Amor, Misericordia y Compasión

Amor, Misericordia y Compasión

Hola… No podría, en este día, iniciar nuestra conversación si antes no miro al cielo dándole infinitas gracias a Cristo Resucitado y pidiéndole bendiciones para quienes tienen la deferencia de compartir conmigo, cada semana, estas palabras.

            En la liturgia de ayer se nos habló de un encuentro de María Magdalena con Jesús al lado del sepulcro; es un encuentro muy significativo porque ambos, durante los tres años de vida pública de Jesús, forjaron una profunda y sincera amistad. Aquel día, dice el Evangelio, el primero de la semana, fueron María Magdalena y otras mujeres al sepulcro para concluir las tareas de embalsamamiento, ya que el viernes no las pudieron realizar por la premura del tiempo.

            Jesús expiró a las tres de la tarde, lo bajaron de la cruz y María, su madre, lo tuvo en sus brazos por un espacio que, si bien es verdad, no se nos señala, pero es fácil comprender que para ella era un tiempo de despedida y, por lo tanto, deseaba estar un poquito más con su Hijo en brazos. En sus brazos estuvo Jesús cuando nació y lo puso sobre el madero del pesebre en Belén. En sus brazos volvía a estar Jesús, treinta y tres años después, cuando lo bajaron del madero de la cruz. El “Pesebre” y la “Cruz” son tan representativos en la vida de aquella mujer que no entendía lo que estaba pasando, pero que, en ambos lugares, amó a su Hijo profundamente.

            Pasado un tiempo prudencial, pusieron a Jesús sobre una piedra para limpiarlo y, envuelto en una sábana, lo colocaron en un sepulcro nuevo que nadie había usado antes. Apurados tuvieron que regresar a sus casas para celebrar la Pascua; es por ello que María Magdalena había retornado al sepulcro para embalsamar a Jesús. Llegaron y encontraron la piedra de entrada a un costado. Solo los discípulos, Pedro y Juan, ingresaron en él, no así María.

            La escena nos indica que María Magdalena vio a una persona, a quien confundió con un hortelano, y le preguntó si había visto a Jesús; es en ese instante cuando Él le dice su nombre y María se da cuenta, despertando de su sueño viendo el FRUTO DE SU AMOR, A CRISTO RESUCITADO.

            Hoy es el día del compromiso que todo cristiano deberíamos hacer a Cristo: Dar a los demás aquello que hemos recibido de Él, que es el AMOR, la MISERICORDIA y la COMPASIÓN.

“¡CRISTO HA RESUCITADO, ALELUYA, ALELUYA!”.

            Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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¿Cómo vivir esta Semana Santa?

¿Cómo vivir esta Semana Santa?

Hola… Ayer se dio inicio de la Semana Santa con la Festividad del Domingo de Ramos. La liturgia de este día nos habla de la entrada triunfal de Jesús en la ciudad de Jerusalén, podríamos entenderlo como un éxito parcial en la vida de Jesús. Es vitoreado, aplaudido y proclamado Rey. Siempre me he preguntado ¿por qué Jesús, tan esquivo Él a estas manifestaciones, lo permitió?; y los Evangelios nos lo cuentan no como un hecho metafórico, sino real; pero toda moneda tiene dos caras y en la misma liturgia de este domingo leemos la Pasión de nuestro Señor Jesucristo, donde ahí sí se expresa la auténtica fotografía de la venida de Jesús a este mundo: Su Pasión, Muerte y Resurrección.

            Hagamos en esta conversación momentos para ayudarnos a vivir esta Semana Santa y podríamos pensar en tres días: lunes, martes y miércoles, como instantes para encontrarnos con Cristo y el Sacramento de la Reconciliación.

            Llegamos al Jueves Santo: Los Sacerdotes del mundo entero, ante el Obispo de su Diócesis, renuevan el Sacramento recibido del Orden Sacerdotal. Esta ceremonia suele celebrarse en la mañana y en la catedral. En la tarde viviremos la Institución de la Eucaristía, en la cual hay un gesto significativo y único cuando recordamos que Cristo lavó los pies de sus discípulos como signo de humildad y de servicio. “No se ama para recibir, sino para dar”.

            Para el Viernes Santo: El silencio y la duda. Es importante escuchar las palabras de Jesús desde la cruz y quizá, para muchos, este año una de ellas sea la identificación con lo que nos está pasando: “DIOS MÍO, DIOS MÍO, ¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?”. Pero no nos olvidemos que Jesús nos dejó a María como nuestra protección.

            Llegar con gozo al Domingo de Pascua es, para poder entender, que en la vida no hay triunfo sin dolor, no hay éxito sin sacrificio y que un túnel oscuro traspasa la montaña para unir dos valles soleados. Por eso la vida tiene montañas imposibles de escalar; sin embargo, de la mano de Cristo podemos caminar en la oscuridad hacia la LUZ.

            Posiblemente los días de la Semana Santa nos daría para un extenso diálogo y reflexión, pero estoy seguro que cada uno de ustedes forjará en esta semana un corazón de ilusiones y con la fortaleza del cielo sabremos salir hacia adelante, porque Jesús cayó bajo el peso de la cruz, pero llegó al calvario y desde ahí nos redimió a todos para llegar al cielo.

“Cuando hay una tormenta los pajaritos se esconden, pero las águilas vuelan más alto”.

            Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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¿Quién empacó hoy tu paracaídas de la vida?

¿Quién empacó hoy tu paracaídas de la vida?

Hola… Hace algunos años leía una nota sobre lo que significa valorar a las personas, habida cuenta que muchas veces desconocemos la importancia que pueden tener en nuestras vidas.

            ‹Estamos en la guerra de Vietnam; un piloto de bombardero norteamericano, llamado Charles Plumb, fue derribado por un misil; en ese instante se lanzó en su paracaídas y fue capturado, pasando seis años en una cárcel norvietnamita. Cumplidos estos, regresó a los Estados Unidos y se dedicó a dar conferencias sobre su interesantísima vida personal. Recorría muchos lugares y un día, comiendo en un restaurante, se le acercó una persona que le dijo: -“Lo conozco, sé que su avión cayó derribado, abriendo usted a tiempo el paracaídas y pudo salvarse; fui yo quien empacaba su paracaídas”. El piloto Plumb se quedó paralizado por la sorpresa y por la gratitud; lo abrazó y le dijo: -“Muchísimas gracias. ¡Cuántas veces lo vi en el portaviones y nunca le dije nada!, pensando que ser piloto de un bombardero me hacía un ser superior, hacia aquellos marineros que alistaban los paracaídas en las entrañas del barco. ¡Con qué delicadeza preparó usted el paracaídas sin saber quién lo iba a usar!; sin embargo, lo alistó de tal manera que salvó mi vida”. Pasado aquel momento, el piloto Plumb comenzaba sus conferencias contando esta historia y preguntando a cada uno de los asistentes: -“¿Quién empacó hoy tu paracaídas”›.

Todos en nuestra vida tenemos a alguien que es vital, pero sobrevolamos a los seres humanos pensando, en el fondo, que no debemos agradecer nada a nadie, simplemente porque nos lo merecemos.

Me gustaría que, al leer estas palabras y haber escuchado esta historia, retomemos la pregunta: ¿Durante la presente semana hemos sido gentiles, generosos, solidarios y agradecidos con aquellas personas que muchas veces no vemos en ellas más que su rostro, pero que han sido y son fundamentales en nuestra vida?

            A veces, en los desafíos que la vida nos lanza a diario, perdemos de vista lo que verdaderamente es importante. Dejamos de saludar, de dar las gracias, de felicitar a alguien o aunque sea decir algo amable solo porque sí. Muchas de esas personas, alguna vez en tu vida, han sido quienes “empacaron” tu paracaídas.

“Cuando hay una tormenta los pajaritos se esconden, pero las águilas vuelan más alto”.

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La fuerza de la Naturaleza

La fuerza de la Naturaleza

Hola… El libro abierto de la naturaleza es, para mí, el libro más sabio que jamás haya podido escribir un ser humano. Es posible que muchos de nosotros, en algunos casos, ni siquiera lo hayamos abierto y, en otros casos, simplemente lo hayamos ojeado por encima; sin embargo, son maravillosas las lecciones que nos enseña.

            Lo que voy a contarte a continuación llegó a mí como un escrito, pero sin poner el nombre de quien lo escribió; no obstante, desde aquí felicito al autor de este texto, al mismo tiempo que me gustaría compartirlo con ustedes, amigos lectores.

            “La naturaleza nos enseña que existen dos animales que luchan por su propia sobrevivencia. Por un lado, el águila que, para alimentarse y vivir, necesita comer serpientes y, por otro lado, la serpiente que busca sobrevivir al ataque de las águilas. El águila, desde las alturas, primero por su certera visión, ubica a la serpiente, con gran velocidad se lanza contra esta y, con sus garras, la levanta hacia el cielo. Con esto, el águila cambió el campo de batalla, donde para la serpiente es un lugar imposible de defenderse, vale decir, el firmamento. Una serpiente no tiene ni resistencia, ni poder, ni equilibrio en el aire; es inútil, débil y vulnerable, a diferencia de su terreno en el cual es poderosa, sabia y mortal”.

            Interesante esta lección de la naturaleza, porque en la vida de los seres humanos y en este tiempo de cuaresma, vamos conociéndonos un poquito más, a la vez que valoramos nuestras fortalezas y cuando en ellas tenemos a Dios, bien sabemos que Él se hará cargo de nuestras batallas.

            No luches contra tu enemigo en su zona de confort, cambia el campo de batalla al igual que lo hace el águila y es ahí, donde teniendo a Dios, quien se encargará de tu batalla, y tú, desde la oración, recibirás la fortaleza que el cielo da para vencer los más duros momentos que puede tener un ser humano.

            Hace unos días regresaba el Papa de Irak a Roma y un periodista le pregunta: -Santidad, sabiendo lo complicado que era este viaje, ¿por qué lo realizó? El Papa le respondió: -Es cierto, pero han sido muchas horas de oración ante el Santísimo Sacramento y fue ahí donde el Señor preparó el terreno más favorable para peregrinar, en son de paz, a la tierra de nuestro padre Abraham.

“Cuando hay una tormenta los pajaritos se esconden, pero las águilas vuelan más alto”.

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Amor en el dolor

Amor en el dolor

Hola… Regresó a mi casa, ahora sí personalmente, el Filósofo de La Encalada y me dijo: -Pablo, estamos viviendo tiempos muy difíciles, la tormenta nos está destruyendo, porque si grande es el dolor por la muerte y la enfermedad de los seres que amamos, grande también es el desgaste por la angustia y desesperanza de no saber lo que nos puede pasar en el futuro. Sin embargo, me dijo, quiero contarte una historia y cada uno la podrá interpretar según las circunstancias que en este momento les rodee:

            “En una tribu uno de los más aguerridos y fuerte guerrero tuvo una hija preciosa, a la cual tenía que ponerle un nombre y en esta tribu el nombre no sería ni de película, ni de telenovela, ni por haberlo escuchado en una canción famosa; el nombre tenía que significar lo que esa persona habría de ser en su vida. Llegada la noche, el guerrero se internó en la selva y lo más bello que vivió fue el silencio de la noche y se dijo: -La belleza de mi hija es semejante al silencio de la noche. Cuando amaneció y ante el impresionante espectáculo de la aurora, pensó: -Mi hija no se llamará “Silencio”, sino “Aurora” por su singular belleza. Pero siguió caminando y encontró ríos, nieves, flores…; todo ello le pareció tan fascinante que quería ponerle el nombre de lo bello que estaba viendo. Llegó a un poblado y se encontró con un anciano, a quien le contó lo que estaba viviendo y este le dijo: -Ve más allá de las montañas y encontrarás una choza, en ella vive un pastor, él te dará el nombre de tu hija, pero es muy importante que no lo veas, ni que él a ti. El guerrero hizo lo que le dijo el sabio anciano. Traspasó las montañas y en una verde pradera había una casita, se guardó tras de un peñasco y vio cómo el pastor llegaba a su casa, al mismo tiempo salía una linda niña de la cabaña, corriendo y con los brazos extendidos se dirigía donde su papá; esta niña tenía la lepra. El guerrero sintió un fuerte escalofrío y vio cómo el padre y la hija se abrazaban y se cubrían de besos. Volviendo a su casa, con lágrimas en los ojos, dijo: -A mi hija la llamaré “HEOMA-NAE-SAN”, que significa “AMOR EN EL DOLOR”.

            Antes de irse mi amigo, comentó: -Desde los inicios de la historia humana, el miedo, la angustia, el dolor… siempre han estado presentes en nosotros.

“Cuando hay una tormenta los pajaritos se esconden, pero las águilas vuelan más alto”.

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La Verdad es la Sabiduría de Dios

La Verdad es la Sabiduría de Dios

Hola… Para sorpresa mía y agrado de los lectores, mi amigo, el Filósofo de La Encalada, dejó en mi messenger esta nota:

            Son estos momentos muy difíciles en los cuales necesitamos, escribió mi amigo, hombres probos, de valores, de principios y sobre esas profundas raíces, con el paso del tiempo, vemos crecer frondosos árboles con apetitosos frutos, llenos de vida y de salud; sobre todo de salud mental, de salud emocional, de salud afectiva y en comunidad de salud social. -Gracias, Filósofo de La Encalada, le puse; hoy, lunes, mi colegio arranca con el Año Académico 2021 y después de lo que manifiestas, sabes que estoy totalmente de acuerdo contigo; quisiera que mi colegio no solamente fuera una fuente de sabiduría científica y tecnológica, sino que en él, como dice nuestro lema: “Ser una comunidad en busca de la Verdad” y yo añado: “La Verdad es la Sabiduría de Dios”.

            Esto también escribió: “Si un ser humano tiene ética, su valor es igual a “1”. Si además esta persona es inteligente, creativa y práctica, agrégale un “0”, entonces su valor es 10. Si también tiene ambiciones y estas son solidarias, añádele un nuevo “0”, sumando a 100. Si demuestra simpatía y don de gente, auméntale otro “0”, por lo que su valor total sería de 1000. Pero ¿qué sucede si esta persona pierde el “1”, o sea la ética y los principios sólidos? No le queda nada, porque 0 + 0 + 0 = 0”.

            -Quiero, le dije al Filósofo de La Encalada, después de leer este escrito, que aquellos que formamos parte de la comunidad agustina, no solo busquemos la Verdad, que es la Sabiduría de Dios, sino que la pongamos, desde ya, al servicio de la comunidad.

            Iniciar un año académico no solo es una tarea de organización, sino una tarea de convencimiento; primero, comenzando con los responsables de la educación, papás y maestros, y ambos convencer con hechos, más que con palabras, la necesidad de poder llegar a ser hombres de bien y, como decíamos al inicio, desde esas profundas y fuertes raíces emerger en la vida para dar frutos abundantes.

Esta frase me la dejó el Filósofo de La Encalada: “Hijo mío, ahora que eres joven planta un árbol. ¿Para qué?, le dijo el joven al maestro. Para que en la vida no necesites andar a la sombra de los otros”.

“Cuando hay una tormenta los pajaritos se esconden, pero las águilas vuelan más alto”.

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Conviértete y cree en el Evangelio

Conviértete y cree en el Evangelio

Hola… En este mes de febrero, como todos los años, espero la visita de mi amigo el Filósofo de La Encalada; sin embargo, este año no vino y pensé lo peor, hasta que hace tres días apareció de una manera muy sorpresiva y, como siempre, atento a sus mensajes transcribí uno de ellos para compartirlo con ustedes:

            “No hay nada mejor que una piedra en el zapato para recordarnos que el problema no es el zapato o el camino, sino la piedra. Y no nos queda más que quitarla y seguir adelante; pero a veces nos enamoramos de la piedra y aprendemos a convivir con su molestia hasta hacerla carne viva en los huesos. A veces no es el zapato ni es la piedra; a veces la piedra es uno mismo”.

            El miércoles pasado hemos iniciado el Tiempo de Cuaresma con la liturgia del Miércoles de Ceniza. Es este un tiempo de conversión; en el momento de la imposición de la ceniza la frase que dijimos fue: “Conviértete y cree en el Evangelio”. A modo de anécdota, te cuento que celebré la Eucaristía del Miércoles de Ceniza a través del facebook y, para mí, fue muy significativo, porque toda mi vida compartí esta ceremonia de la imposición de la ceniza en misas presenciales, pero este año, gracias a la virtualidad, cada hogar se convirtió en una iglesia doméstica y uno de sus miembros impuso la ceniza al resto de la familia. Fray Diego y yo transmitimos la Eucaristía desde la Capilla del Colegio San Agustín, pues fueron miles de hogares los que en ese instante, como nunca antes se habría hecho, se comprometieron a convertirse y a vivir el evangelio.

            Quería contarte este suceso del Miércoles de Ceniza, para compartir de nuevo la reflexión que me dejó el Filósofo de La Encalada y pensar que en este Tiempo de Cuaresma y de Conversión, podríamos revisar cuáles son aquellas circunstancias que ameritan sacar de nuestras vidas para lograr ser felices. Pienso que los problemas no están allí para que los coleccionemos, sino para solucionarlos. Es por ello que un análisis y revisión de nuestras propias vidas, “nos lleven a sacar de la mochila” todo aquello que nada nos sirve para la vida.

            Pedirle a Dios que no tengamos problemas, sobre todo en un tiempo como este, de pandemia y de dolor, pero me permito sugerirte que nos pongamos en oración para implorar al Altísimo creatividad y fortaleza; con ello, juntos y bendecidos por el cielo, a pesar de las vicisitudes de la vida, salir adelante.

“Cuando hay una tormenta los pajaritos se esconden, pero las águilas vuelan más alto”.

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El secreto de la vida

El secreto de la vida

Hola… Un día de esta semana llegó a mi oficina del Colegio San Agustín nuestro entrañable amigo, el Filósofo de La Encalada. Después de los saludos, él que suele ser muy parco en palabras, me contó esta historia:

            “Hace muchos años vivía en el bosque un bello cervatillo, el cual era la admiración de todos los demás animales por una sencilla razón: su cornamenta era tan enorme y perfectamente labrada, algo que jamás se había visto en el bosque, ni en los otros ciervos y demás animales. El cervatillo era un adolescente; por lo tanto, ante este beneficio de la naturaleza, se sentía el ciervo más hermoso de todo el lugar; sin embargo, no todo en esta vida es perfecto, me dijo el Filósofo de La Encalada, había en este cervatillo una espina clavada en su ego y era que no aceptaba, de ninguna manera, la delgadez de sus patitas. Se preguntaba: -Siendo yo tan perfecto, ¿por qué la naturaleza no me ha dotado de unas patitas fuertes y vigorosas?, pues con ello nada más le pediría a la vida.

            En una ocasión el cervatillo tenía sed y se acercó al río para beber agua; este río, de aguas cristalinas, era un espejo y en él se vio reflejado; por un lado, admirando su cornamenta preciosa y única, pero por otro lado, sus patitas le hacían recordar que en esta vida uno no lo puede tener todo. Estaba él en estos dilemas existenciales, cuando olfateó un león; inmediatamente se lanzó en una carrera cruzando el río, internándose en la selva y, de vez en cuando, mirando al león que le perseguía. Pero pasó algo grave: entre los matorrales quedó enganchada su cornamenta, por lo que le era imposible seguir huyendo del león; entonces pensó: -Aquí terminaron mis días. No obstante, la naturaleza también le había dotado de una gran fortaleza, por lo que pudo deshacerse del ramaje y salir apresurado, perdiéndose en el bosque”.

            Nuestro amigo me dijo: -Enséñale a tus alumnos cuál es el secreto de la vida. Con esta lección el cervatillo aprendió algo importante que jamás se le olvidó; quien lo salvó no fue esa cornamenta casi perfecta, más aún, por ella casi fue devorado por el león; quien lo salvó fue su fuerza de voluntad y sus “patitas ridículas”, a las que desde ese momento valoró, porque gracias a ellas y a su agilidad pudo librarse de morir, siendo atrapado por las fauces del hambriento león.

            El Filósofo de La Encalada me dejó con la historia sin decirme nada más. Yo también te dejo con la historia sin decirte nada más.

“La mejor manera de predecir el futuro es creándolo”.

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Luchar para triunfar

Luchar para triunfar

Hola… El jueves pasado cumplía años uno de los futbolistas que, en los últimos tiempos, asombró al mundo con el arte del balón. Cumplió 52 años Gabriel Batistuta, quien con el número “9” a la espalda hizo goles de fantasía, uno de ellos hace 20 años, saliendo con el balón desde su propia área, llegando a la de Colombia, solito marcó un gol memorable. Para mí fue muy importante el gesto que hizo: la “Señal de la Cruz”, agradeciéndole a Dios por el arte que había puesto en sus botines de futbolista.

            Lo leí, me pareció una bonita experiencia para poder conversar, juntos, en este lunes: ‹Un día, un amigo de Batistuta, o “Batigol” como le llamaban algunos, se le acerca y le dice: -Ayer necesité ir a la notaría y tenía que sacar unas fotocopias; preguntando, me indicaron que en la esquina había un pequeño negocio donde fotocopiaban. Allí fui y quien me atendió era un chiquillo que se parecía mucho a ti; le hice el comentario de tu persona y me contestó que sí, que él era tu hijo. Gabriel Batistuta le respondió: -Es verdad, es mi hijo Joaquín; sorprendido el amigo, le dijo a Batistuta: -¡Cómo tienes a tu hijo sacando fotocopias con tanto dinero que posees!

            Mira qué lección le dio este talentoso jugador de fútbol o, más aún, talentoso ser humano, cuya filosofía, por lo menos, merece la pena conocer: -Él es mi hijo, yo soy su padre, pero ambos somos dos personas diferentes, cuyas vidas no tienen por qué ser iguales, lo que sí es igual, para él y para mí, es que “si queremos triunfar en esta vida, tenemos que luchar, sacrificarnos y sobre todo hacer lo que hacemos con alegría”. Cuando mi hijo sube a mi carro, último modelo, sabe perfectamente que él no lo ha logrado; se lo puedo regalar, pero la gran satisfacción será cuando él, si lo quiere así, lo consiga con su esfuerzo y con su sacrificio›.

            Saltamos de la anécdota a la conversación entre tú y yo; me permitiría, si lo crees conveniente, decirte que, desde mi punto de vista, nada bueno puedes lograr con todo lo que le das a tu hijo, con ello estás anulando su capacidad de superación. Por lo tanto, que Batistuta haga eso con su hijo, podemos estar o no de acuerdo, pero si ambos lo han asumido como filosofía de vida, el joven alcanzará en su experiencia personal el éxito que su padre tuvo en el mundo del fútbol: HABERSE REALIZADO COMO SER HUMANO.

“La mejor manera de predecir el futuro es creándolo”.

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Un milagro en la vida de quien nos necesita

Un milagro en la vida de quien nos necesita

Hola… Días antes de iniciar el mes de octubre, tuvimos una idea que hicimos realidad, poner en la fachada del Colegio San Agustín un inmenso banner con la imagen del Señor de los Milagros. Pasó dicho mes y pensamos que sería bueno mantenerla hasta el último domingo del año litúrgico, fiesta de Cristo Rey, y así fue. Empezaba el Adviento y decidimos crear un ambiente navideño colocando el Nacimiento, las luces y las guirnaldas, pero seguimos pensando que, ante la pandemia y el profundo respeto que el pueblo de Lima le tenemos al Señor de los Milagros, sería conveniente mantenerlo ahí, unidas dos experiencias religiosas muy significativas: El Nacimiento de Jesús y la Redención de la Humanidad desde la Cruz.

            Pasada la Navidad quitamos el Nacimiento y las luces, pero nos preguntamos: ¿Por qué no dejamos la imagen del Señor de los Milagros? Y esta ha sido ubicada en un lugar preferente de la fachada principal del colegio. Durante el día el sol la ilumina y en la noche unos potentes focos favorecen el ambiente de recogimiento y de oración.

            Lo leí en un informe de un diario económico, en el cual se hablaba de los miles de personas que pasan, cada día, por la Av. Javier Prado, que pueden ver el Colegio San Agustín y pensé: -¡Tantas historias de hombres y mujeres que transitan por esta avenida, unos destruidos por la enfermedad, otros buscando una esperanza que no encuentran, otros con un problema emocional, de pareja, de fe…! ¡Cuántas historias!  En un momento dado la persona que vive sus propios problemas, sea de día o de noche, levanta su cabeza y observa la imagen del Señor.

            Hoy te narro posibilidades; estoy seguro que algún día te narraré maravillosas historias de fe que tocaron su corazón con el Corazón de Jesús.

            De estos dolorosos tiempos que vivimos, donde la virtualidad educativa es lo más importante, quiero decirle a la gran Familia Agustiniana que la frase puesta en el banner es verdad: “Aquí está el Señor de los Milagros: SIEMPRE”. Además, pedir que este año, cada uno de nosotros, seamos un milagro para los demás.

            Todas las noches, antes de descansar, me acerco a la fachada principal y por unos minutos le agradezco al Señor de los Milagros, en nombre del Perú, la fortaleza que imprime en nuestro pueblo, sobre todo en los momentos más angustiosos que estamos viviendo.

            Cuenta con la protección del Señor y cuenta, también, con mis oraciones.

“La mejor manera de predecir el futuro es creándolo”.

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