Hola… Uno de los mayores regalos que Dios ha puesto en el corazón de la persona es el don de la “SOLIDARIDAD” o, lo que es lo mismo, el don de la “GENEROSIDAD”.

            ‹Un hombre caminaba de una ciudad a otra y por el trayecto vio que algo reluciente salía de una pequeña bolsita, la cual se encontraba al lado de la ruta que él había tomado. Antonio, que así se llamaba el caminante, se agachó, la recogió y grande fue su sorpresa cuando, al abrirla, encontró dentro de ella un precioso diamante. -¿Qué hago con esto? se preguntó. -Me compraré una casa más grande de la que tengo, obsequiaré regalos a mis hijos… Y así, soñando con aquel diamante, llegó al lugar, se instaló en el hotel y puso a buen recaudo la bolsa con el diamante que, al regresar a su ciudad natal, lo vendería y con el monto adquirido obtendría todo lo que soñó.

Al día siguiente se levantó temprano, hizo las diligencias pendientes y a media tarde retornó por el mismo camino que el día anterior había recorrido. Cercano a su destino, se cruzó con un harapiento, quien le dijo: -Veo que usted es un hombre muy feliz, su sonrisa es un claro manifiesto de que las cosas le van muy bien. Antonio le contestó: -Buen hombre, soy la persona más feliz del mundo; además, ayer, en el camino encontré este diamante, con el que compraré otra casa más grande, regalos para mis hijos y muchas otras cosas más. El mendigo le dijo: -Yo ni siquiera tengo una morada donde cobijarme y apenas me alimento con una comida al día. -No se preocupe buen hombre, le dijo Antonio, con lo que tengo soy feliz, tome usted este diamante y compre con él lo que le falta. -No lo puedo recibir, respondió el mendigo, esto es mucho para mí y usted ya tenía previsto en qué gastarlo. -No se hable más, expresó el caminante, tome la bolsa con el diamante y que Dios lo acompañe. Ambos se separaron y a los pocos minutos Antonio escuchó que gritaban: -Buen hombre, buen hombre, espere. Era el mendigo que, acercándose a él, le dijo: -Tome su diamante, quiero que me regale algo más preciado que esto y usted lo tiene. -¡No entiendo!, dijo Antonio. -Sí, le contestó el mendigo, regáleme el don del “DESPRENDIMIENTO”›.

            Dejo aquí la historia y cada uno de nosotros sacará la conclusión más provechosa.

“LA NAVIDAD ES JESÚS”.

            Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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