Hola… El año pasado tuve la oportunidad de conocer a una persona increíble. En el viaje que un grupo de peregrinos hicimos por los Santuarios Marianos de Europa, durante cinco días tuvimos la ocasión de conocer Marruecos. En este país nos acompañó un guía llamado Zuzie, quien era “beduino”. Aclaramos que en Marruecos se encuentra parte del Desierto de Sahara y los que viven allí son tribus milenarias a quienes llamamos “beduinos”, cuyo estilo de vida es fascinante. Para ellos su Dios es “Alá”.

            Hoy me referiré a una anécdota que me contó mi amigo el “beduino”, de cómo el esfuerzo humano no nace de las circunstancias, sino del esfuerzo personal y del desarrollo de las potencialidades que Dios puso en nuestras vidas:

            ‹Hace muchos años vivía un “beduino” con un corazón lleno de maldad, que solo estaba para odiar y destruir. Un día llegó a un oasis y vio una palmera chiquita, recién había brotado en la tierra. Desde su maldad no se le ocurrió otra cosa que, intentando romperla, puso sobre ella un pedrusco y posteriormente la pisoteó y se fue. Pasaron los años y este hombre malvado y destructor regresó al oasis; con extrañeza vio que en el lugar que él arruinó, creció una inmensa y bellísima palmera. -¡No puede ser!, se dijo a sí mismo. -Yo destruí esta palmera, ¡no es posible lo que estoy viendo! La palmera no se quedó callada y le dijo: -Te agradezco lo que hiciste por mí, porque me di cuenta que bajo la tierra tengo unas raíces y con ellas busqué agua, con la que me alimenté y desarrollé todo mi potencial, por lo que aquello que destruiste volvió a nacer y ahora que soy fuerte y vigorosa, en la cima puedes ver la piedra que me pusiste›.

            La filosofía “beduina”, como la manera de ver la vida de cualquiera de nosotros, no muchas, sino muchísimas veces pasa por estas experiencias; pensamos que los problemas y las circunstancias adversas son castigos de Dios, o castigos de la vida, o de las personas que nos odian. Lo maravilloso que tenemos los seres humanos es que, si somos capaces de reencontrarnos con nosotros mismos, podemos sentir que la frase del Génesis es verdad: “Y creó Dios al hombre y lo hizo a su imagen y semejanza” (Gen 1, 26).

            La Cruz, castigo de los romanos, es para los cristianos “redención” y “vida”. Lo importante es cómo vivimos y en quién creemos.

“No busques el momento perfecto, solo busca el momento y hazlo perfecto”.

            Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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