El abrazo del alma

El abrazo del alma

Hola… Sucedió la semana pasada en el encuentro del Santo Padre con los jóvenes participantes de la JMJ. En un momento dado, Francisco recorría una avenida en la cual había miles de jóvenes expectantes al paso del Papa; todos ellos le tomaban cientos de fotografías; el Papa saludaba y bendecía a los jóvenes. Sin embargo, la foto que estoy viendo en estos instantes muestra a un joven ubicado en la primera fila y sin cámara o celular en sus manos, estas las tiene unidas en actitud de oración; el Papa, al pasar junto a él, se detiene unos segundos, mira a los ojos del joven y lo bendice.

            Miles de adolescentes tendrán hoy en sus celulares fotos que muestran lo cercano que tuvieron al Santo Padre y la cantidad de fotografías que le tomaron en su caminar por las vías panameñas. No obstante, yo me quedo con la imagen de este joven que, si bien es verdad, en esa ocasión no tomó ninguna foto al Papa, pero estoy seguro que jamás olvidará la mirada y la bendición del Santo Padre porque en ese rato, entre ambos, no se interpuso nada.

            Me viene a la memoria una foto que ha dado la vuelta al mundo y fue tomada en el Mundial de Fútbol, año 1978. Se disputaba la final donde Argentina conseguiría ser Campeón del Mundo. Los miles de fanáticos del fútbol y, de manera muy especial, los argentinos, ante el pitazo final y saber que, a partir de allí y por los próximos años, serían los Campeones del Mundo, no solo fue la alegría de los jugadores, sino de sus seguidores. La foto resalta al portero de la selección argentina apellidado Fillol, quien, terminado el partido, a unos metros de la portería, se hinca de rodillas y con los brazos elevados hacia el cielo da gracias a Dios por el título conseguido, pero además de los cientos de entusiastas que habían saltado al terreno de juego, uno de ellos corre dirigiéndose a Fillol para abrazarlo; nada tendría de raro esta imagen ni sería tan poderosa si no fuera porque a aquel joven le faltaban los dos brazos. A esta foto se le llamó “EL ABRAZO DEL ALMA”.

            Hay momentos en la vida que lo más importante no es aquello con lo que hacemos las cosas, sino cómo las hacemos. En la primera imagen que te relaté queda reflejada en ella y para toda la vida del joven: “LA MIRADA DEL PAPA”. En la segunda: “EL ABRAZO DEL ALMA”.

“Nunca sabe un hombre de lo que es capaz hasta que lo intenta”

Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe

 

Esta es una historia real

Esta es una historia real

Hola… Puede que su nombre sea Daniel, pero lo que sí estoy seguro es que él nació en una familia católica y su vida de alumno transcurrió en las aulas del Colegio San Agustín, desde el cual hace unos meses comparto contigo esta columna.

            Daniel desea casarse en la Capilla del Colegio, está naturalmente muy ilusionado y no es para menos, porque un día, de la forma más inesperada, cayó de un edificio desde una altura que fue lo suficientemente grande para perder completamente la motricidad de sus piernas.

            Esta semana lo recibí en mi oficina, camina con un bastón y mucha dificultad, pero lo hace con una sonrisa de oreja a oreja, que hace de Daniel un hombre feliz.

            Un día los médicos terapistas intentaron convencerle de que el golpe recibido en la caída tendría consecuencias irreversibles y que caminar, para él, sería ya una misión imposible. No obstante, Daniel se escuchó a sí mismo y aquellos valores recibidos en su hogar y en su colegio, el San Agustín, le decían que nada hay imposible mientras uno quiera luchar y luchó. Hoy puede caminar erguido en la vida. El próximo año se gradúa de Médico y entenderás que su opción en la Medicina no fue otra que la de Terapias para poder caminar.

            Daniel me dijo: -Pablo, cuando delante de mí se presente un paciente que tenga lo que yo tuve, le voy a decir que, en mi caso, lo logré porque mi espíritu de superación y la confianza en Dios y en mí -que mi familia y el San Agustín me dieron- no me permitieron fracasar. Quiero una familia donde mis hijos se sientan orgullosos de su mamá y de su papá.

            Amigo lector, cuando cada día de nuestra vida el cielo se abre para enviarnos un ángel con un mensaje divino, no le demos la espalda. La historia de Daniel es real, lo que te he contado es real, pero queda en estas líneas una importantísima segunda parte. ¿Cuántos de nosotros nos atrevemos a aprovechar estos mensajes del cielo? No estaremos entre el grupo de quienes pensamos que solo es comida aquello que recibimos como “papilla”, o no será mejor -valga la metáfora- que la mejor comida ha de ser aquella que plantamos, regamos, recogemos y preparamos, porque todo el esfuerzo vertido en este proceso nos va a demostrar de lo que somos capaces.

            Desde esta columna elevamos oraciones para el fiel desempeño del P. Carlos Gustavo Castillo Mattasoglio, exalumno del Colegio San Agustín, en la Iglesia de Lima.

“Nunca sabe un hombre de lo que es capaz hasta que lo intenta”

Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe

 

Sembrar y cosechar

Sembrar y cosechar

            Hola… En el curso de la presente semana llamé a dos instituciones privadas y a una institución pública. En los tres casos se dio un denominador común: los teléfonos de las tres entidades se encontraban conectados con un Call Center; por lo tanto, la comunicación era impersonal, sin nadie al otro lado y cero afectos.

            Entiendo la necesidad de una sociedad cada vez más tecnificada, pero siento que estamos perdiendo lo más sagrado de los seres humanos, que es la capacidad de comunicar sentimientos.

            Sentado en la oficina del Colegio San Agustín, observo en el patio a un grupo de jóvenes adolescentes que están viviendo su verano útil y, al mismo tiempo, recordaba la historia de María, Profesora de hace muchísimos años que, recién graduada en la Escuela del Magisterio de su ciudad, fue enviada a una de las escuelas más pobres de aquel lugar. Los papás de María no estaban conformes con aquella designación, pero ella se sentía la mujer más feliz del mundo; no obstante, comenzaron a apoyarla con lo que estuviera a su alcance. En invierno, muy temprano, aún a oscuras y haciendo mucho frío, su papá solía acompañarla a la escuela y a media mañana su mamá preparaba unas ricas tortas de pan que, con su hija, entregaban a los niños para, por lo menos, darles un poquito de alimento. La hermana de María trabajaba en una empresa donde le conseguía hojas, tizas y lapiceros. Pasaron los años, María se casó, tuvo sus hijos y compró una casita muy cerca de la escuela donde llegó a ser Directora. Fundó una escuela nocturna para que los papás de los estudiantes y hasta los abuelos pudiesen terminar su secundaria.

            María, ya anciana, estaba solita en su casa y uno de los días en que una de sus hijas la visitaba, le dijo: -Mamá, ¿por qué no te vienes a vivir conmigo? Ella le contestó -No hija, aquí me siento feliz. Todo estaba organizado en casa, limpieza, refrigeradora llena… Y, después de unos minutos, la hija le hizo otra pregunta: -Mamá, ¿quién te está ayudando para que todo se mantenga en perfecto orden? En ese momento se abrió la puerta de la casa y dos antiguas alumnas de María entraron trayéndole comida.

            Posiblemente esto sea un sueño, pero estoy empeñado en hacer realidad de que cada día sea más humano y entender el salmo 126 que dice: “Los que siembran entre lágrimas, cosecharán con alegría”.

“Vivimos bajo el mismo techo, pero ninguno tenemos el mismo horizonte”

            Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, OSA.
pablo@sanagustin.edu.pe

La ecuanimidad en la familia

La ecuanimidad en la familia

            Hola… Hace muchos años, en un lejano país, vivía un acaudalado hombre que tenía dos hijos. Estaba preocupadísimo porque sabía que, al morir, el problema de los hermanos era muy grande debido a la ambición que tenían. Ellos pensaban de esta manera: “Mi otro hermano ha recibido más que yo”.

            Murió el acaudalado hombre y sucedió exactamente lo que pensaba; los hermanos entraron en una disputa interminable a la hora de repartir la herencia.

            No viendo arreglo alguno, decidieron acudir donde un Juez, quien escuchó cuidadosamente cada uno de los argumentos que ambos le exponían. Después de varias horas de escuchar a los dos, les dice: -Haré una pregunta a cada uno. -¿Usted es capaz de jurar que su hermano ha recibido en herencia una parte mayor que la suya? Y contestó sin titubear: -Estoy totalmente seguro que mi hermano recibió una herencia más grande que la mía. Luego, el Juez preguntó al otro: -¿Es usted capaz de jurar que, también, su hermano ha recibido una parte mayor que la suya? Y respondió: -Categóricamente sí, él recibió una parte mayor que la mía.

            Escuchando los argumentos, el Juez les dice a ambos: -Ya que estáis convencidos de aquello que os he preguntado, mi sentencia es que os intercambiéis vuestras respectivas herencias. Y el Juez ordenó la ejecución inmediata de su sentencia.

            Todo ser humano, en el marco de su realización personal, desde el instante mismo de la concepción, se distingue por su unicidad y al tiempo nos damos cuenta que, siendo únicos e irrepetibles, tenemos iguales defectos como la envidia, los celos, la codicia, …

            Nos cuesta mucho el ser ecuánimes y objetivos con aquello que tienen los demás y, quizás, a modo de anécdota, pero que ya es un síntoma inequívoco de que algo no está caminando bien, es cuando vemos en una mesa a la familia comiendo una porción de pollo y por allí escuchas a uno de los hermanitos: -¿Mami, por qué a mi hermano le has dado más que a mí?, sabiendo que en los padres siempre habrá una justa distribución porque para una madre todos sus hijos son iguales.

            Toma estas palabras como una reflexión en voz alta. Pienso que si la familia cuida el valor de la ecuanimidad entre esposos y en su relación con sus hijos, estoy seguro que desde allí estamos ya construyendo un gran país.

            La avaricia es la madre de todas las guerras.

“Vivimos bajo el mismo techo, pero ninguno tenemos el mismo horizonte”

            Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe

Las batallas de cada día

Las batallas de cada día

Hola… Cuenta una antigua tradición china que un rey, quien tenía un vasto territorio, fue atacado por un ejército enemigo, pues éste en muy poco tiempo fue haciéndose dueño de tierras, poblados y campesinos.

Al rey lo único que le quedaba era un castillo, en el cual vivía con apenas un minúsculo grupo de sirvientes. Prácticamente, su ejército estaba destruido y era cuestión de tiempo que la tropa enemiga tomara el último reducto que le quedaba: el castillo donde vivía el rey.

Un día los sirvientes le avisaron que el ejército contrario estaba apenas a un kilómetro de distancia; en ese instante el rey mandó colocar puentes de ingreso al palacio, abrir las puertas de todo el castillo, subió a la atalaya y esperó a que llegase el general con su ejército para que le arrebaten su fortaleza.

No cabe duda que el rey estaba nervioso, angustiado y con mucho miedo por lo que le podría pasar; sin embargo, supo mantener la calma y sucedió algo increíble cuando los generales con su ejército llegaron al castillo, porque viendo ellos la facilidad que les otorgaba el rey para tomarlo, se dieron media vuelta y huyeron. Al día siguiente el rey llamó a sus sirvientes y les dijo: -De una u otra manera todos tenemos miedo; no obstante, lo importante es ser creativo en el miedo y no dejar que “el miedo nos atenace”. Tanto el ejército enemigo como yo tuvimos temor, pero gracias a mi creatividad hice que el miedo les atemorizara y llegaran a pensar que, ante la facilidad mostrada en tomar el castillo, algo me guardaba y que si ingresaban yo los destruiría. Tuvieron miedo y se fueron. También tuve miedo, pero lo encaucé de manera creativa.

Esta tradición china me hace pensar que la actitud tomada en el presente año por cada uno de nosotros, quienes vamos a tener nuestros miedos, nuestras angustias, nuestros problemas, no dejemos que nos atenacen y nos paralicen, sino que, con creatividad, salgamos victoriosos de las batallas de cada día.

Nos resta todo un año para demostrarle a la vida que los problemas más grandes que se nos presenten no han de estar fuera de nosotros, sino dentro, ya que solemos ser nuestros peores enemigos y eso sí es peligroso.

“Vive intensamente el presente; los que viven aferrados al pasado ya murieron;

y los que viven soñando con el futuro aún no han nacido”

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, OSA.
pablo@sanagustin.edu.pe

¡Feliz año 2019!

¡Feliz año 2019!

Hola… Es normal que al finalizar el año hagamos un recuento de lo vivido y nos proyectemos hacia aquello que, en el próximo y cercano año, quisiéramos conquistar.

La historia que me contaron viene desde muchos años atrás y se refiere a la experiencia vivida por un monje que todos consideraban un santo; sin embargo, había un dato intrigante que la gente no podía entender y era que los viernes, al medio día, el monje desaparecía del convento y se iba a un lugar desconocido y no regresaba hasta el lunes, al amanecer.

Conociendo a este hombre santo nadie dudaba de su vida, más aún, pensaban que durante los fines de semana iba a hablar con Dios; por supuesto que ello solo se podía dar en el cielo, que era lo que pensaban los del pueblo.

No obstante, para salir de toda duda, pidieron a un joven del poblado que lo siguiera sigilosamente de viernes a lunes y que viéndolo pudiera constatar el lugar a donde iba el monje. Y así sucedió, al mediodía del viernes el monje salió del convento y tras de él, oculto, iba el joven “investigador”. Caminaron por espacio de dos horas y en un lugar despoblado e inhóspito el monje se quitaba el hábito y se vestía de un humilde campesino. A una media hora de este lugar -ya vestido de campesino- el monje entraba a una cabaña, el espía le descubrió que cuidaba de una mujer anciana y paralítica; posteriormente, limpió la casa, lavó la ropa, cortó la leña, hizo todo lo suficiente para que, en los siguientes días hasta su regreso, no le faltara nada a dicha señora.

El espía regresó inmediatamente al pueblo y todos le preguntaron: ¿Viste subir al monje al cielo? No, respondió el espía, le vi subir mucho más alto.

Como dijo el poeta César Vallejo en esa memorable frase: “Hay, hermanos, muchísimo que hacer”. Desde esta proposición me atrevería a pedir a quienes generosamente comparten esta columna, un construir -en este año 2019- una historia silenciosa, pero efectiva, donde donando lo mejor de nosotros nos sintamos comprometidos con los más necesitados.

Desde estas líneas, hechas con las más sinceras emociones, deseo para cada uno de ustedes un FELIZ AÑO 2019.

“Vive intensamente el presente; los que viven aferrados al pasado ya murieron; y los que viven soñando con el futuro aún no han nacido”

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, OSA.
pablo@sanagustin.edu.pe 

Momentos importantes

Momentos importantes

            Hola… Hace unos días, sentado en mi oficina del Colegio San Agustín, observaba a los jóvenes de la Promoción del presente año, quienes con algarabía celebraban los últimos momentos de su vida escolar. Por un instante pensé cómo hacía cerca de 50 años atrás, aproximadamente, concluía también yo la secundaria y entiendo que viví, al igual que ellos, las emociones de una vida que conocía y dejaba para el recuerdo, pensando en una nueva vida que desconocía, en la cual, como así ha sido, me depararía muchas y agradables sorpresas.

            Todos tenemos en la vida momentos claves que no solo son importantes, sino decisivos y no siempre nos damos cuenta de ellos, pero al pasar de los años sabemos que aquellos instantes vividos cambiaron nuestra vida.

            Abrí la Biblia y apareció el texto de Lucas en su primer capítulo, desde el versículo 26 en adelante que dice así: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios no hay nada imposible. Entonces María contestó: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y el ángel se retiró».

            A portas de la Navidad muchos de nosotros pensamos en nuestros seres más cercanos proyectando qué regalo vamos a recibir de ellos, al mismo tiempo que nos “rompemos la cabeza” pensando qué regalo le hacemos en estas Navidades a nuestros seres más queridos.

            Estoy seguro que, si estamos atentos, pero muy atentos a la voz del Niño Dios y no nos distraigamos con los cánticos y los cohetones y los regalos y mil cosas más…, pudiera ser que esta Navidad sea como lo fue con María, el 24 de marzo de aquel año, un momento clave no solo en su vida, sino también en la vida de la humanidad.

            Para muchos no han sido los grandes momentos de nuestra vida, anunciados con “bombos y platillos”; mas bien, al igual que con María, llegó en un atardecer cuando se encontraba orando, cosa que hacía todos los días y en ese ocaso del 24 de marzo -“Día de la Anunciación”- comenzó en ella y en la humanidad el más grande cambio que jamás la historia había soñado. Cerrarnos al valor de las pequeñas cosas es, a veces, dejar pasar los más grandes milagros de nuestra vida.

            FELIZ NAVIDAD.

P. Pablo García Larrán, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe

P. Maximino Fernández Marcos

P. Maximino Fernández Marcos

Hola… Recién el día 2 de noviembre del presente año cumplió 95 años de edad. Por más de 70 años vivió en el Perú trabajando y evangelizando en colegios y parroquias agustinas.

Hace unos días el Señor lo llamó a su lado para ese merecido descanso eterno que, después de una fructífera labor evangelizadora, recordando las palabras del Apóstol San Pablo que nos indica cómo en sus últimos años se siente merecedor del premio eterno, por haber sido combativo en el Nombre de Jesús durante toda su vida.

Se llamaba P. Maximino Fernández Marcos, lo conocí en el año 1979, recién llegado yo al Perú, instalado en la Comunidad del Colegio San Agustín, celebraba la Misa en la Parroquia Nuestra Señora del Consuelo los domingos, a las 8.00 p.m. Como el P. Maximino había nacido muy cerca de mi pueblo y teníamos muchas cosas en común, terminando la celebración eucarística siempre me invitaba para conversar sobre la comarca que nos había visto nacer a los dos y después con un carrito que tenía, antiquísimo, me regresaba al Colegio San Agustín.

En la noche de su velorio Mons. Raúl Chau dijo: Este hombre ha sido un Sacerdote fiel a Dios y a su Iglesia. Cuando Mons. Raúl expresó estas palabras, yo, que conocía al P. Maximino por 40 años, pensé: Por estos hombres y mujeres la Iglesia de Jesucristo se mantiene con firmeza. Muchos serán los que cambian de opinión por los avatares de los tiempos y se dejarán llevar por modas y cantos de sirenas, pero las «veletas» nunca serán los cimientos de la Iglesia, están ahí moviéndose al vaivén de los vientos, pero quien soporta el peso de la Iglesia son aquellos hombres y mujeres cuya característica es «SER FIELES A DIOS Y A SU IGLESIA».

El P. Maximino me contó muchas veces que no era fácil el «cada día de su Sacerdocio», por sus debilidades en ocasiones o por la interpretación que le podían dar quienes a su lado tenían otra forma de pensar; pero siempre me decía: -Pablo, en la responsabilidad que nos ha dado la Iglesia, tenemos que ser prudentes y gracias a la prudencia podemos alcanzar la sabiduría que nos hará tomar las mejores decisiones, no por un beneficio personal, sino para el bien de la Iglesia de Jesucristo.

Estoy seguro que muchos de ustedes lo conocieron y como símbolo de gratitud, desde ya, te invito a la Misa de Mes que celebraremos el lunes 7 de enero, a las 8.00 de la noche, en la Iglesia Parroquial que él construyó de Nuestra Señora del Consuelo de Monterrico.

“El que no sabe lo que busca; no se conforma con lo que encuentra”.

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe

Estamos en Adviento

Estamos en Adviento

Hola… El martes de la semana pasada, en el Programa JN 19, conversábamos con el P. Donato y un servidor sobre lo que significa el Tiempo de Navidad y, a la vez, de su preparación, que es el «Adviento». Desde su sapiencia, que es mucha, nos ilustraba sobre lo que un cristiano debe hacer para no perder de vista el auténtico sentido de este tiempo litúrgico. En un momento dado de la conversación dijo con firmeza en sus expresiones, a los televidentes y a mí, lo siguiente: La Navidad comienza el 24 de diciembre, al mediodía, y este tiempo va hasta el 6 de enero, que es la Fiesta de la Epifanía. Reflexionábamos sobre este tema y, al terminar el programa, le comenté cómo hoy en día muchos de nosotros adelantamos los tiempos sin vivir en cada instante la fuerza que nos trae cada día.

No había terminado noviembre y el mundo entero festeja la Navidad y perdemos de vista que para vivir en plenitud la Navidad, desde nuestra experiencia de cristianos, debemos primero vivir en plenitud el Adviento. Y como dice la Biblia: TODO TIENE SU TIEMPO.

Ahora no es fácil, con la vorágine de la vida, poder entender algo que el sonido de la Navidad pudiera no dejarnos escuchar el sonido del Adviento que, por ser más suave, a veces se convierte en imperceptible y de sorpresa nos encontramos que el tiempo de Navidad pasó a nuestro lado de largo, sin parar, porque nosotros no habíamos preparado un espacio en nuestros corazones para que se detuviese el Niño Dios.

No solo son estas palabras una hoja de ruta a seguir, pero a raíz de la conversación con el P. Donato durante estos días y dándole vueltas a mi cabeza, pensé cuántos momentos -en lo personal- no he vivido en plenitud porque no preparé el camino y, en este caso, la casa, para que estos tiempos llegaran y se hospedaran en mi corazón.

Vivimos muy aprisa y con ello podremos perder el sabor del instante, la belleza del presente, la melodía del amor…

Me permito sugerirte, sin ánimo de direccionar nada, que durante este tiempo de Adviento detengamos toda la vorágine que llega a nosotros a través de las manifestaciones, sea del comercio, sea de las iluminaciones del lugar y de la ciudad. Pensemos por unos minutos que la Navidad hay que prepararla en nuestros corazones y me temo que eso no es tan fácil como nos lo quieren hacer entender.

“El que no sabe lo que busca; no se conforma con lo que encuentra”.

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

Padre Pablo Larrán García, OSA.
pablo@sanagustin.edu.pe 

El autoestima

El autoestima

Hola… Una de las tendencias naturales de todo ser humano es aquella que refiere a la autoestima que, modernamente, pareciera la panacea de la realización de todo ser humano. En otras palabras, da la impresión de que, si uno no se alaba a sí mismo, nadie lo va a hacer por ti. Sin embargo, con esta historia que te voy a contar pudiera entenderse todo de manera distinta:

El verano estaba dando sus últimos aleteos en aquel bosque, por lo que muchas aves buscaban emigrar a países más cálidos y solamente regresar a ese lugar en tiempo de primavera. Una manada de gansos había entablado amistad con un grupo de ranitas y, para qué, habían logrado una linda amistad, por lo que, llegado el tiempo de la separación, tanto a las ranitas como a los gansos, les costaba un poquito saber que por varios meses no se volverían a ver. Las ranitas quedarían en el lago y los gansos disfrutarían de la cálida primavera en otros países.

Una de las ranitas pidió a sus amigos gansos que la llevasen con ellos, y le respondieron que no era posible porque ella no sabía volar. -¿Qué problema hay? Preguntó la ranita. Quedan, aún, algunos días para la partida y ustedes me pueden enseñar a volar. Por supuesto que lo intentaron, pero todo fue imposible hasta que un día la ranita comentó con sus amigos los gansos: -Tengo una gran idea, tomamos este palito y entre dos de ustedes, uno a cada lado, lo colocan en su boca y yo, con la mía, aprieto el palito en medio, de manera que volamos juntos. Los gansos dijeron: -¡Qué gran idea! Probaron el invento y resultó un acierto.

Llegado el día de la partida, los gansos y la ranita emprendieron su viaje pasando por muchos lugares, hasta que en un pueblito la gente del lugar comentaba lo que estaba viendo como algo maravilloso, pues la ranita, “henchida de satisfacción”, se olvidó en dónde se encontraba y abriendo la boca dijo: -La idea fue mía. Indudablemente, cayó al suelo y ya no te cuento cómo quedó.

Sería bueno pensar que, a veces, el autobombo nos puede llevar a la autodestrucción.

“Una madre es aquella que teniendo dos vasos de agua y dos hijos dice: No tengo sed”.

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana.
¡Que Dios nos bendiga!

 

Padre Pablo Larrán García, OSA.
pablo@sanagustin.edu.pe

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