Hola… No por ser una historia conocida dejará de ser tan necesaria el día de hoy, para reflexionar sobre la esencia de la vida.

«Sucedió hace miles de años en la antigua Grecia, donde un personaje mundialmente conocido, llamado Diógenes y que vivía dentro de un tonel, un día se encontraba sentado en una banca de la calle comiendo un plato de lentejas; era la comida más barata que se podía comprar en Atenas en la época de Diógenes.

Pasó un ministro del emperador que le dijo: -Mi querido amigo, si en la vida aprendieras a ser más sumiso y adular al emperador, no tendrías que comer tantas lentejas.

Ambos se conocían desde muy niños, pero sus caminos fueron distintos a lo largo de sus vidas; sin embargo, no por eso perdieron la amistad que se tenían. Diógenes dejó de comer y le contestó: -¡Ay de ti mi hermano del alma!, si tú aprendieras a comer un poco de lentejas, no tendrías que ser sumiso y adular tanto al emperador».

Es verdad que han pasado miles de años desde que sucedió la anécdota que acabo de contarte, pero hoy en nuestro mundo y en nuestra sociedad continúa ocurriendo exactamente lo mismo que le pasó a Diógenes en la antigua Grecia. Poco o nada hemos cambiado los seres humanos y, al igual que el texto bíblico, somos capaces de canjear un plato de lentejas por nuestra dignidad.

No son estas palabras que buscan enseñarte cuáles son los caminos que debes andar en la vida, ni cuáles son las leyes que rigen tu destino, pero siento que es una bendición de Dios el poder escuchar a veces, sin ningún ánimo de ofensa, a alguien que nos pueda decir la verdad y que nosotros, de una vez por todas, optemos por esta y no por la mentira y la falsedad que, aunque en ocasiones, nos hacen sentir bien todo aquello que menoscabe nuestra dignidad, pero tarde o temprano nos pasará la factura. Muy poco camino recorre el adulador porque alguien le pagará con la misma moneda y esta no es otra que el desprecio y el olvido.

No debemos pasar por la vida ofendiendo a los demás. La auténtica libertad es aquella que surge de la verdad, aunque al decirla “nos condene” a tener que comer solo lentejas.

“Cuando el teléfono estaba atado a un cable, los humanos éramos libres”

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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