Mis valores hasta el final

Mis valores hasta el final

Hola… El día de hoy quiero descifrar el valor de una palabra clave en la definición de un ser humano: ABNEGACIÓN y se refiere a la renuncia voluntaria a los propios deseos, afectos o intereses en beneficio de otras personas; por ejemplo: Una madre que se olvida de ella misma y se sacrifica y vive por sus hijos.

Te cuento esta historia: Cartago estaba en luchas contra Roma y los cartagineses tenían a un romano prisionero llamado Régulo. Cartago quería la paz; por ello tenía que enviar a un hombre para negociar y pensaron en Régulo, a quien, bajo juramento, le exigieron regresar si su misión no tenía éxito, pues debía estar muy emocionado de poder ver nuevamente a su amada Roma. Quedarse en su patria era lo que más deseaba si se concertaba la paz; sin embargo, la paz no llegaba de Roma a Cartago, por lo que Régulo debía regresar a la prisión de Cartago. Su familia, que vivía en Roma, insistía en que se quedase a vivir con ellos porque si regresaba a Cartago era muy probable que lo mataran, ya que su juramento había sido bajo presión.

Escuchen con atención estas palabras que dijo Régulo a su familia: «Bien sé que me esperan tormentos y muerte al regresar. Pero ¡qué cosa más insignificante es todo esto!, comparado con la vergüenza de una acción infame, con las heridas de un alma culpable. Aún, siendo prisionero de los cartagineses, quiero conservar el carácter romano en su santa pureza. He jurado regresar y cumpliré con mi deber. El resto, déjenlo en manos de los dioses». Régulo regresó a Cartago y los cartagineses, después de infringirle grandes tormentos, le dieron muerte.

No es cuestión, desde estas líneas, decir a cada uno de ustedes qué es aquello que debes o no hacer, pero sí me atrevo a expresar, en voz alta, que no podremos construir algo grande en nuestras vidas si no somos capaces de defender «hasta la muerte» nuestros valores y principios.

El carácter, la fidelidad y la abnegación no son negociables, o somos o no somos, porque si la mayoría no llenamos de contenidos con nuestras acciones estos valores y principios, poco podremos esperar de nuestra sociedad, porque cada uno construirá su propio bunker y nunca saldrá ni dejará entrar a nadie en él.

“En tu trabajo eres uno más, en tu hogar eres único”

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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Caminos que nos falta recorrer

Caminos que nos falta recorrer

Hola… En la presente semana, tanto el martes como el miércoles y el viernes, vamos a vivir la santidad de tres personajes importantes de la historia de la iglesia. El martes 27 de agosto tendremos la experiencia de Santa Mónica, mujer africana, quien vivió en el siglo IV de nuestra era cristiana, al igual que San Agustín, su hijo. Más de mil años de la época de Mónica y de Agustín y ya en el Continente Americano nos encontramos con nuestra Santa Limeña, Santa Rosa.

Ni por la distancia en el tiempo ni de lo físico de Europa y América se puede pensar que fueron vidas diferentes, porque a los tres les une “una profunda fe en Dios”.

Por el tiempo y el espacio no me detendré en cada uno de ellos, sino que desde mi perspectiva te indicaré algunas posibilidades que tendremos tú y yo para poder aprender de ellos valores cristianos que, entiendo, nos hace mucha falta en nuestro siglo XXI.

Santa Mónica: Se conocía a sí misma tanto que, desde su confianza en Dios, pudo ser perseverante en la tarea que el cielo le había dado: encauzar las vidas de Patricio, su esposo y de Agustín, su hijo. Podríamos decir que supo estar por encima del desaliento. Patricio, un hombre, digámoslo así: clase “Z”, o mejor en palabras modernas: fue lo peor que le pudo tocar, pero Mónica sabía que contaba con la ayuda del Señor y logró convertirlo al cristianismo.

San Agustín: Un hombre incansable en la búsqueda de la Verdad. Mónica lo supo esperar. Agustín, a su vez, tuvo la grandeza de que, cuando fue tocado por Jesús, no le dio la espalda, sino el corazón.

Santa Rosa de Lima: Una mujer bellísima de cuerpo y alma, marcó para el Perú y América un camino de santidad y de vida abnegada, confiando plenamente en el valor de la oración y logrando su santificación a través de las obras de misericordia que realizó.

Por supuesto que de ellos podríamos escribir todo un periódico; por mi parte, simplemente, quería trazar caminos que cada uno de nosotros, amigos lectores, debemos de recorrer.

No es un pecado imitar cuando logramos con ello hacer de nuestras vidas una copia de los más grandes de nuestra historia de salvación; en este caso Santa Mónica, San Agustín y Santa Rosa de Lima.

Desde aquí les imploramos su bendición, de la misma manera que hacemos de sus vidas un itinerario para nuestras vidas, de perseverancia, de interioridad y de conquistar la belleza del alma, porque “el cuerpo es prestado, el alma es eterna”.

“En tu trabajo eres uno más, en tu hogar eres único”

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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¡Vivamos una fiesta!

¡Vivamos una fiesta!

Hola… El día martes de esta semana me visitó, en el colegio, mi gran amigo el “Filósofo de La Encalada”. Sabía que yo había viajado, al mismo tiempo quería enterarse de las actividades que tendríamos en el plantel durante estas fiestas de nuestro Patrón, San Agustín. Le comenté que el viernes 23 de agosto, a las 7.00 de la noche, en el auditorio, se realizará una puesta en escena para conocer al posible Primer Mártir de la Iglesia Católica en el Perú. Él es un sacerdote agustino que vivió en el Cusco, concretamente en Vilcabamba. El P. Gustavo, agustino, escribió una biografía del P. Diego Ortiz subtitulándola así: “Misionero Fiel”. Con ello, queremos los agustinos que todos nuestros compatriotas conozcamos la vida de este hombre que, siendo fiel al evangelio, lo vivió hasta las últimas consecuencias. Entiendo, me dijo mi amigo el “Filósofo de La Encalada”, que este ejemplo del P. Diego Ortiz no estaría mal que lo tuviéramos en cuenta en nuestras vidas. Mencionó, también, lo siguiente: Siempre procura ponerte algo que convine; por ejemplo: “La cabeza que haga juego con el corazón y las palabras con el respeto y la buena educación”. Justamente, le digo, creo que este es uno de los motivos por lo que los agustinos queremos propalar la vida de este hombre, Diego Ortiz; lo resumiste perfectamente en la frase que me acabas de indicar. Ser consecuentes con lo que pensamos, poner en cada acción nuestro corazón y evitar en la medida de lo posible herir la susceptibilidad de los demás.

Además, comuniqué a mi amigo que, el sábado 24, en las instalaciones del colegio, durante todo el día, estaremos celebrando la “Fiesta de San Agustín”; una festividad para todas las edades. Nunca antes habíamos tenido esta experiencia, pero escuchando las palabras del Papa Francisco: “¡Hagan lío!”, sentimos que vivir el evangelio es vivir una fiesta; por ello, amigo lector, estás invitado a ella. Mi amigo, el “Filósofo de La Encalada”, se dio por aludido y me dijo que de ninguna manera me iba a fallar ni el viernes ni el sábado.

Es verdad que 1,600 años son muchos para poder pensar que una persona que viviera en esa época, pueda enseñarnos algo a la humanidad del siglo XXI; sin embargo, puedo decir que cada día que pasa entiendo que “las estrellas, no porque tengan millones de años han dejado de brillar”. De igual modo, los grandes hombres de la historia siguen brillando en nuestro presente.

“En tu trabajo eres uno más, en tu hogar eres único”

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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Buscando soluciones en nuestro interior

Buscando soluciones en nuestro interior

Hola… Desde mi oficina, en el colegio San Agustín, observo a los jóvenes de la secundaria recorrer los patios que los conduce a sus respectivos salones y de estos estudiantes, algunos ya buscando el fin de año o el fin de su estadía en nuestras aulas.

Me puse a pensar en aquella historia que relata la vida y milagro de un sabio a quien su familia valoraba muchísimo por sus consejos, desde luego, todos ellos muy acertados. Lo que en principio fue su familia, posteriormente iban añadiéndose sus vecinos y su fama se extendió por todo el pueblo, e incluso la comarca y el reino en el que vivía fueron partícipes de su sabiduría. En un momento dado, el sabio notó que había varios que se acercaban prácticamente todas las semanas; a la vez, éstos le contaban los mismos problemas a los que él daba soluciones y se dio cuenta de que, en el fondo, lo que él les decía no lo ponían en práctica y volvían, como se dice, a las mismas “andadas”.

Un día el sabio, pensándolo bien, llamó a este grupo de “asiduos” a su casa y cuando estaban reunidos comenzó a contarles un chiste tan divertido, que todos los presentes se mataban de risa. El sabio no se inmutó y volvió a contar el mismo chiste por segunda vez; aún así, la mayoría seguía matándose de risa. Pero, claro, pasadas tres horas y habiendo contado el chiste no menos de cuarenta veces, vio la cara de desesperación de todos ellos y es allí que el sabio les dijo esta frase: “Por qué no pueden reírse varias veces del mismo chiste, pero sí pueden llorar mil veces por el mismo problema”.

Te escribo estas líneas en esta fría mañana de agosto, viendo pasar a los jóvenes de este colegio y pensando en ellos y en cada uno de ustedes, puedo preguntarme y preguntarles cuántas veces a nuestros problemas, que suelen ser siempre los mismos, le hemos buscado soluciones y nos han dado la respuesta correcta; pero muchos no hemos reaccionado con actos concretos que no están en los demás, sino en cada uno de nosotros.

Si me permites, te diré que en la mesa están servidos los alimentos que son para nuestra nutrición; depende de cada uno de nosotros en tomar aquello que necesitamos. Y tan importante como esto, el “digerirlos”, nos guste o no, esta es una tarea personal e intransferible.

“Si usted quiere que todos estén contentos, no sea un líder, venda helados”

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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El arte de guardar silencio

El arte de guardar silencio

Hola… En aquel lago vivían muchos animales entre los cuales se habían entablado lindas relaciones de amistad. Los gansos sostenían una relación muy cariñosa con una ranita saltarina y cantarina, quien era la alegría del lago. Se conocían muchos años atrás, pero terminado el verano de este año, los gansos dijeron a la ranita que les daba mucha pena tener que despedirse de ella, porque se estaban yendo a otro lugar bastante lejano, en donde las temperaturas son más favorables que en el lugar donde estaban.

No solo la ranita, sino también los gansos se pusieron muy tristes y comenzaron a pensar qué solución dar al problema, o sea cómo podía acompañarles la ranita al nuevo país a donde iban.

-Aprende a volar como nosotros, dijeron los gansos. La ranita lo intentó, pero fue en vano. -Puedes ponerte encima de mí y te llevo, le dijo un ganso. Probaron, pero parecía imposible la misión. La ranita le dijo: -Tengo una idea; recojamos un palo, y cada uno de ustedes se agarra de un lado, yo en medio y con mi boca me sujeto fuertemente. -Es una gran idea, intentemos, dijeron los dos gansos. Y todo resultó magnífico. A los pocos días partieron al lugar lejano, un ganso cogía un trozo del palo a la derecha y el otro por la izquierda, y en medio la ranita se adhirió -con su boca- al palo fuertemente. Iniciado el vuelo, aquello era fantástico. Nunca la ranita había subido a una altura desde la cual podía divisar un mundo diferente al que ella conocía. Pasaron varios pueblos y, por supuesto, la gente se asombraba de lo que veía, incluso en algún pueblo aplaudían la hazaña de la ranita y de los gansos. Pero sucedió algo increíble… En ese trayecto, la muchedumbre había sido comunicada que mirasen al cielo, porque verían volar a dos gansos y a una rana, por lo que todos los habitantes estaban esperando tan grande acontecimiento. Al momento de cruzar un pueblo, les aplaudieron, vitorearon y a uno de los campesinos se le ocurrió la idea de preguntar a los gansos y a la ranita: -¿Quién de ustedes tuvo esta fantástica idea? La ranita, en su orgullo personal, dijo: -La idea fue mía.

Para hablar hay que abrir la boca y cuando lo hizo, no hubo forma de sostenerse en el palo, por lo que para la ranita allí terminó el viaje.

Muchas veces en la vida hay que saber guardar silencio; y como dice el dicho: “El pez por la boca muere”.

“En tu trabajo eres uno más, en tu hogar eres único”

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Un Perú que nace del corazón

Un Perú que nace del corazón

Hola… En este 28 de julio, día de nuestro Perú y quizás, a esta hora de la mañana, descansando en la casa o saliendo a pasear con tu familia, me cabe la inmensa satisfacción de poder hacerte llegar en estas líneas un cariñoso saludo de FIESTAS PATRIAS que, si gustas, podríamos convertir en compromiso para el futuro y gratitud para el pasado.

No cabe duda que solemos ser muy afines al unirnos en los éxitos y triunfos, pero muchas veces nos dispersamos ante las dificultades y el Perú necesita personas unidas que, desde la diversidad, aceptemos los retos de salir hacia adelante, sin menoscabar las ideas y los proyectos de quienes están a nuestro lado.

Sumar es multiplicar, restar es dividir. Alguna vez alguien me dijo que el mayor daño que se le puede hacer a una persona, no viene de las circunstancias externas de uno, sino que está dentro de cada uno; al igual que San Agustín, realizar ese recorrido interior que todos los seres humanos deberíamos hacer para encontrar en nuestros corazones la esencia de nuestras vidas. No cabe pues, el que las circunstancias externas sean para muchos las directrices que marcan nuestras vidas; que son necesarias, no lo dudo y que muchas veces no deberíamos olvidarlas, pero que, de manera muy especial, la primera tarea -no la única, pero sí la más importante- es aquella que descubre lo que vale cada uno de nosotros y cuánto de nuestras capacidades ponemos al servicio de los demás.

No seré quien le diga al Perú dame, sino que le diré al Perú toma de mí aquello que necesitas y así de uno en uno, como granos de arena, formaremos la más bella playa del universo, porque cada uno daremos luz con nuestro color y desde nuestra variedad daremos alegría.

Entiendo que hay proyectos de país muy valorados y muy importantes que surgen de laboratorios humanos muy preparados; sin embargo, me atrevo a pedir este 28 de julio, que hagamos del Proyecto Perú un itinerario que surge y nace del corazón de cada uno de nosotros. Y cuando ponemos lo mejor, el resultado siempre es plenitud.

Si a alguien tenemos que imitar, busquemos en nuestro alrededor aquellas personas que hablen más con el corazón que con la lengua.

A todos: ¡FELIZ 28 DE JULIO!

“En tu trabajo eres uno más, en tu hogar eres único”

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La gratitud en pequeños detalles

La gratitud en pequeños detalles

Hola… Al igual que se escucha decir: “El que siembra vientos recoge tempestades”, también se debe expresar: “Quien siembra gestos de amor, recoge frutos de gratitud”.

Me contaron esta historia con la que se reafirma que en realidad el proceso de la naturaleza se vive en el día a día de cada ser humano. Dice así:

“No había día de la semana que el empleado de una empresa entrara a trabajar y no saludara con cariño y afecto al guardián de la puerta. Lo hacía al ingresar y al salir, siempre con una palabra de ánimo o con una sonrisa de gratitud.

Un día aquel empleado tuvo que visitar a un compañero que estaba en uno de los frigoríficos del camal; lo llamó insistentemente y como no contestaba, él mismo entró al frigorífico sin percatarse que, en un momento dado, por una inesperada corriente de aire se cerró herméticamente la puerta. Aquel hombre quedó paralizado porque en aquel lugar y a esa hora era muy difícil que alguien pasara. No obstante, se puso a gritar, al mismo tiempo que, paulatinamente, iba quedándose congelado.

Su suerte estaba echada; nadie, por lógica, abriría la puerta hasta el día siguiente y si sobrevivía sería un milagro de Dios. Ciertamente, él pensó que los milagros existen y que, de alguna manera, Dios lo podía ayudar.

Y sucedió lo inexplicable, alguien estaba abriendo la puerta de la cámara frigorífica; el hombre estaba aterido de frío, miraba sorprendido a la persona dándose cuenta que era alguien imposible de salvarlo, ya que la función de aquel hombre en la compañía solo consistía en estar en la puerta principal y no la de ingresar al camal.

Ambos, fuera de la cámara frigorífica, fueron a la cocina donde se prepararon un rico café. El empleado preguntó al portero: -¿Por qué me buscaste si no tenías acceso a aquel lugar? El guardián respondió: -Señor, usted es la única persona de esta empresa que me saluda al entrar y al salir, y me extrañó que no lo hiciera al salir; por lo tanto, pensé que estaría dentro de las instalaciones y como no se encontraba en su oficina, lo he buscado en todas partes hasta encontrarlo en la cámara frigorífica”.

No es fácil sacar conclusiones de las anécdotas de la vida; sin embargo, cuando sembramos amabilidad, recogeremos gratitud. No es fácil, tampoco, dar lecciones a nadie, pero tengamos en cuenta que, con pequeños detalles, se puede escribir grandes historias.

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Ser maestro con el corazón

Ser maestro con el corazón

Hola… El domingo pasado, después del Día del Maestro, en homenaje a ellos te comentaba la historia que siempre me contó mi querido amigo, entrañable maestro de maestros, don David Castrad.

Don José Martí escribió algo tan lindo como esto que, a continuación, quiero relatarte: “Educar es depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido; es hacer a cada hombre resumen del mundo viviente hasta el día en que vive; es ponerlo a nivel de su tiempo, con lo que podrá salir a flote sobre él”.

Si bien es verdad que el domingo pasado referíamos la historia y la anécdota del Día del Maestro, esperé hoy para explayarme un poco sobre una tarea que, durante toda mi vida, tanto como en la etapa de alumno como en la etapa de maestro y en estos últimos años como ejecutor de políticas magisteriales y responsable del colegio San Agustín, me lleva a pensar cómo, a lo largo de mi vida, no quedaron en mí aquellos maestros sabios en la cátedra, pero pobres en la cercanía. No quedaron aquellos maestros que ilustraron mi mente, pero se olvidaron de barnizar mi corazón y es que, pasados los años y cuando ya he cumplido más de 60, viendo en el crisol de la vida lo más auténtico de ella, resalta claramente que quienes supieron respetarme y darme lo mejor de ellos, hoy en mi alma tienen un lugar especial y único.

Hace varios domingos, al término de nuestra conversación, te suelo dejar con esta frase: “En tu trabajo eres uno más, en tu hogar eres único”. Sirva esta reflexión para agradecer a cada uno de nuestros Maestros del Perú, que no son uno más en la empresa educativa, sino que son únicos en la misión de engrandecer el alma y, sobre todo, el alma de aquellos que siendo niños han sentido lacerados sus corazones por el abandono físico, moral y afectivo de quienes tuvieron la responsabilidad de amarlos; sin embargo, los abandonaron a su destino.

Es por ello que, después de una semana de la celebración por el Día del Maestro, levanto la bandera de la gratitud por quienes cada día inscriben en el corazón de sus alumnos la palabra AMOR.

A todos los MAESTROS, bendiciones del cielo y protección de nuestra Madre, la Virgen Santísima.

“En tu trabajo eres uno más, en tu hogar eres único”

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El corazón de una comunidad

El corazón de una comunidad

Hola… Como Sacerdote Agustino que soy, una de las experiencias que me identifica es aquella que propuso San Agustín a un grupo de monjes y era “vivir en comunidad”. La comunidad nos enriquece porque, siendo personas diferentes, vivimos bajo el mismo espíritu; por un lado, el Espíritu Santo que nos cobija como comunidad y, por otro lado, el Espíritu Agustiniano que nos marca un itinerario claro y conciso que es la “CARIDAD”, la que entendemos como la expresión del amor, bendecida por Dios y que surge del corazón de cada uno de nosotros.

En mi comunidad hay personas de edad que necesitan de cuidados médicos; o bien por el alzheimer o por lo avanzado de su edad, dependen de alguien. Además, tenemos un agradable grupo de jóvenes que ven en la comunidad agustina un proyecto para sus vidas. Tanto en los ancianos como en los jóvenes, son -para mí- una bendición de Dios por aquellos que, como el apóstol Pablo, han recorrido un camino y alcanzado las metas a las que el Señor les llamó en su juventud y madurez, y que ahora son ejemplos en el atardecer de sus vidas. Asimismo, los jóvenes proyectan la esperanza y el recuerdo de lo que un día fuimos en nuestros años de seminaristas.

Hace unos días, al finalizar el almuerzo, me dirigía a la oficina del colegio y caminando con los jóvenes les indiqué que iba a escribir esta columna. Les dije que me dieran un alcance de aquello que les gustaría escuchar dentro de las necesidades de nuestras vidas y de nuestro mundo. José Luis comentó que hablara a las parejas de lo importante que es el valor de la “FIDELIDAD”. Por un lado, fidelidad a Dios por el don de la vida. Por otro lado, fidelidad a uno mismo para que, a la hora de extraer lo mejor de cada uno y entregárselo al ser amado, sea lo más auténtico y lo más enriquecedor posible.

Ya en la oficina y transcribiendo estas ideas mirando, justamente, la foto que tengo frente a mi escritorio en la que se encuentran mis padres, resumí con nitidez el significado de la palabra “fidelidad” que ellos tuvieron por más de sesenta años de sus vidas. Esta fue la última foto que se tomó mi madre en vida, ya que tres días después, en un mes de junio como este, partía a la Casa del Padre.

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La fiesta del Corpus Christi

La fiesta del Corpus Christi

Hola… A lo largo del año una de las celebraciones litúrgicas que recuerdo con mayor y más entrañable cariño es la celebración del Corpus Christi. En mi pequeño pueblo de la provincia de León, entre montañas y caudalosos ríos, está asentada una población de no más de 200 habitantes, que es donde nací y donde viví mi infancia y adolescencia. Su gente es profundamente religiosa y como tal su religiosidad nace de lo más profundo de su corazón.

La celebración del Corpus Christi comenzaba el miércoles anterior, donde los niños de la escuela íbamos al campo a recoger pequeñas ramas de árboles, gras y flores que, en los meses de mayo o junio, según cayera la Fiesta del Corpus Christi, estaba todo florecido. Ayudados por nuestros padres, teníamos en común la ilusión de saber que el jueves, el pueblo se encontraba engalanado para que la Sagrada Custodia recorriera nuestras calles y todos sintiéramos la bendición del cielo. Al medio día, don Patrocinio -que era el Párroco- vestía sus mejores galas para dar inicio a la Santa Misa, seguida de la procesión haciendo el recorrido por el pueblo. Para esto, las campanas del campanario, tanto antes de comenzar la misa como después de la procesión, no dejaban de tañer alegres y cantarinas. Eran campanas inmensas que se encontraban ubicadas en la cima de una atalaya (que era una torre de gran altura, construida por los romanos, para que los soldados, desde ella, pudieran ver si venían enemigos a robarles el oro que extraían de las médulas que hay en mi pueblo). Siglos después, la atalaya se convirtió en campanario y al lado se construyó el templo de piedra.

Todo este marco histórico y geográfico me lleva a pensar que en mi vida los más grandes momentos vividos siguen siendo imborrables y ellos me han ayudado a vivir mi fe con un mayor compromiso. En el Corpus Christi se celebra la presencia real de Cristo en la Eucaristía, al igual que en cada misa se hace presente a través del pan y del vino a la hora de la consagración, y se recibe en la comunión. No solo está en nuestros corazones, sino que nos comprometemos a llevarlo donde vayamos, con esa luminosidad que viví de niño en la Fiesta del Corpus Christi y con ese respeto sagrado de quienes, teniendo fe, sabemos del gran regalo que Cristo nos dio al quedarse con nosotros.

“Siempre habrá alguien que dude de ti; asegúrate bien que esa persona no seas tú”

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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