Ruanda: el milagro del perdón

Ruanda: el milagro del perdón

Hola… Hace algunas semanas tuve como invitado en mi Programa de JN 19 Televisión, a alguien que admiro profundamente, a la vez que nos une una linda amistad. Amistad y admiración que no solamente son mías, sino de millones de personas en el Perú, que hemos escuchado su voz y compartido su labor periodística a través de la radio. Se llama José María Salcedo, más conocido por todos como “Chema Salcedo”. De raíces vascas, de una fortaleza inquebrantable y que, habiendo pasado una dolorosísima enfermedad, en nuestra conversación pude comprobar su espíritu de lucha continua e incesante.

En el marco de esta entrevista le pregunté en qué estaba. Y me dijo que se encontraba preparando un viaje al país africano llamado Ruanda. Me quedé un poco atónito porque no me imaginaba cuál era la razón de su interés por viajar a ese país. “Chema” me comentó: -Recuerdas que en el año 1992 sucedió un genocidio entre las dos etnias o tribus más significativas, como fueron los “hutus” y los “tutsis”. Se estima que murieron más de un millón de personas -año 1994- y muchos de ellos a machetazos.

Ingenuamente le pregunté: -Chema, como acucioso periodista que eres, ¿qué vas a buscar 25 años después en ese país? Contestándome: -Ese es un país reconciliado que, 25 años después del genocidio, ha logrado unirse y hoy es uno de los países más prósperos de África. Ambas etnias supieron juntarse, curar sus heridas y mirar hacia un futuro que hoy es un presente de reconciliación y prosperidad. Quiero ver el Milagro de Ruanda, que es el Milagro del Perdón, el regalo más grande que podemos darnos y brindar a nuestros hermanos para mirar hacia adelante y conducir nuestras vidas, no por el retrovisor -que es trasladarnos al ayer-, sino a través de la luna delantera -que nos hace visionar el futuro- y, por supuesto, sin caer en el error del pasado.

Este es un Tiempo de Cuaresma que, por lo menos una cantidad numerosísima de nosotros, como cristianos, debemos fortalecer en nuestras vidas y comprometernos, de manera muy especial, con aquellas tareas del alma que son la de PERDONARNOS y la de PERDONAR.

“El envidioso inventa el rumor, el chismoso lo difunde y el idiota se lo cree”

Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe

Una iglesia que ilumina

Una iglesia que ilumina

Hola… Muchas veces, al hablar de la Iglesia Católica, la vemos en sus sombras y en sus pecados; sin embargo, la verdad de todo lo que nos compete a los seres humanos, debemos verla en su totalidad, vale decir, en sus luces y en sus sombras.

En esta conversación me gustaría compartir algunos datos que ya, en tu poder, pudieran hacerte pensar que no solo son sombras y pecados los que oscurecen nuestra Iglesia, sino que, a lo largo de los dos mil años de historia, hay hombres y mujeres comprometidos con la auténtica evangelización.

Paso a relatarte algunos datos a tener en cuenta: La Iglesia Católica es la institución caritativa más grande del planeta; si saliera de África, el 60% de las escuelas serían cerradas. Cuando la epidemia del SIDA estalló en los Estados Unidos y las autoridades no sabían qué hacer, las religiosas de la Iglesia Católica fueron invitadas a cuidar de los enfermos, porque nadie quería hacerlo. Así lo hicieron y continúan haciéndolo.

En Brasil, hasta el año 1950, cuando no existía ninguna política de salud pública, eran las Casas de la Caridad de la Iglesia las que cuidaban de las personas que no tenían recursos para que se atiendan en un hospital.

Cuando era niño, recuerdo que el llamado Hospital Provincial de León, y por muchos años el único, era regentado por unas religiosas, quienes me llamaban mucho la atención porque sobre sus cabezas tenían algo que jamás podré olvidar, por supuesto que era parte de su hábito y se llama la “toca” o “cofia”. A este hospital iban las personas que podían abonar una mínima cantidad por los cuidados médicos.

Te podría hablar del mundo entero, pero quedémonos en América para decirte que hay 1,900 hospitales; 5,400 dispensarios; 50 leprosorios; 3,700 asilos; 2,500 orfanatos; 4,200 jardines de infancia.

No pienses que me he olvidado del mandato de Jesús, cuando nos dice: “Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha”, llevándonos claramente a la necesidad de no andar por las calles y plazas diciendo lo bueno que somos. No es esa mi intención con lo que acabas de leer, simplemente es para poder equilibrar la balanza de la vida y entender que, como comunidad de la iglesia, la que conformamos todos los bautizados, debemos iluminar nuestras sombras con la caridad.

San Pablo nos dice, hablando de la fe, la esperanza y la caridad: La más importante de estas tres es la CARIDAD, o sea el AMOR.

“El envidioso inventa el rumor, el chismoso lo difunde y el idiota se lo cree”

Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe

Amar y perdonar

Amar y perdonar

Hola… Estamos en el tiempo de Cuaresma; por lo tanto, este es un tiempo propicio para la Conversión.

Unas cuadras más adelante se encontrarán con Mons. José Luis Del Palacio, Obispo del Callao; aunque si comienzan a observar el periódico por la parte de atrás, como lo solemos hacer muchos, a él lo hallarán primero y si siguen de frente me ubicarán. Desde ya, les digo que ambos intentaremos complementar el bello mensaje de este Domingo de Cuaresma que leeremos a través de la Liturgia de la Palabra.

Hace unos domingos les contaba la historia de un hombre que vivió en Sudáfrica y que por muchos años cuidó con esmero y cariño a una manada de elefantes. Retirado de su trabajo, muere a los pocos meses. Lo que sabemos es que estos elefantes, sin que ningún humano les avisara, se enrumbaron a donde murió su cuidador y por dos días, las cuarenta y ocho horas y en fila india, más de treinta de ellos homenajearon a su guardián dando vueltas alrededor de su casa, a pesar de que quedaba a treinta kilómetros de la reserva de los elefantes. ¿Cómo sucedió? No lo sabemos. De igual forma, te comentaba cómo en Argentina un perrito, a los dos días de la muerte de su dueño, se apareció ante la tumba de este sin moverse de allí. Todo esto, que parece fantasía, es real en el mundo de los animales, pero puede llegar a ser mucho más bello en el mundo de los humanos.

El Evangelio de este domingo nos habla de una higuera que, estando seca, le dijeron a Jesús: -Mejor la cortamos y la echamos al fuego. Jesús les respondió: -No, mejor remuevan la tierra y esperemos un año más para que dé fruto.

Si somos capaces en este tiempo de Cuaresma y Conversión remover estas tierras de circunstancias que, a muchos de nosotros, se nos ha venido encima haciéndonos perder lo más bello que tenemos los seres humanos: AMAR y PERDONAR; y, de manera muy especial, no solo al que creemos que se lo merece, sino a aquel que pensamos que no se lo merece, porque allí está nuestra grandeza humana.

Espectaculares son las historias que conocemos del mundo animal, pero divinos son aquellos gestos de seres humanos que, huyendo de sus prejuicios, han sabido llegar a lo más profundo de sus corazones y encontrar en ellos la capacidad de que, sin perder la humanidad, podemos actuar como Jesús lo hizo, dándole a los demás una nueva oportunidad.

“El envidioso inventa el rumor, el chismoso lo difunde y el idiota se lo cree”

Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe

¿Cómo actuar con prudencia?

¿Cómo actuar con prudencia?

Hola… El próximo martes 19, la Iglesia, en su liturgia, honra la memoria de una persona que, en nuestra historia de salvación, no habló ni una sola palabra; lo que se refiere a que, leyendo el Nuevo Testamento, desde el primer evangelio hasta el apocalipsis, de José no conocemos ni una expresión; sin embargo, ese hombre de pocas palabras contribuyó a que se diera en la historia de la humanidad el Plan Salvífico de Dios.

Por si hubiese algún despistado, que a veces somos varios, les contaré que José es el esposo de María y padre putativo de Jesús. Según la tradición judía se configuraban las parejas, normalmente, en base a los criterios de los papás de ambos y por un cierto tiempo la pareja no vivía junta, siendo este el caso de José y María.

Por obra y gracia del Espíritu Santo, María queda embarazada de Jesús y, naturalmente, se lo comenta a José. Fue un choque fuertísimo al conocer la noticia; no obstante, cuán grande es el mensaje de José cuando en su prudencia supo mantener la calma, tomarse un tiempo de reflexión y escuchar a Dios.

Hoy me pregunto, en los tiempos de la rapidísima comunicación, como puede ser el Skype, Whatsapp, Instagram, Facebook…, ¿qué hubiera sucedido si José, dos mil años atrás, los tuviese a mano? Sinceramente, pienso que hubiese procedido como actuó en aquel momento: PRUDENTEMENTE. Y es que la prudencia nos remite a un campo mental que nos da la tranquilidad necesaria para que, a la hora de juzgar y actuar, tengamos todo el conjunto de elementos que son impostergables para hacer bien las cosas.

Pareciera que hoy en día, valga la metáfora, pensamos más en la adrenalina de saltar de un avión a tierra, que preguntarnos primero si tenemos puesto el paracaídas. Me da la impresión que muchos de nosotros vivimos la aventura de la vida olvidándonos de los principios básicos: la prudencia, la reflexión y, si me apuras un poco, para mí, esta es una palabra clave: la conveniencia. Podríamos decirlo de otra manera, pero con el mismo significado, si es que somos capaces de buscar los tiempos y los espacios apropiados para decir nuestra verdad.

Deberíamos mirar un poquito más la figura de SAN JOSÉ y aprender de él cómo la PRUDENCIA lo llevó a la reflexión y la reflexión a la trascendencia.

La Biblia dice: «el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, descendiente de David, no tengas miedo de llevarte a María, tu esposa, a tu casa; que está esperando por obra del Espíritu Santo; tú eres el que pondrás el nombre al hijo que dará a luz. Y lo llamarás Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». Mateo 1, 20-21.

“El envidioso inventa el rumor, el chismoso lo difunde y el idiota se lo cree”

Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe

 

El amor más puro

El amor más puro

Hola… El día de hoy daremos un viaje imaginario a Sudáfrica y si nos queda tiempo, regresaremos a nuestra querida América para conocer una linda historia que sucedió el año pasado en la ciudad de Rosario – Argentina.En África nos encontramos en una reserva de elefantes que, por muchos años, cuidó Lawrence Anthony. A esta reserva llegaban elefantes heridos, enfermos, maltrechos… y con mucho amor y paciencia, nuestro querido amigo Lawrence Anthony los cuidaba dándoles toda clase de mimos y cariños, por lo que ellos retribuían su afectuosidad con él.

En la ancianidad, Lawrence se retiró de la reserva a una casita muy bonita que se encontraba a unos treinta kilómetros de este lugar, donde pasó sus últimos días hasta que le sobrevino la muerte… y, en la reserva de los elefantes, algo maravilloso e increíble sucedió ese día: Uno a uno y, por un número de treinta, formaron una fila india dirigiéndose hacia la casa de Lawrence. Reitero, “motu propio”, sin que nadie les dijera nada ni los cuidara los dos días de camino que demoraron en llegar al hogar de Lawrence, sin detenerse, sin beber agua, sin comer absolutamente nada… Ya, en el lugar, dieron vueltas y vueltas alrededor de la casa. Cumplido este ritual se regresaron a la reserva donde vivían.

No tengo mayor comentario a esta historia, que lo mismo que me asombro ante una obra de arte, ante un invento maravilloso del ser humano, ante el heroísmo de alguien que salva a otra u otras personas, de igual manera, al conocer estas noticias, me siento feliz de haber nacido en este planeta.

Volaremos a Rosario – Argentina para conocer la historia de un perrito ovejero que, por años, estuvo en la casa de un Doctor, Abogado él. Muere este, el perrito desaparece y después de haber velado al difunto y ser enterrado en el cementerio de la ciudad, pasado cuatro días, la familia del Doctor recibe una llamada desde el campo santo y le comunican que, sobre la tumba del Abogado había un perro. Inmediatamente, la familia acudió a dicho lugar y se dieron con la sorpresa de que era el perrito del Doctor.

Cabe decir que el Doctor nunca llevó a su perrito al cementerio y, por obvias razones, nunca le enseñaron su tumba. ¿Qué fue lo que pasó?
Para el próximo domingo te doy mi explicación.“El envidioso inventa el rumor, el chismoso lo difunde y el idiota se lo cree”

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe

La melodía de Dios

La melodía de Dios

Hola…  Después de algunos meses me encontré con el “Filósofo de la Encalada”, allá, en la banca de toda su vida; al despedirnos prometió visitarme nuevamente al Colegio San Agustín, como lo hizo por años, y cumplió. Hablamos de muchos temas y viendo a los jóvenes corretear por los patios, me contó esta historia:

“Hace muchos años un poblador de la selva escuchó el canto de un jilguero. Jamás en la vida había oído una melodía igual. Quedó enamorado de su belleza y días después salió en busca del pájaro cantor. Encontró a un gorrión y le preguntó: -¿Eres tú el que canta? El gorrión le contestó: -Claro que sí. -Ya pues, canta, le dijo el poblador. El gorrión cantó y lo hizo muy bien, pero el poblador se fue pensando: -No es este el canto que yo escuché. En su caminar se encontró con una perdiz, un loro, un águila, un pavo real… Y todos le dijeron lo mismo, pero ninguno de ellos conectó con su interior donde tenía grabada la música de aquel canto celestial. Cada vez que lo recordaba, sentía que era un canto único y distinto, que jamás podría confundirlo con ningún otro.

Seguía buscando y un día volvió a escuchar aquella melodía; se detuvo, ubicó la dirección, midió la distancia… Se acercó sigiloso como buen conocedor de la zona, parecía que sus pies volaban para no hacer ruido y espantar al pajarito. Y allí lo vio. No necesitó preguntarle si era él. Lo supo desde la primera nota que oyó. Lo miró y volvió feliz a su aldea, había vuelto a escuchar al pájaro de sus sueños”.

 El “Filósofo de la Encalada” me miró fijamente a los ojos y me dijo: -Pablo, tú eres el responsable de estos jóvenes, ayúdales a descubrir a cada uno de ellos LA MELODÍA DE DIOS. Vienen de familias constituidas, pertenecen a una sociedad Milenium y se proyectarán hacia un mundo que tú y yo veremos ya muy ancianos, pero en cualquier tiempo y en cualquier lugar enséñales a escuchar LA MELODÍA DE DIOS.

 Al retirarse el “Filósofo de la Encalada”, pensé en aquella frase que resumía el sentir de un amigo que me dijo: -Por qué será que, aunque pasen los años y aún desde la distancia, uno nunca deja de escuchar el clamor de la sangre. Él es mi padre, ella es mi madre, él es mi hijo…

Dos razones para educar bien: Una, que escuchen el sonido de Dios grabado en sus almas y, la otra, la fuerza de su sangre que da vida a su corazón.

“Un educador no es un simple informador; sino el que señala el camino hacia la sabiduría y la verdad”

Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe 

Mil estrellas por descubrir

Mil estrellas por descubrir

Hola…  Es verdad que hasta octubre del año pasado viví en la Parroquia que tiene el Templo más bello del Perú, una auténtica obra de arte construida por los artesanos de La Encañada – Cajamarca. Me trasladan al Colegio San Agustín de San Isidro, pero coincidiendo en esta semana con una misa que tuve en dicha Parroquia, fui a Monterrico y, para mi agradable sorpresa, terminada la celebración eucarística, alrededor de las nueve de la noche, encontré al Filósofo de La Encalada en una banca de la avenida, pues hacía mucho tiempo que no lo veía. Me dijo: – Pablo, mira la luna. -Sí la he visto, es inmensa, le respondí -y justo, en ese momento, estaba despejada de nubes, por lo que se podía distinguir con nitidez-. -Me han contado que estás nuevamente en el Colegio San Agustín. -Sí, le contesté, pero nunca podría olvidarme de la Parroquia Nuestra Señora del Consuelo. -¿Tienes tiempo?, me preguntó. –Claro, le dije. Y me contó esta historia:

“Un día se reunieron en un rincón del cielo las estrellas más famosas del firmamento. Allí estaba la Estrella Polar, que contaba con orgullo cómo ayudaba al hombre a fijar el norte de sus caminos y de sus mapas; cuando esta concluyó de hablar, el Sol dijo: -Yo soy el más importante de todos los aquí reunidos, porque sin mí en el planeta tierra no habría vida. Le tocó el turno a una estrella, quien indicó que, gracias a ella, Einstein confirmó su teoría.

Por más de dos horas se sucedieron las estrellas rivalizando en fama y esplendor. Solo una se mantuvo callada todo el tiempo. Poco antes de terminar esta magna reunión, todas la señalaron preguntándole: -¿Y tú quién eres? Ella dijo: -Los hombres no me conocen, ellos aún no me han descubierto; sin embargo, yo también estoy contribuyendo al progreso y bienestar de los hombres de la tierra, pero el hombre es inteligente y como dice San Agustín: «El hombre es un incansable buscador de la verdad» y ha descubierto que todavía hay estrellas que no conoce, por eso continúa estudiando, observando, buscando… y con ello avanza su ciencia siguiendo despierto su interés. Nadie niega el valor de ustedes, pero yo represento el futuro y la necesidad de encontrar algo nuevo, por eso la historia de la humanidad no se detiene”.

“Si no quieres sufrir, no ames… Y si no amas, ¿para qué quieres vivir?”

Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe 

Amar para vivir

Amar para vivir

Hola…  Estando en el mes de febrero y no escribir sobre el amor, sería para mí una falta imperdonable.

            Hace unos días en el silencio de estas noches de verano, aquí en Lima, sentado en mi oficina, observaba a través de los ventanales de esta, el cielo cargado, pareciendo que iba a llover; no obstante, por medio de la imaginación pude traspasarlo y convertirlo en un cielo limpio lleno de estrellas y de sueños, y recordé aquella historia de amor de una pareja que vivió 60 años de casados.

Un día cuando la esposa bajaba las escaleras del segundo piso, resbaló y cayó como consecuencia de un infarto fulminante. El marido la cargó como pudo, la colocó en su auto y cruzó la ciudad sin respetar nada ni a nadie; la vida de su esposa era lo más valioso, pero no logró que se salvara, ya que ella llegó cadáver al hospital.

            Al día siguiente se realizó el sepelio, el hombre apenas habló y solo lloró, su mirada estaba perdida. Ya en casa, siendo de noche, reunido con sus hijos, comenzaron a recordar a su madre. En un momento dado preguntó a uno de sus hijos, que era sacerdote: -¿Dónde puede estar tu madre en este instante? El papá lo escuchó atentamente y cuando su hijo terminó de hablar les dijo: -Vayamos todos juntos al cementerio. -Pero papá, dijeron ellos, son las once de la noche. Y con voz firme les respondió: -Les pido un favor, no discutan con un hombre que ha perdido a su esposa con la que ha vivido 60 años.

            Llegaron al cementerio, fueron ante la tumba y el papá oró de rodillas, se levantó y dijo: -Hijos míos, ella y yo estuvimos unidos en cada crisis, juntos hicimos equipaje cuando nos mudábamos a otras ciudades, compartíamos la alegría de verlos a ustedes terminar sus carreras, llorábamos juntos en los hospitales cuando alguien estaba enfermo, nos apoyábamos en el dolor, nos abrazábamos cada Navidad y siempre nos perdonábamos los errores. Estoy feliz que se haya ido antes, porque ella no hubiera resistido el haberme enterrado y el quedarse sola después de mi partida. La amé y la sigo amando tanto, que no soportaría la idea de que ella tuviera que sobrellevar mi muerte.

            En el mes de febrero, mes del amor, es muy importante que desmitifiquemos los falsos amores y entendamos que “el verdadero amor es entrega y sacrificio”. Y como dice mi padre: El amor lo puede todo.

“Si no quieres sufrir, no ames… Y si no amas, ¿para qué quieres vivir?”

            Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe 

 

Las experiencias marcan las rutas

Las experiencias marcan las rutas

Hola…  Unos amigos vinieron a visitarme e ingresaron a mi oficina del Colegio San Agustín. Cuando llegué al Perú, ellos estudiaban los últimos años de secundaria y los preparé para que reciban el Sacramento de la Confirmación. De esto han pasado casi cuarenta años y, después de mucho tiempo, se juntaron a raíz de lo dispersos que estaban por el mundo debido a sus trabajos; indudablemente, uno de sus propósitos fue recorrer su querido Colegio San Agustín.

            Cuando ellos me conocieron, yo apenas estaba comenzando la base “2”, ahora ya estamos en base “6” y esto nos sirvió, además de caminar por las instalaciones del colegio, para conversar sobre este tema tan importante en la vida de los seres humanos, como es la “experiencia” y cómo era necesario aprender de los errores para no volver a cometerlos.

            Uno de ellos nos contó esta anécdota que, siendo tan simple, es muy aleccionadora: “Dos cazadores alquilaron una avioneta para ir a las montañas donde acostumbraban ir de caza una vez al año. Pasaron dos semanas y el piloto regresa para recoger a los dos pasajeros encontrándose con que ambos habían cazado dos búfalos para llevárselos. El piloto les dijo: -Me van a disculpar, pero con las justas esta avioneta puede llevarnos a los tres; solo sería un búfalo, el otro lo dejarían aquí. Uno de los cazadores le dice al piloto: -El año pasado, con un avión exactamente igual que este, se nos admitió llevar dos búfalos, no entiendo por qué usted no nos lo permite. -Está bien, le dijo el piloto, si ya lo han hecho, hagámoslo nuevamente. El avión despega con los tres hombres y los dos búfalos, pero no pudo ganar altura, se salió de la pista y se estrelló contra unos árboles. Los hombres salieron de la nave con las justas y cuando estaban juntos el uno le dice al otro: -¿Dónde estamos? Y el otro le contesta: -Me parece que nos encontramos a cien metros hacia la izquierda del lugar que nos estrellamos el año pasado”.

            Contada esta historia sencilla, pero significativa, nos damos cuenta que la experiencia en nuestra existencia marca las rutas por las que debemos caminar y nos hace recordar que las leyes de la vida son eternas y Dios las puso para respetarlas. Los cazadores no aprendieron del error ocurrido anteriormente.

“No temas a los enemigos que te atacan. Teme a los amigos que te adulan”
Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe

El abrazo del alma

El abrazo del alma

Hola… Sucedió la semana pasada en el encuentro del Santo Padre con los jóvenes participantes de la JMJ. En un momento dado, Francisco recorría una avenida en la cual había miles de jóvenes expectantes al paso del Papa; todos ellos le tomaban cientos de fotografías; el Papa saludaba y bendecía a los jóvenes. Sin embargo, la foto que estoy viendo en estos instantes muestra a un joven ubicado en la primera fila y sin cámara o celular en sus manos, estas las tiene unidas en actitud de oración; el Papa, al pasar junto a él, se detiene unos segundos, mira a los ojos del joven y lo bendice.

            Miles de adolescentes tendrán hoy en sus celulares fotos que muestran lo cercano que tuvieron al Santo Padre y la cantidad de fotografías que le tomaron en su caminar por las vías panameñas. No obstante, yo me quedo con la imagen de este joven que, si bien es verdad, en esa ocasión no tomó ninguna foto al Papa, pero estoy seguro que jamás olvidará la mirada y la bendición del Santo Padre porque en ese rato, entre ambos, no se interpuso nada.

            Me viene a la memoria una foto que ha dado la vuelta al mundo y fue tomada en el Mundial de Fútbol, año 1978. Se disputaba la final donde Argentina conseguiría ser Campeón del Mundo. Los miles de fanáticos del fútbol y, de manera muy especial, los argentinos, ante el pitazo final y saber que, a partir de allí y por los próximos años, serían los Campeones del Mundo, no solo fue la alegría de los jugadores, sino de sus seguidores. La foto resalta al portero de la selección argentina apellidado Fillol, quien, terminado el partido, a unos metros de la portería, se hinca de rodillas y con los brazos elevados hacia el cielo da gracias a Dios por el título conseguido, pero además de los cientos de entusiastas que habían saltado al terreno de juego, uno de ellos corre dirigiéndose a Fillol para abrazarlo; nada tendría de raro esta imagen ni sería tan poderosa si no fuera porque a aquel joven le faltaban los dos brazos. A esta foto se le llamó “EL ABRAZO DEL ALMA”.

            Hay momentos en la vida que lo más importante no es aquello con lo que hacemos las cosas, sino cómo las hacemos. En la primera imagen que te relaté queda reflejada en ella y para toda la vida del joven: “LA MIRADA DEL PAPA”. En la segunda: “EL ABRAZO DEL ALMA”.

“Nunca sabe un hombre de lo que es capaz hasta que lo intenta”

Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

P. Pablo Larrán García, O.S.A.
pablo@sanagustin.edu.pe

 

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