mi padre y de mi madre que corren por mis venas. Aclaro que, para mí como para los judíos, la palabra “sangre”, además de ser el líquido que corre por nuestras venas, tiene un significado mayor: “vida”. Es por ello que, cuando uno ve las relaciones de padres e hijos, desde esta extraordinaria perspectiva, te das cuenta que por encima de las circunstancias -y a mí me ha tocado vivir espacios lejanos y tiempos largos sin poder verlos físicamente- ni un solo segundo de nuestras vidas, ni la de ellos, ni la mía, nos hemos sentido alejados.

No puedo marcar caminos, pero a mis 63 años reitero que ambos, mi padre y mi madre, son mi sangre, mi vida… y sé que para ellos soy lo mismo.

“Conocimiento es aprender algo cada día. Sabiduría es desprenderte de algo cada día”

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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Pentecostés

Pentecostés

Hola… Posiblemente usted, amigo lector, sea una de esas personas que, al igual que yo, iniciamos la lectura del periódico de atrás para adelante. Si así es, el tema que hoy quiero conversar contigo ya fue amplio y sabiamente tratado por Mons. José Luis Del Palacio; por lo tanto, a mí me queda o repetir lo mismo o transmitirte, como experiencia personal, qué significa para mí: PENTECOSTÉS.

Si comenzaste el periódico de adelante para atrás y me estás leyendo, quiero decirte que cuando llegues donde Monseñor y si hubiera en mi escrito una “herejía”, dala por no leída y hazle caso a lo que escribe Mons. José Luis.

Era yo apenas un niño de seis años cuando llegó a mi comarca el Obispo de la provincia en la que nací (León-España), se encontraba en la parte posterior de un auto color negro con la bandera de España y del Vaticano. Nunca olvidaré que los vidrios posteriores venían adornados con unas cortinas hechas de punto labrado, cosa que me impactó muchísimo; además, era la primera vez que veía a un Sr. Obispo a un metro de distancia.

Recuerdo que nos dijeron que habíamos sido confirmados y punto. Después de un tiempo, apenas teniendo diez años, ingreso al Seminario y es allí donde comienzo a escuchar cuán importante es en la vida del ser humano recibir el Espíritu Santo, luego comprometerse con las gracias y los dones que provienen en el Sacramento de la Confirmación para los cristianos. Terminado el colegio, ingresado a la Facultad de Teología, concluidos mis estudios universitarios y teológicos, ordenado Sacerdote y ahora, en el mes de setiembre, cumpliendo los primeros “cuarenta años” como Ministro de Dios, siento que en toda una vida de vicisitudes, de encrucijadas, de toma de decisiones vitales…, siempre he sentido la presencia del Espíritu Santo. En el texto que hoy leeremos en la eucaristía (Hechos capítulo 2 y Evangelio de Juan capítulo 20) se nos relata cómo aquellos hombres que estaban en el cenáculo y que habían cerrado puertas y ventanas por miedo a los judíos, fueron capaces de traspasar las barreras del miedo y del temor, y ser cimiento como Comunidad Eclesial de una Iglesia de la que formamos parte los bautizados, que ha llegado hasta nuestros días no exenta de miedos y temores, pero siempre protegida por el Espíritu del Señor.

“Conocimiento es aprender algo cada día. Sabiduría es desprenderte de algo cada día”

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50 aniversario de las Olimpiadas Agustinas

50 aniversario de las Olimpiadas Agustinas

Hola… El sábado antepasado amaneció nublado y con lluvia, al igual que el día anterior que había lloviznado todo el día. Yo estaba preocupado porque en la noche de ese sábado tendríamos aquí, en el Colegio San Agustín, una jornada muy significativa celebrando los “Cincuenta Años” de la creación de un evento que comenzó en esta institución y se ha extendido en muchos colegios de nuestra República; me estoy refiriendo a las Miniolimpiadas. Este es un acontecimiento que mueve a todo este centro educativo: alumnos, padres de familia y profesores, en torno al deporte.

Lo he vivido por casi cuarenta años; si bien es verdad que, en los últimos ocho, al no estar físicamente en el Colegio San Agustín, no los pude celebrar; sin embargo, lo volví a retomar este sábado antepasado.

Por primera vez la ceremonia de inauguración se realizó en la noche. Había dos lugares de inicio, uno de ellos en las instalaciones del Colegio San Agustín y el otro en el Convento de San Agustín, Jr. Ica. En este lugar se encontraban los padres de familia de los alumnos de la promoción de este año con un grupo de profesores. En el templo del convento, en una breve pero significativa ceremonia, se enciende la antorcha olímpica y la promoción se dirige corriendo hasta el Colegio San Agustín de San Isidro; llegando a donde se encuentra el pebetero, se encendió este y con ello se dio inicio a la Miniolimpiada Agustiniana 2019.

Quería narrarte esta historia personal porque este año -para mí- fue significativo, ya que, llegados al colegio con la promoción, en la puerta de ingreso estaban cerca de cincuenta exalumnos, de las promociones desde 1980 hasta la fecha, dispuestos a correr hasta el lugar donde se encontraban todas las personas que vivenciaban la Miniolimpiada. Me pidieron que me pusiera adelante y corriendo llegamos a la pista atlética; ninguno de ellos, por respeto, me adelantó y como dato anecdótico te contaré que en el grupo participó nuestra exalumna Paola Mautino, quien es la Atleta más rápida de América.

En un momento dado, después de dar dos vueltas a la pista atlética, ingresamos al campo de fútbol y allí hicimos un túnel por donde entró la Antorcha Olímpica hacia el pebetero. El ayer y el hoy presentes en un espíritu agustiniano del deporte, como son las Miniolimpiadas.

“Conocimiento es aprender algo cada día. Sabiduría es desprenderte de algo cada día”

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Un mandamiento nuevo

Un mandamiento nuevo

Hola… Hace unos días muy temprano, en la mañana, se acercó muy molesto a mi oficina el “Filósofo de La Encalada”. -¿Qué te pasa?, ¿por qué estás molesto?, le pregunté. -Lo que estoy es profundamente confundido, me dijo. -Y ¿por qué?, ¿qué es aquello que más te confunde?, le dije. Y me respondió: -El ser humano y su falta de criterio a la hora de elegir a los auténticos ejemplos de nuestras vidas. Si hay un libro que, a lo largo de la historia más se ha vendido y que se supone más seres humanos lo han leído es, sin lugar a dudas, la BIBLIA.

Si preguntaras a alguien quién sería la persona que podría cambiar tu vida y tú seguir su ejemplo, no cabe duda que la respuesta sería unánime: JESÚS.

Le observaba atentamente y comprendía que mi amigo, el “Filósofo de La Encalada”, me dibujaba un panorama muy similar a aquel que siempre pensé. Cuántas veces en asambleas cristianas hemos cantado e implorado: “Señor, quiero ser como Tú”; “quiero recorrer tu camino de verdad y de vida”, por citar solo algunas frases que podrían llenar todo nuestro periódico. Sin embargo, dejé hablar a mi amigo, quien me dijo: “El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad”… Después de conversar un buen rato, mi amigo se fue, pero me dejó ese interrogante.

Cuántos de nosotros dejaremos que el Evangelio penetre en nuestras vidas y con nuestros actos hagamos realidad aquello que, alegremente, proclamamos con nuestra boca.

“Un mandamiento nuevo os doy”, dijo Jesús en la Última Cena. “Que os améis los unos a los otros como yo os he amado y en esto conocerán que sois mis discípulos”.

Muchas veces me pregunto, ¿cuánto de la generosidad de este Diario que muestra conmigo desde los años 90, he podido transmitir a mis lectores? Pienso que puedo quedarme en lo anecdótico y no transmitir la esencia de esta conversación dominical, lo cual es manifestar lo luminoso que es la vida de un ser humano, vivir al Cristo Resucitado…

Entiendo perfectamente que toda comunicación fluida conlleva necesariamente una dosis de algo anecdótico, una dosis de algo humorístico, una dosis de algo teórico… pero, por encima de todo eso, la esencia es dar a conocer la buena nueva que Jesús, hecho Hombre, nos transmitió de nuestro Dios Padre: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”.

“Conocimiento es aprender algo cada día. Sabiduría es desprenderte de algo cada día”

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¿Mentes cerradas?

¿Mentes cerradas?

Hola… En estos primeros fríos del invierno limeño y observando a través del ventanal de mi oficina, aquí en el Colegio San Agustín, miro a lo lejos a un hombre caminar hacia donde me encuentro; él es siempre bien recibido por mí, el “Filósofo de La Encalada”. -Pasa, le digo. -No, me contestó, estoy con prisa; he venido solamente a dejarte una frase, la que te pido reflexiones: “El problema de las mentes cerradas es que siempre tienen la boca abierta”. Y se despidió de mí; pero sé que pronto regresará porque es una persona fiel a la amistad, la que tenemos desde hace muchos años.

Arropado con mi chompa no solo por el frío, sino por mis pensamientos, dejé volar la imaginación y me encontré con un mundo donde, como nunca, el ser humano tiene infinitas posibilidades de comunicación.

No sé si por miedo -aunque pienso que es aún más por inseguridad- somos muchas las personas que hemos cuadriculado nuestras mentes con cuatro ideas, cerrándole paso a todo lo que sea novedad y que con ello podamos estar corriendo peligro que nos desidentifiquen. Pero a la par, nuestras mentes están cerradas a nuevas ideas; sin embargo, tenemos la boca bien abierta o quizá, modernamente, nuestros deditos muy ágiles para mandar por whatsapp aquello que se nos ocurre sin haberlo pensado o, lo que es peor, vivir en una sola dirección; cuando como decían mis antiguos profesores: “En la variedad está el gusto”.

No necesitas que te lo explique, pero déjame que te cuente, para mi tranquilidad, que confío en mis principios y valores que, en analogía, serían los cimientos de mi vida, pero que después las paredes, las puertas y las ventanas, al igual que los colores y los adornos, pueden tener varios matices y no llegar a empobrecerme tanto que pueda no decir, pero sí pensar que aquel que no piensa como yo, no es digno de mí.

Reitero mi pedido del domingo pasado, para que este sábado 25 de mayo, en la ciudad del Cusco, acompañemos al Arzobispo Richard Alarcón en la Solemne Eucaristía que, con ella, los Agustinos iniciaremos el Proceso de Beatificación de Fray Diego Ortiz, “El Misionero Fiel”. Después de la Misa, tendremos la Presentación del Libro de Fray Gustavo Moreno Ulloa, quien nos hablará de la Vida de Fray Diego. Será un gusto compartir con la Comunidad del Cusco a tan esperanzador acontecimiento. Fue este hombre fiel a la Orden Agustina; por lo tanto, fiel a la Iglesia y fiel a Cristo y a su Palabra.

“Hay heridas que en vez de abrirnos la piel, nos abren los ojos”

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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¡Nuevo beato agustino!

¡Nuevo beato agustino!

Hola… Perú podría tener un nuevo beato, se trata del fraile agustino: Diego Ortiz, quien fiel a su fe murió martirizado a manos del pueblo. Con la finalidad de difundir su historia de vida, la Orden de San Agustín, Provincia de Nuestra Señora de Gracia, ha preparado una serie de actividades en la ciudad de Cusco.

El día 25 de mayo, a las 10:00 a.m., se oficiará una misa presidida por el Obispo de Cusco, Monseñor Richard Daniel Alarcón Urrutia, donde los fieles católicos pedirán por la beatificación del fraile, cabe resaltar que esta misa es abierta para el público en general. Además, a las 11:30 a.m. se realizará la presentación del libro “Fr. Diego Ortiz. El misionero fiel”, novela histórica realizada por Fr. Gustavo Moreno Ulloa, OSA, que intenta contar la biografía del fraile agustino y misionero del siglo XVI y sus pasos por la zona de Vilcabamba en Cusco.

El “Siervo de Dios”, Fray Diego Ortiz, fue un fraile agustino que evangelizó a las poblaciones de Yanacachi, Capiñora y el Cuzco, entre los años 1563 y 1566. Durante su etapa de evangelización en Vilcabamba el fraile tenía discordancias con el Inca Cusitito, debido a los actos inmorales que este cometía. Luego de que el Inca muriera a causa de sus excesos, el pueblo le pidió a Fray Diego Ortiz que lo reviviera y, como no lo hizo, lo condenaron a muerte.

Proceso de beatificación: En 1996-1998 el Vaticano reconoció a Fray Diego Ortiz como “Siervo de Dios”, primera etapa del proceso de Beatificación. Ante esto, el Postulador General de la Orden de San Agustín, Josef Sciberras señaló que está preparando la “Positio Super Martyrio”, presentación racional de las pruebas (de testigos y documentos) sobre el martirio del Siervo de Dios. Eso significa que se encuentren suficientes pruebas, más allá de cualquier duda humana, que Fr. Ortiz fue martirizado in odium fideí, es decir, que haya un perseguidor que real y materialmente mata al Siervo de Dios en odio a la fe o a alguna virtud de la vida cristiana.

Si los peritos de la Congregación para la Causa de los Santos reconocen el martirio, el Santo Padre dicta el decreto en el que se reconoce su beatificación. Una vez beatificado a causa de su martirio, si se confirma un milagro, pasaría a ser canonizado y se convertiría en el primer santo agustino en el Perú.

“Fr. Diego Ortiz. El misionero fiel”, cuenta con 85 páginas de fácil lectura y está dirigido para el público en general.

A todas las MAMÁS del Perú: Que hayan tenido un “FELIZ DÍA”.

“Todo lo que siempre has querido está al otro lado del miedo”

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P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe

¿A quién premiamos?

¿A quién premiamos?

Hola… A veces en la vida solemos cometer graves errores a la hora de reconocer y valorar el esfuerzo de los demás. Puede suceder que demos méritos a personas que no se lo merecen y, simultáneamente, se los quitemos a quienes en realidad hicieron todo el trabajo.

Mi amigo, el “Filósofo de La Encalada”, a quien extraño mucho porque hace un buen tiempo que no viene a visitarme, me contó esta historia:

Había una vez una granja en el campo donde el animal estrella era un bellísimo caballo de paso, a quien el granjero cuidaba casi casi como si fuera su hijo. Pero un día se enfermó y resulta que no había otra solución que no fuese el llamar al veterinario y ponerlo en manos de la ciencia. Llegó el doctor, lo auscultó y con cara de preocupación le dijo al amo: -Me temo que no va a salir de esta. Este le contestó: -Por favor, este caballo es una joya y no puedo darme el gusto de perderlo. -Haré lo que pueda, le contestó el veterinario. Al lado del caballo había un chanchito que lo escuchó todo y se propuso ayudarlo en lo que fuera posible. El caballo tenía que tomar unas vitaminas; sin embargo, se negaba a hacerlo, cosa que, en la noche, el chanchito se le acercaba y le decía: -Tienes que hacerlo, tú no puedes morirte siendo tan joven y, sobre todo, por el futuro maravilloso que te resta por vivir. Pero el caballo ni siquiera miraba al pobre chanchito, ni le quería hacer caso… Día tras día el chanchito insistía con cariño, con dedicación y parece ser que el caballo, por fin, aceptó tomar la medicación.

Pasaron algunas semanas, el caballo ya pudo pararse y el dueño se encontraba feliz y contento de verlo mejorado. Llamó a los amigos y les dijo: -Soy el hombre más feliz del mundo, mi caballo se ha recuperado, pues merece que lo festejemos a lo grande; he pensado matar al chanchito y celebrar una fiesta.

Cuando mi amigo, el “Filósofo de La Encalada”, me contó esta historia, dijo: -Mi querido Pablo, en esta vida los seres humanos muchas veces no reconocemos a los verdaderos artífices de lo bueno que sucede en el mundo y, al otro lado de la historia, solemos premiar a los que no han movido ni un dedo por nosotros.

“Todo lo que siempre has querido está al otro lado del miedo”

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P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe

Un corazón cargado de misericordia

Un corazón cargado de misericordia

Hola… Hace aproximadamente cuarenta años, en la Parroquia Nuestra Señora del Consuelo, conocí a una persona, a quien enterré el año pasado y esta semana celebré su misa. Su nombre es “Yolanda” y en la Parroquia había un cuadro del “Señor de la Divina Misericordia” que, tengo entendido, fue el primero que llegó al Perú traído por ella.

Creo, sin lugar a duda, que la Devoción al Señor de la Divina Misericordia en el Perú tiene un nombre propio y este es: “Sra. Yolanda”. Ella recorrió todo el Perú creando Grupos de Oración entorno a esta devoción; su vida la dedicó a querer ser Apóstol de esta y puedo decir que lo consiguió.

El día que presidí la misa recordando su partida a la Casa del Padre, leía en el Salmo Responsorial la Antífona que dice: «El Señor es compasivo y misericordioso»; correspondía a la lectura propia de ese día, por lo que puedo afirmar una vez más que las cosas de Dios nunca son casualidades.

San Juan Pablo II instituyó a esta fecha, Segundo Domingo de Pascua, como el “Día del Señor de la Divina Misericordia”, para que valorásemos la Resurrección de Jesús y que esta no se dio para que la pusiéramos en los Altares, sino para que entendiéramos y actuáramos como el Señor quiere, siendo desde nuestros corazones compasivos y misericordiosos.

Nada es gratuito en esta vida y quien, a lo largo de ella, sabe construir un corazón cargado de misericordia, cuando lleguemos a la Casa del Padre entenderemos y agradeceremos que ni un segundo fue vivido en vano, porque lo recibido ha de ser la plenitud del amor y en el juicio ante Dios nos encontraremos con Aquel a quien imitamos en vida, a un Dios compasivo y misericordioso de nuestros errores.

No es fácil caminar hoy por el mundo con esta bandera, cuando a la inmensa mayoría de nosotros nos atrae el individualismo y, por lo tanto, ese egoísmo cuyo enunciado es: Primero yo, después yo y, si algo me sobra, también para mí. Es verdad que no son todos; por eso, recuerden que este domingo sirva para evaluarnos y ver cuánto hay en nuestros corazones de compasión y de misericordia.

“Todo lo que siempre has querido está al otro lado del miedo”

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe

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