Hola… Al igual que se escucha decir: “El que siembra vientos recoge tempestades”, también se debe expresar: “Quien siembra gestos de amor, recoge frutos de gratitud”.

Me contaron esta historia con la que se reafirma que en realidad el proceso de la naturaleza se vive en el día a día de cada ser humano. Dice así:

“No había día de la semana que el empleado de una empresa entrara a trabajar y no saludara con cariño y afecto al guardián de la puerta. Lo hacía al ingresar y al salir, siempre con una palabra de ánimo o con una sonrisa de gratitud.

Un día aquel empleado tuvo que visitar a un compañero que estaba en uno de los frigoríficos del camal; lo llamó insistentemente y como no contestaba, él mismo entró al frigorífico sin percatarse que, en un momento dado, por una inesperada corriente de aire se cerró herméticamente la puerta. Aquel hombre quedó paralizado porque en aquel lugar y a esa hora era muy difícil que alguien pasara. No obstante, se puso a gritar, al mismo tiempo que, paulatinamente, iba quedándose congelado.

Su suerte estaba echada; nadie, por lógica, abriría la puerta hasta el día siguiente y si sobrevivía sería un milagro de Dios. Ciertamente, él pensó que los milagros existen y que, de alguna manera, Dios lo podía ayudar.

Y sucedió lo inexplicable, alguien estaba abriendo la puerta de la cámara frigorífica; el hombre estaba aterido de frío, miraba sorprendido a la persona dándose cuenta que era alguien imposible de salvarlo, ya que la función de aquel hombre en la compañía solo consistía en estar en la puerta principal y no la de ingresar al camal.

Ambos, fuera de la cámara frigorífica, fueron a la cocina donde se prepararon un rico café. El empleado preguntó al portero: -¿Por qué me buscaste si no tenías acceso a aquel lugar? El guardián respondió: -Señor, usted es la única persona de esta empresa que me saluda al entrar y al salir, y me extrañó que no lo hiciera al salir; por lo tanto, pensé que estaría dentro de las instalaciones y como no se encontraba en su oficina, lo he buscado en todas partes hasta encontrarlo en la cámara frigorífica”.

No es fácil sacar conclusiones de las anécdotas de la vida; sin embargo, cuando sembramos amabilidad, recogeremos gratitud. No es fácil, tampoco, dar lecciones a nadie, pero tengamos en cuenta que, con pequeños detalles, se puede escribir grandes historias.

“En tu trabajo eres uno más, en tu hogar eres único”

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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