Hola… A partir de esta semana, y entiendo que escalonadamente, los niños y jóvenes del Perú accederán a sus respectivos colegios para el inicio del año escolar 2020. Les escribo desde una experiencia personal de cuarenta años en el campo educativo; por lo tanto, no leerán a partir de este momento una teoría educativa, sino un alcance personal para que ustedes, queridos padres de familia, puedan sintonizar con lo que yo les comente o mejorarlo en el sentido que cada realidad siempre es más enriquecedora que aquello que es general.

Me encuentro en la oficina del Colegio San Agustín; unas amplias vidrieras configuran la puerta de entrada que da a uno de los patios. Hoy son profesores quienes caminan de un sitio a otro junto a los padres de familia, quienes han venido al colegio para recabar los últimos datos que necesitan para que mañana lunes, todos al unísono podamos escribir una bella historia en el presente año académico. En mi caso, estoy en este colegio hace cuarenta años y he aprendido a amarlo desde una institución que encontré con setenta y cinco años de historia y que ahora, por supuesto, hemos pasado los cien años.

Sentado en mi silla y a través de la mampara de cristal, viendo el movimiento del colegio, me puse a pensar cuán importante es que quienes este año 2020 conformamos este centro de estudios, desde nuestros corazones amemos aquello que hacemos y construyamos un espacio tan íntimo que podamos dar cada día lo mejor de nosotros; no desde los parámetros de la obligación, sino marcando la ruta del amor y al mismo tiempo transitando este camino que, si bien es verdad, va a tener dificultades, pero como dice el apóstol Pablo: “El amor lo puede todo”.

Muchos de ustedes son padres de familia de sus respectivos colegios y les pido con humildad y con firmeza que, desde vuestros hogares, hagan que sus hijos amen a su escuela, no los confronten y menos aún los enfrenten sabiendo que la escuela somos todos y que el regalo más preciado de esta son vuestros hijos. Nunca debemos de crear en ellos una predisposición negativa porque tú y yo, como adultos, podremos solucionarla, al fin y al cabo nosotros no nos estamos formando; sin embargo, el daño que les podríamos causar a ellos a veces es irreparable.

Toma estas palabras con el mismo cariño que te las he escrito y juntos seremos capaces de construir para nuestros niños y adolescentes un año inolvidable en un colegio irrepetible.

“Nunca dejes a Dios fuera de tus proyectos, Él es la clave del éxito”.

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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