Hola… Conversando con un amigo, me sorprendió de él esta frase: “Yo pensaba haber tenido a los padres más malos del mundo”. Lo conocí, de niño, en el San Agustín y sus papás fueron, para mí, excelentes personas.

Mi amigo me dijo: ‹Hace unos días se me acercó una persona sucia, sin zapatos, con la camisa rota y con un fuerte olor a alcohol, me pidió que, por favor, le diera un sol para comer. Saqué de mi bolsillo cinco soles y me dijo: -Muchas gracias, que Dios se lo pague. Le respondí: -Cuídate. Él no me quitaba la vista de encima y me preguntó: -¿No te acuerdas de mí?, hemos estudiado juntos, soy Pedro; ¿recuerdas que me peleaba con todo el mundo? Lo miré bien y le dije: -Claro que sí, Pedro, cómo no me voy a acordar, si cuando estábamos en primaria, en una oportunidad me defendiste de un grandote que quería pegarme. Pedro me comentó: -En la vida me ha pasado de todo, he estado incluso en la cárcel, he consumido drogas, he robado, he tenido tres hijos que no me quieren; tengo que andar mendigando por las calles, por lo menos para no morirme de hambre. Me abrazó y se fue.

De regreso a mi casa meditaba por qué para ambos, teniendo las mismas oportunidades, han sido diferentes nuestros caminos; llegué a una conclusión, lo que pasa es que “yo pensaba haber tenido a los padres más malos del mundo”, porque mientras Pedro tenía libertad para hacer lo que quisiera en la calle, mis papás me ponían un horario y si las cosas no salían bien, me sancionaban.

Cuando Pedro asistía a clase era porque quería; no obstante, mis padres jamás me permitieron faltar un solo día al colegio. Mientras a Pedro le dejaban comer lo que fuera en la calle, inclusive fumar, tomar y contestar mal a sus mayores, en mi caso aprendí a comer de todo en mi hogar, nada de tomar y fumar, ni de decir palabras indebidas o de ofender. Pensé que mis padres no me querían; sin embargo, hoy le doy gracias a Dios porque me criaron con disciplina y con amor, y todas sus enseñanzas las llevo en mi corazón›.

A veces en el presente de los niños se dibuja la realidad del mañana que surge no de la casualidad, sino del trabajo bien hecho.

“Nunca dejes a Dios fuera de tus proyectos, Él es la clave del éxito”.

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

Contáctanos en facebook: Padre Pablo.