Hola… Hace unos días, cuando llegué a mi casa, encontré sobre la mesa del escritorio una carta, en la cual me agradecían las reflexiones que, a lo largo de los años, esta persona había escuchado, bien en la radio y, por supuesto, en las columnas de mi querido Diario Expreso. Me dejó esta notita que, si yo lo creía conveniente, me dijo, podría publicar; por ello, es preciso que leas aquello que a mí me ha parecido sumamente interesante: “Los siete pecados capitales” escritos, por primera vez, por Mahatma Gandhi y que a continuación paso a relatarte:

            1.-Riqueza sin trabajo. 2.- Placer sin conciencia. 3.- Conocimiento sin carácter.
4.-Negocios sin moral. 5.- Ciencia sin amor a la humanidad. 6.- Religiosidad sin sacrificio.
7.- Política sin principios.

            Lo sentiría, por mi parte, marcarte un itinerario sobre estos siete pecados capitales, y así te lo digo, como una falta de respeto. Te cuento por qué: Es un itinerario muy íntimo y muy personal el que se debe recorrer para que cada uno de estos momentos de reflexión, al término de él, podamos sacar en claro un compromiso formal y real de evitar, en lo posible, que alguno de ellos lograra ser nuestro “caballo de batalla”; espero que no, pero podría darse el caso de que fueran los siete los que necesitamos rectificar en nuestras vidas, para no caer en el vacío de percibir una vida sin sentido donde la riqueza, el placer, el conocimiento, los negocios, la ciencia, la religiosidad y la política fuesen nuestra perdición.

            Que el trabajo sea nuestro rumbo a la hora de conquistar los bienes materiales. Que la conciencia, los valores, los principios y, me atrevería a decirte básicamente, que la responsabilidad deben estar presentes en nuestras relaciones interpersonales. Me parece falso un amor sin responsabilidad, una relación interpersonal donde uno o los dos se desentiendan de las consecuencias; como escuchaba desde niño, esta frase tiene razón de ser y es muy oportuna en los tiempos que vivimos: “A LO HECHO, PECHO”.

            Me permito, y no es porque Mahatma Gandhi lo necesite, acentuar la reflexión pensando cómo una experiencia de Dios que no nos cueste, entendería que es una experiencia vacía de Dios. No podemos, aunque la frase sea fuerte, tener un dios que en poco se diferencia de nuestra mascota, esperando que él esté atento a lo que nosotros le mandemos; a mí no me parece, pero… sería bueno que lo pensemos juntos.

“Jesús salió del sepulcro… para entrar en nuestros corazones”.

            Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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