Hola… Recuerdo de niño los consejos de un anciano, sacerdote agustino, que nos decía: -Nunca se olviden del día en que fueron bautizados. Si bien es verdad éramos aún niños o adolescentes, nunca me motivó el acercarme a la parroquia donde fui bautizado y constatar la fecha exacta de mi bautismo. Siempre he tenido presente aquellas palabras del anciano sacerdote: -“Naciste a través de tus padres para la vida, naciste a través del bautismo para la eternidad… Ser hijos adoptivos de Dios no es cualquier cosa, porque esa filiación divina nos borra el pecado original y nos hace herederos del cielo”.

Pasados los años, el Párroco de un pueblo cercano al mío me invitó a cenar en su casa, que era pequeña, de una sola planta y muy acogedora. Se subían unos escalones y al abrir la puerta principal se encontraba un largo pasillo que distribuía las diferentes estancias de la casa: antesala, despacho, comedor, cocina… Sobre las paredes tenía varias fotos de sus padres, del Papa Francisco, de su pueblo…, pero un cuadro llamativo detuvo mi atención; en él había colocado su partida de bautismo y como vio que lo leía con atención, me dijo: -Pablo, todos los días, al salir de mi casa, siempre miro mi partida de bautismo para sentirme fuerte, sabiendo que soy hijo de Dios y que Él así lo ha decidido al regalarme el Sacramento del Bautismo; a mi regreso, vuelvo a mirarla para preguntarle al Señor si realmente me he comportado como hijo suyo y si he cumplido la tarea que Él me dio, la de ser evangelizador.

En este día que la liturgia de la iglesia nos ofrece reflexionar sobre el “Bautismo de Jesús”, no estaría nada mal que andemos por ese maravilloso camino que Dios nos abrió en nuestro “Bautismo” y que nos hace descubrir cuán grande es el potencial que ha puesto el Señor en nuestros corazones, para poder conquistar nuestros sueños y hacer realidad todos nuestros proyectos.

Por supuesto que, llegando a mi pueblo y sin pensarlo dos veces, me fui a la iglesia y rebuscando los libros del siglo pasado, encontré la fecha de mi Bautismo: 13 de mayo de 1,956.

De lo que acabas de leer, sea motivo para entusiasmarte no solo a conocer el día en que naciste, sino el día en que Dios te adoptó como hijo para la vida eterna.

“Cuando te gusta una flor la cortas; sin embargo, cuando la quieres la riegas”.

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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