Hola… El día más significativo en la liturgia de la iglesia fue ayer: “DOMINGO DE PASCUA”.

Hace muchos años había un pueblo llamado Israel, esclavizado por un imperio conformado por los faraones de Egipto. En verdad, la vida para los esclavos era deprimente y el grito desgarrador de esta gente se dirigía a Dios, increpándole por qué le daba hijos si estos iban a subsistir igual que ellos, en las peores condiciones que puede vivir un ser humano como es la esclavitud. Del pueblo surge un hombre llamado “Moisés”, cuya historia es fascinante porque es el único hebreo que, ante una disposición del faraón de matar a todos los primogénitos, su madre lo acomoda en una canasta embadurnada de barro y pez poniéndola en el río. Luego, estando bañándose la hija del faraón en el Nilo, encuentra esta cesta y recogiendo al niño lo lleva a palacio, donde crece hasta llegar un tiempo en que se va a tierras lejanas… El Señor lo llama para que regrese a Egipto y salve a su pueblo de la esclavitud a la que era sometido, recobrando la libertad y pasando el mar Rojo se adentran en el desierto, camino a la tierra prometida. Los israelitas, hasta hoy, recuerdan esa noche que, con Moisés a la cabeza, fueron liberados del cautiverio.

Muchos siglos después Dios se hace Hombre en Jesús, llamado el “Nazareno”, que vive treinta años con su familia en Nazaret y tres años vive una vida en la que anuncia la “Buena Nueva”, también llamada el “Evangelio”. Y ¿cuál es esta Buena Nueva? Que Dios ha restaurado el corazón del hombre que vive en la esclavitud del pecado para vivir la libertad como hijos suyos. Pero este mensaje no lo predica un filósofo, sino lo dice Dios mismo, hecho Hombre en la figura de Jesucristo. Por ello, el momento de su RESURRECCIÓN, que es lo que estamos celebrando hoy, nos hace a los seres humanos este maravilloso regalo de que la salvación no es una teoría filosófica, sino que es el mismo Dios que, al resucitar a su Hijo Jesús, nos libera a toda la humanidad del pecado y de la muerte.

Estas son circunstancias difíciles, pero no dudemos que cerca está ya nuestra Pascua, del dolor a la alegría y de la angustia a la felicidad plena.

“Nunca dejes a Dios fuera de tus proyectos, Él es la clave del éxito”.

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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