Hola… El pasado lunes el P. Alejandro Ferreirós nos deleitó con un bello texto, el cual respondía a un cuestionamiento que tienen muchos cristianos sobre el actuar de la iglesia. Le escribió un whatsapp al Apóstol Pablo preguntándole que habiendo fundado las iglesias de Éfeso, Corinto, Tesalónica, Filipo, Colosas y siendo influyente en las de Roma y Jerusalén, sabría si los problemas de hace dos mil años se parecían a los problemas de la iglesia actual.

El Apóstol le contestó en una comunicación basada en textos de sus Cartas y de los Hechos de los Apóstoles. Nos damos cuenta que las primeras comunidades cristianas que estuvieron tan cerca a los Apóstoles, incluido a Pablo, tuvieron exactamente los mismos problemas que tenemos los cristianos del siglo XXI. Los caminos equivocados son aquellos que nos conducen a pensar que la comunidad de personas puede construir algo perfecto. Lo valioso es sentir cómo el valor de la iglesia se basa en buscar la verdad del evangelio en el corazón de cada uno de nosotros. No es cuestión de escuchar a los sabios de este mundo, no dejarán de ser importantes, pero en la iglesia de Cristo hay que buscar lo esencial sin olvidar lo importante que nos ayudará a llegar a lo esencial, o sea que el corazón del hombre esté repleto como aquella frase del Apóstol Pablo: “Ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí” (Gálatas 2, 20) y desde él buscaremos limar asperezas, desecharemos lo malo, haremos nuestro mejor esfuerzo por perseverar y sobre todo esperaremos a Jesús en su segunda venida.

Pienso que nuestra labor principal como cristianos es llenarnos del amor de Cristo en nuestros corazones; digo esto porque el miércoles 22 de julio la iglesia recordó a Santa María Magdalena, la primera Apóstol de Jesús, la primera que vio al Resucitado cuando Jesús le dijo: ¡María!, y ella lo reconoció respondiéndole: ¡Raboni!, que significa Maestro, y Jesús le dio una clara disposición: “Ve y dile a mis hermanos que he resucitado”. Aquí está el secreto del cristianismo: Reconocer con amor a Cristo y anunciárselo a nuestros hermanos.

No quisiera despedirme de ustedes sin elevar una oración al cielo por este Perú nuestro, que celebra sus Fiestas Patrias en esta semana. Es importante llevar al Perú en el corazón, pero, a la vez, hacérselo sentir a nuestros hermanos peruanos que están a nuestro lado.

“Quien no vive para servir, no sirve para vivir”.

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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