Una vida de mentira

Una vida de mentira

Hola… ‹En el bosque, en un lindo palomar, vivían un grupo de palomas que se esforzaban, día a día, para que nada les faltara. Muy cerca de ellas moraban un grupo de lechuzas, entre las cuales había una muy vaga que, al no trabajar, quería vivir a expensas de las demás y, por supuesto, eso no estaba bien. Esta lechuza no tuvo mejor idea que buscar disfrazarse de paloma; se supo pintar y maquillar que parecía una paloma más y volando llegó al palomar. Sentándose a la mesa comía sin trabajar. Pasaron varios días y la dicha no le podía durar mucho tiempo, ya que instalada en el confort se olvidó que sus sonidos son totalmente distintos a los de las palomas. Uno de esos días se puso a ulular, que es el chillido que emiten las lechuzas, y las palomas, al darse cuenta de que tenían a una lechuza con ellas, la comenzaron a picotear hasta que lograron echarla del palomar.

Cabizbaja se fue donde estaban sus hermanas lechuzas, pero ellas también la comenzaron a picotear porque, al verla disfrazada de paloma, no la reconocieron y llegó a esta conclusión: “Si quiero ser aceptada, tendré que ser yo misma y ponerme a trabajar”›.

No necesariamente conozco la estadística de cuántos somos semejantes a esta lechuza embustera y vaga, pero sí es posible que, a muchos de nosotros, se nos pase por la cabeza la viveza para podernos aprovechar de los demás, hasta que, lógicamente, estos se den cuenta y como se dice, “nos saquen más rápido que volando”. Pero el problema no está solo allí, sino que lo vayamos haciendo tantas veces, llegando a perder nuestra identidad y con ello vivamos una vida de mentira y de engaño.

Al tiempo de la fábula que acabas de leer, algo que sí es real y me gustaría compartirlo contigo, se refiere a lo que significa una fiesta tan maravillosa como la que ayer celebramos: “Cristo Rey”. Esta festividad nos lleva a comprender cómo el reinado de Cristo comienza en un pesebre de madera y culmina en una Cruz también de madera. Es por ello que no se habla de un Reino de casualidad, sino de un proceso de amor que va desde la Cuna hasta la Cruz.

Preparándonos para la Navidad, me permito invitarte a visitar, desde la Av. Javier Prado, el nacimiento, el árbol y las luces navideñas que podrás ver en la fachada principal del Colegio San Agustín, indudablemente de manera total durante la noche.

“No busques el momento perfecto, solo busca el momento y hazlo perfecto”.

Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

 Contáctanos en facebook: Padre Pablo.

 

Volvemos a nacer más fuertes

Volvemos a nacer más fuertes

Hola… El año pasado tuve la oportunidad de conocer a una persona increíble. En el viaje que un grupo de peregrinos hicimos por los Santuarios Marianos de Europa, durante cinco días tuvimos la ocasión de conocer Marruecos. En este país nos acompañó un guía llamado Zuzie, quien era “beduino”. Aclaramos que en Marruecos se encuentra parte del Desierto de Sahara y los que viven allí son tribus milenarias a quienes llamamos “beduinos”, cuyo estilo de vida es fascinante. Para ellos su Dios es “Alá”.

            Hoy me referiré a una anécdota que me contó mi amigo el “beduino”, de cómo el esfuerzo humano no nace de las circunstancias, sino del esfuerzo personal y del desarrollo de las potencialidades que Dios puso en nuestras vidas:

            ‹Hace muchos años vivía un “beduino” con un corazón lleno de maldad, que solo estaba para odiar y destruir. Un día llegó a un oasis y vio una palmera chiquita, recién había brotado en la tierra. Desde su maldad no se le ocurrió otra cosa que, intentando romperla, puso sobre ella un pedrusco y posteriormente la pisoteó y se fue. Pasaron los años y este hombre malvado y destructor regresó al oasis; con extrañeza vio que en el lugar que él arruinó, creció una inmensa y bellísima palmera. -¡No puede ser!, se dijo a sí mismo. -Yo destruí esta palmera, ¡no es posible lo que estoy viendo! La palmera no se quedó callada y le dijo: -Te agradezco lo que hiciste por mí, porque me di cuenta que bajo la tierra tengo unas raíces y con ellas busqué agua, con la que me alimenté y desarrollé todo mi potencial, por lo que aquello que destruiste volvió a nacer y ahora que soy fuerte y vigorosa, en la cima puedes ver la piedra que me pusiste›.

            La filosofía “beduina”, como la manera de ver la vida de cualquiera de nosotros, no muchas, sino muchísimas veces pasa por estas experiencias; pensamos que los problemas y las circunstancias adversas son castigos de Dios, o castigos de la vida, o de las personas que nos odian. Lo maravilloso que tenemos los seres humanos es que, si somos capaces de reencontrarnos con nosotros mismos, podemos sentir que la frase del Génesis es verdad: “Y creó Dios al hombre y lo hizo a su imagen y semejanza” (Gen 1, 26).

            La Cruz, castigo de los romanos, es para los cristianos “redención” y “vida”. Lo importante es cómo vivimos y en quién creemos.

“No busques el momento perfecto, solo busca el momento y hazlo perfecto”.

            Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

            Contáctanos en facebook: Padre Pablo.

Buscando la paz

Buscando la paz

Hola… No necesariamente una conversación puede cambiar la vida de un ser humano; sin embargo, cuando esta viene de un amigo y espero que sea nuestro caso, es muy importante tenerla en cuenta.

            ‹Se llamaba Juan, el hombre más poderoso de la ciudad. No era buena persona, tenía un corazón muy duro, de él nunca salió un sentimiento generoso, ni una compasión hacia alguien necesitado, lo suyo era ganar plata y tener poder. En su vida había solo un rayo de amor y este se llamaba Margarita, su única hija. Nunca pensó que un accidente de carretera segaría la vida de su amada hija. Pero así sucedió, su proceder cambió radicalmente, dejó a un lado los negocios, gastó todo su dinero, entró en una vorágine autodestructiva y tocó fondo.

            Buscando la paz, salió de su ciudad, caminó por el campo y allí se encontró con un hombre que estaba con una lampa revolviendo los granos de trigo. -¿Qué hace buen hombre?, le preguntó. -Estoy removiendo los granos de trigo porque no quiero que se pudran. Juan siguió avanzando por el campo y encontró a otro campesino que estaba arando la parcela, a quien también le preguntó: -¿Qué hace? -Remuevo la tierra para poder sembrar en ella semilla, con el agua de la lluvia y con el sol la tierra se hace permeable. Siguió su curso y pasando junto a una viña, en la que un viñador estaba cortando los sarmientos, ante la pregunta, este le responde: -Necesito cortarlos para que el próximo año crezcan fuertes y vigorosos y puedan dar buen fruto.

            Nuestro amigo se fue a un bosque cercano, se recostó sobre un troco de un árbol y pensaba: -¡Dios mío, qué grande eres y cómo a través de la naturaleza he podido darme cuenta que necesitaba remover mi vida como el grano, como la tierra y como el sarmiento, para que, a través de los golpes de la vida, pueda alcanzar madurez, fuerza, gracia y una verdadera paz que inunde todo mi ser!›.

            Al igual que Juan, te invito a remover los escombros de tu vida, si es que los hubiera, y tener clara una idea: Las dificultades de la vida no son para morir, sino para salir airosos y fortalecidos; y mirando al cielo poder decir esta frase: “Cristo y yo, mayoría aplastante”.

“No busques el momento perfecto, solo busca el momento y hazlo perfecto”.

            Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

            Contáctanos en facebook: Padre Pablo.

Una auténtica canción de amor

Una auténtica canción de amor

Hola… Comenzamos el mes de noviembre. La Iglesia nos recuerda hoy que por el “bautismo” hemos sido llamados a la “santidad”. Esa es nuestra identidad: “Hijos de Dios y herederos del cielo”.

            Me contaron esta historia: ‹En una tribu africana la tradición hace que una mujer “ad portas de dar a luz”, con un grupo de amigas se adentran en el bosque y cada día buscan componer una canción que le cantan al no nacido. Compuesta esta canción, el día de su nacimiento se la interpretan, pero no solamente el grupo de las amigas de la madre, sino la comunidad entera. De más está decir que esa canción es fruto de la experiencia vivida por la mamá, con todo el amor y ternura que una madre es capaz.

            Cuando el niño comienza a concurrir a la escuela, como momento importante de su vida, la comunidad le canta la misma canción; de igual forma cuando es adulto, cuando se casa y de manera muy especial cuando está moribundo, para irse de este mundo, familiares y amigos se aproximan para cantarle su canción que lo acompañará hasta la eternidad.

            Algo maravilloso sucede, si por las cosas del azar esta persona cometiese un crimen o un acto social aberrante, la comunidad lo pone en medio de un círculo y no lo juzga, sino que le entona su canción.

            Es natural que cuando somos capaces de tocar la fibra más íntima de un ser humano, aún en sus peores momentos, podemos afirmar que ese ser humano es rescatable. Es la canción que a cada uno le permite reconocerse como único y valioso, es una auténtica canción de amor.

            Ellos dicen: -Cuando reconocemos nuestra propia canción y sabemos nuestra identidad, ya no haremos, jamás, daño a nadie; los demás recuerdan tu belleza cuando te sientes feo, tu integridad cuando estás cegado, tu inocencia cuando te sientes culpable, sobre todo te hacen reconocer tu misión en esta vida cuando estás confundido›.

            Una sociedad que trabaja estos valores en sus miembros, es una sociedad sana a quien no le es difícil recuperar al enfermo.

            Es posible que este modo de ver la vida nos parezca tribal y sin posibilidad de hacerlo realidad hoy en día. ¡Qué pena! digo yo. ¡Cuántas personas trituramos innecesariamente cuando, con amor, podríamos recuperarlas!

            Me temo que nos estamos olvidando de las auténticas esencias de la vida.

“Cuando un huevo se rompe desde fuera es para comerlo,

pero cuando se rompe desde dentro es para dar vida”.

            Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

            Contáctanos en facebook: Padre Pablo.

Preparados para la eternidad

Preparados para la eternidad

Hola… Leemos en el Evangelio: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si al final pierde su alma?” (Mc 8, 36). Cuando San Ignacio de Loyola estaba recuperándose en un hospital por una herida recibida en el campo de batalla y leyó este texto bíblico, cambió radicalmente su vida y fundó la Congregación más universal de la Iglesia: “La Compañía de Jesús”.

            ‹En el bosque se reunieron varios animales y conversaron sobre diferentes asuntos. El zorro comentó que había conocido un viñedo, cuyos racimos de uvas aparentaban ser los más ricos de la comarca, pero este estaba cercado, de tal manera, que era imposible entrar en él y apenas desde fuera se podían ver las uvas.

            Uno de los zorros que estaba en la reunión se interesó en el tema y antes de irse se acercó al zorro informante; le pidió, por favor, la ubicación exacta del viñedo; por supuesto que se la dio y el zorro raudo y veloz se fue a constatar tan maravillosa noticia; de más está decir que le encantaban las uvas. Cuando llegó al viñedo comprobó, realmente, que era imposible ingresar, ya que la valla era enorme y en la primera y segunda vuelta que le dio al inmenso lugar, por ningún lado encontró un sitio para entrar. Sin embargo, en la tercera vuelta pudo ver una pequeña parte que haciendo un poquito de esfuerzo, lograría su objetivo, como que así lo hizo. Ya dentro, fue para él el festín más suculento que se había dado en la vida; comió lo que quiso, descansó, volvió a comer, volvió a descansar y así durante una semana. No queriendo tentar a la suerte decidió salir. Buscó el agujero por el que había entrado, pero… ingresó flaquito y quería salir con bastantes kilos de más, por lo que le era imposible. -¡No me queda otra!, se dijo, tendré que adelgazar para poder salir. Pero le estaba pidiendo demasiado a la vida porque, cuando pensaba en esto, los mastines y el dueño de la viña llegaron al lugar atrapando al zorro y no quiero pensar lo que le sucedió›.

            Al leer estas líneas, en la última semana del mes de octubre, pidámosle al Señor de los Milagros prudencia en nuestras decisiones y no querer “comernos el mundo” cuando no sabemos ni el momento ni la hora en que Dios nos llame. Debemos estar preparados para la eternidad.

“Cuando un huevo se rompe desde fuera es para comerlo,

pero cuando se rompe desde dentro es para dar vida”.

            Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

            Contáctanos en facebook: Padre Pablo.