Hola… Hace unos días el “Filósofo de La Encalada” me visitó, aquí en el Colegio San Agustín. ¡Bienvenido a casa!, le digo, justo nos estamos preparando para dar inicio al presente año escolar. Y él me contestó: -Quiero que le cuentes a tus papás y a tus alumnos esta historia:

“Un hombre, muy intelectual, llegó a un lago para dar una vuelta en una pequeña barca. Cuando se sube en ella, el barquero se expresó con frases gramaticalmente incorrectas. El intelectual corrige al hombre de sus errores y le pregunta: -¿Acaso no has estudiado en la escuela? El barquero le respondió: -No, señor, soy analfabeto. Entonces no sabes matemática, geografía, historia… -No señor, no sé nada de eso, toda mi vida he estado en este lugar y conozco mi trabajo, además con él puedo ayudar a las personas. El intelectual le contestó: -No se ofenda, amigo mío, pero el no haber aprendido esas cosas es como si usted hubiera perdido la mitad de su vida. Pasaron unos minutos y la barca chocó con una rama grande de un árbol y comenzó a tambalearse. El barquero le dijo al señor: -Ahora tendremos que nadar, supongo que usted sabe zambullirse. -No sé nadar, le contestó el hombre. Y el barquero expresó: -Entonces, me temo que usted es quien va a perder la vida, no yo”.

Mi amigo, el Filósofo de La Encalada, me dijo: -Juzgar a los demás no es la mejor tarea del ser humano, no nos sintamos superior al otro, porque la vida nos ha dado tareas diferentes a cada uno de nosotros, pero lo fundamental es saber aprovecharlas y compartirlas con honestidad. Válido es el trabajo intelectual como válido y complementario es el trabajo manual del barquero. Sumemos esfuerzos y desde esa perspectiva seremos capaces de construir un mundo mejor, donde desterremos una vez por todas la soberbia; llenos de humildad vayamos por la vida aprendiendo de los demás y, en la medida de lo posible, enseñando aquello que la vida nos ha regalado y nosotros hemos elaborado con maestría.

El Filósofo de La Encalada se comprometió a venir más seguido a este plantel, porque, para mí, su sabiduría es tan importante que hace que yo, al compartirla con ustedes, esta se pueda multiplicar hasta el infinito.

No nos olvidemos que estamos en el Segundo Domingo de Cuaresma, tiempo de ayuno, oración y limosna.

“Nunca dejes a Dios fuera de tus proyectos, Él es la clave del éxito”.

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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